SIEMPRE MÚSICA


8319180271_0a005fb44d_b

Hola graminoleños.

La familia sigue creciendo poco a poco, gracias a la gran cantidad de relaciones públicas que voy teniendo. Muchas gracias a todos.

Antes de empezar con el tema de hoy quiero contestar a una consulta que me habéis hecho en estos últimos días, acerca de como haceros seguidores del blog.

Si accedéis a él a través del ordenador, en la parte inferior derecha aparece un botón que pone seguir. Simplemente tenéis que pinchar en él e introducir vuestra dirección de correo electrónico. Recibiréis un correo para que confirméis que queréis convertiros en seguidores y ya está. A partir de este momento recibiréis una notificación cada vez que lo actualice.

Si accedéis a través del teléfono móvil es posible que no podáis. Dependiendo del modelo del móvil y del software del mismo, alguno ha podido hacerlo por este medio pero la mayoría no, ya que el famoso botón de seguir no aparece. Espero haber despejado vuestras dudas.

Y metámonos en harina. Mi queridísima amiga Marisa, carabanchelera de pura cepa y malagueña de adopción (un besazo enorme para la sonrisa más maravillosa que conozco), me sugirió el otro día que contara la historia de donde viene mi afición a la música. Es una historia que algunos conocéis, pero quiero compartirla con todos. Así que hoy tiraremos de nostalgia.

Tendría yo siete u ocho años cuando empezó todo. Para los que no me conozcáis os diré que en la actualidad tengo cuarenta y diez, por lo que estamos hablando de los años 70. Mi padre tenía un amigo que era dueño de un bar. Por aquella época se estilaba tener en los bares la típica jukebox que posiblemente los más jóvenes no conozcáis.

14468593544_cabca54bbb_b

Adoraba estas máquinas. Introducías una moneda, seleccionabas con unos botones con números y letras la canción que querías escuchar … y bingo ahí tenías a todo el bar deleitándose con la música elegida.

Pues bien, ese amigo cada cuatro o cinco meses renovaba los discos de la jukebox, y repartía los discos viejos entre sus amistades para que cada uno se quedara con los que quisiera. Así que cada cuatro meses mi padre aparecía en casa con una bolsa llena de vinilos a 45 revoluciones por minuto con el objeto de que fueran elegidos para formar parte de nuestra particular discografía. Para muestra un botón, y recordad que hablamos de la década de los 70. Así que, por ejemplo, podíamos elegir un disco de un británico llamado Daniel Boone (como el vaquero) y cuyo tema más conocido fue este Beautiful Sunday.

Recuerdo que al principio la elección de los discos era misión de mis padres, principalmente mi madre ya que mi progenitor era menos folclórico. Pero poco a poco yo fui teniendo voz y voto hasta prácticamente ser el gran elector de música.

Y no creáis que era tan fácil porque la cosa tenía su miga. Para empezar dependiendo de si mi padre era la primera opción o antes los discos habían pasado por otras amistades del dueño del bar, las canciones que llegaban a casa eran mejores o peores. Esto era como cuando apruebas una oposición y pides destino. Si eres el primero en elegir conseguirás un buen destino, en caso contrario a Buitrago de Lozoya.

Recuerdo con gran cariño esos momentos. Como tras escuchar un disco, daba con una canción que me gustaba y pasaba al montón de los que nos quedábamos. Como el tema del Albert Hammond (el padre del componente del mismo nombre de The Strokes), It Never Rains in Southern California.

Como disfrutaba el fin de semana haciendo la selección. Agarraba un tocadiscos de la época, que todavía está en casa de mi madre, un maletoncio negro, nada de estereo por supuesto, con un brazo que había que colocar manualmente en el disco intentando coger la canción desde el principio. Un tocadiscos de este estilo.

4248114951_462a5b9630_b

Además todo era una aventura. Yo escuchaba uno por uno todos los discos que caían en mis manos. Tanto la cara A como la cara B, porque en alguna ocasión el disco en cuestión se quedaba en casa porque la canción que me gustaba era la que venía en esa cara B. Siempre he sido muy mío.

No es el caso de la canción del grupo Middle Of The Road, muy popular en aquella época, sobre todo con una cancion de título indescifrable como este Chirpy Chirpy Cheep Cheep.

Lamentablemente no siempre se conseguía el objetivo. Los discos venían desordenados y en algunas ocasiones la portada del mismo nada tenía que ver con lo que luego contenía. Cuantas veces me llevaba un alegrón de encontrar esa canción que tanto me gustaba para luego llevarme la decepción al comprobar que el vinilo realmente era una ranchera de Miguel Aceves Mejía o el Échale Guindas al Pavo de Rosa Morena.

Pero pronto pasaba, porque inmediatamente cogía otro disco y esa vez sí, la canción era esa que tantas veces cantaba en mi habitación con una raqueta de tenis a modo de guitarra o con un rotulador como micrófono. Como este auténtico número uno de aquellos años: Son of my father del grupo Chicory Tip.

En otras ocasiones la decepción no era por el contenido sino por el estado del mismo. Pensemos que eran discos que habían sido pinchados una y otra vez en los últimos meses, por lo que era muy habitual que al colocarlos en el tocadiscos me llevara la sorpresa de que estaban rallados.

Así que a limpiarlo con una gamuza hasta casi quitarle los surcos para ver si con un poco de suerte solamente era polvo. Unas veces era así y otras veces había que descartarlo porque no era suciedad precisamente lo que tenía … O no, porque total si esta canción me gustaba tanto que más da que de un par de saltitos al principio ¿no?

Otro de los temas de aquella época, que fue un auténtico bombazo, fue el gran éxito de la banda inglesa The Rubettes. ¿Quién de mi quinta no ha hecho alguna vez el ganso poniendo la voz en falsete del principio de la canción?

Asi que esta es la historia de mi “adicción” a la música. Disfrutaba muchísimo eligiendo estas canciones lo que años después me llevaría a descubrir a los Rolling, los Supertramp, los Pink Floyd y demás grupos que en algún momento aparecerán por aquí.

Y para terminar quiero dejaros una canción que lo explica todo. Es un tema de John Miles que lo tiene todo y que os recomiendo escuchar de principio a fin. Un inicio en plan melódico-vocalista, su parte instrumental con parte de solo de guitarra y con parte orquestral, envolviéndolo todo. Una pequeña sinfonía de algo más de cinco minutos. Su título no podía ser otro: The Music. “Fuiste mi primer y mi último amor”. “Vivir sin música es imposible”. “Eres la solución de todos los problemas”.

Y nada más por hoy. Simplemente desearos a todos un feliz año 2016 y que lo despidáis como Dios manda, es decir, con buena música.

Nos vemos el año que viene (vamos en unos días).

JUAN JOSÉ GOMARIZ

Anuncios

2 pensamientos en “SIEMPRE MÚSICA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s