DAVID BOWIE


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La actualidad manda. Nos ha dejado uno de los grandes entre los grandes. El Camaleón del Rock. Ziggy Stardust. The Thin White Duke. Nos ha dejado el inigualable y único David Bowie, a quien tras año y medio de lucha contra un cáncer de hígado, la muerte le ha sorprendido tan solo tres días después de la publicación de su último trabajo: Blackstar.

Bowie ha sido un artista de los pies a la cabeza evolucionando y reinventándose cada vez que publicaba un nuevo trabajo. Nacido en Brixton (Londres) en el seno de una familia humilde, supo ir siempre por delante de su tiempo y su talento le ha llevado a ser uno de los más grandes del panorama musical mundial.

Mostrando siempre una imagen impactante, original, envolvente. El artista de los ojos de distinto color, uno de los mitos que siempre le han acompañado. Son muchas las versiones que se han dado sobre este tema, pero la verdadera es muy simple. Cuando solamente tenía quince años discutió con un amigo que le propinó un puñetazo que acabó con el anillo de su mano en uno de los ojos de Bowie. Tuvo que ser operado en varias ocasiones y perdió bastante visión en ese ojo. Con motivo de esas operaciones, el ojo dañado mostraba siempre la pupila dilatada y, dependiendo de la luz del entorno, parecía mostrar un color distinto al otro, aunque realmente no era así.

Sus principios fueron los típicos en estos casos. Ingreso en un coro, clases en conservatorio, banda juvenil con los amigos del barrio … Hasta que finalmente decidió probar suerte en el mundo musical. Su primer trabajo, David Bowie, abrazaba el rock psicodélico y, al resultar poco comercial, pasó bastante desapercibido, así como alguno de sus trabajos posteriores.

Consciente de que debía dar un cambio de rumbo a su carrera, sería con la publicación de su tercer trabajo The Man Who Sold The World con el que iniciaría su salto al estrellado. La canción que da título a este disco es ya un clásico de la historia del rock. Un tema a cuyo encanto sucumbiría el mismísimo Kurt Cobain cuando años más tarde realizará junto a Nirvana una maravillosa versión del mismo. Pero nos quedamos con el original.

Eran los principios de los 70 y sería cuando Bowie contraería matrimonio con Angela Barnett, la mujer a la que Mick Jagger dedicaría una de las grandes baladas de los Rolling Stones: Angie.

Pero la figura de David Bowie iba mucho más allá de su música, que ya era bastante. Su imagen y su manera de entender el espectáculo le llevaron a crear un personaje que interpretaba cada vez que se subía al escenario: Ziggy Stardust. Fue su época más ligada al glam rock, con el pelo de color rojo y una imagen andrógina inspirada en Iggy Popo y Lou Reed cada concierto se convertía en una gran obra de teatro.

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Poco a poco el personaje de Ziggy Stardust fue comiéndose a la persona y hubo un momento en el que parecía imposible diferenciar donde acababa Stardust y donde empezaba Bowie. Por este motivo, decidiría trasladarse a Estados Unidos y relanzar desde allí su carrera. Publicaría su trabajo Diamond Dogs del que destaca la canción Rebel Rebel.

Llegaría entonces el momento más oscuro de su carrera. Bowie decidió poner fin a Ziggy Stardust, pero para ello crearía un nuevo personaje: The Thin White Duke. Fueron años en los que su adicción a la cocaina marcaron el camino a seguir. Una adicción que estuvo muy cerca de llevarle a la muerte.

De aquella época es el tema Fame compuesto a medias con otro grande, John Lennon.

Cada vez más consumido por las drogas, el talento de Bowie seguía produciendo discos. Todavía en Estados Unidos publicaría un nuevo trabajo titulado Station To Station, tras lo que decidiría regresar a Europa. De este disco destaca Wild Is The Wind.

El regreso a Europa llevaría a Bowie a protagonizar una de sus mejores etapas. Alejado de la cocaina, no sería su Londres natal el destino elegido. Terminaría en Berlín y sería entonces cuando trabajaría codo con codo con otro de los grandes artistas de la época, Brian Eno. Junto a él crearía la denominada Trilogía de Berlín compuesta por los discos Low, Lodge y, sobre todo, Heroes.

El primero sería Low, que marcaría un auténtico punto de inflexión. De este trabajo destaca la canción Sound And Vision.

El último en aparecer sería Lodge, un disco más conceptual y creado como un todo único. De este trabajo destaca la canción Boys Keep Swinging.

Pero sin lugar a dudas, el disco más importante de la trilogía sería Heroes. Posiblemente sea su mejor disco y, posiblemente, la canción Heroes pueda ser su mejor canción.

Si la década de los 70 fue la del descubrimiento de su talento, la de los 80 iba a ser la de su confirmación total. Para empezar la década, Bowie publicaría su disco Scary Monsters (And Super Creeps) del que se extraería como single una de las canciones más emblemáticas tanto de Bowie como de la historia de la música.

Me refiero al tema Ashes to Ashes, una canción que se convirtió en un auténtico icono del gran Bowie. Una melodía basada en sintetizadores, la voz en falsete del principio y, sobre todo un videoclip con distintos tintes cromáticos en el que aparece vestido de Pierrot y que se convirtió en el videoclip más caro hasta ese momento. Un tema para hacer disfrutar tanto al oído como a la vista.

A continuación llegaría uno de los discos catalogado como de lo mejorcito de la década de los 80. Hablo de Let’s Dance que fue un auténtico éxito en todo el mundo y el disco más vendido de Bowie en nuestro país. Un disco que no tiene deperdicio, pero en el que destacan tres canciones de esas que en cuanto suenan los primeros acordes sabemos inmediatamente de cual se trata.

Como por ejemplo, con la canción que da título al disco.

Para seguir, China Girl.

Y como colofón, Modern Love.

En una línea parecida publicaría sus dos siguientes discos, Tonight y Never Let Me Down, que aunque no cosecharon el mismo éxito si que dejaron algunas canciones para el recuerdo.

Del primero, y con mucho saxo destaca Blue Jean.

Y del segundo, Day In, Day Out.

Y entre todos estos trabajos, todas estas obras de arte, David Bowie tuvo tiempo también para participar en el mundillo del cine. En unas ocasiones aportando su música a bandas sonoras, y en otras atreviéndose a hacer sus pinitos como actor.

Esto sucedería con la película Feliz Navidad Mr. Lawrecen en la que interpreta a un soldado australiano en un campo de concentración japonés en el que sirve todo tipo de tropelías de un Oficial enemigo, interpretado por el compositor Riuichi Sakamoto, que realmente está enamorado de él. Si no la habéis visto os la recomiendo. Grandes los dos.

Evidentemente, su aportación más notable sería poniendo voz a las bandas sonoras de algunas películas. Como muestra dos botones.

A la película protagonizada por Sean Penn titulada El Juego del Halcón, aportaría el tema central. El conocido This Is Not America.

Y haciendo doblete, como actor y como cantante, nos dejó esta preciosa Absolute Beginners, estrenada en España con el Título de Principiantes.

Con la llegada de la década de los 90 todo cambiaría. Bowie afrontaría el único fracaso de su carrera artística. En esta ocasión la genialidad se le escapó de las manos y su proyecto de grupo de heavy metal denominado Thin Machine pasaría sin pena ni gloria.

Un grupo en el que inicialmente Bowie prometió ser uno más y que las decisiones se tomarían entre todos de manera democrática, pero lo cierto es que el ego y el talento del londinense terminaron por pesar como una losa  y tras la publicación de un par de discos sin apenas repercusión y sin temas destacables decidieron dejarlo.

Tras esta decepción decidió tomarse un tiempo de descanso y a partir de ese momento llegarían discos mucho más espaciados que hasta ahora y sin la misma repercusión. Eso sí, auténticas joyas pero con música mucho más personal y sin la promoción, las giras, el espectáculo o las provocaciones de antaño.

Irían llegando nuevos discos como Hours, Heathen … o el que, quien lo iba a decir, se iba a convertir en su auténtico epitafio, Blackstar, un trabajo publicado tan sólo tres días antes de su fallecimiento y del que se publica como primer single la canción Lazarus, que no es otro que el último personaje que ha salido de su mente y del que estaba preparando un musical de forma paralela al nuevo disco.

En fin, este ha sido mi modesto homenaje a uno de los grandes artistas de la historia musical de nuestros tiempos. Por supuesto que faltan muchas canciones y estaréis echando de menos algunas, pero con la prolífica y maravillosa carrera que Bowie ha llevado, siempre quedarán temas por poner.

Y no quiero despedirme sin recordar algunas de las colaboraciones con otros artistas que nos ha dejado. Los grandes se codean con los grandes y son capaces de dejarnos canciones inolvidables.

Como por ejemplo este ritmo con aire de reggae que acaricia nuestros oídos y que daba nombre a uno de sus discos: Tonight. Un dúo mágico con la grandísima Tina Turner.

O la espectacular versión del tema de Martha & The Vandellas, Dancing In the Street, que nos regaló a dúo con el mismísimo Mick Jagger.

Y como broche de oro, ese tema tan espectacular que se marcó con uno de los grupos grandes entre los grandes. Por supuesto hablo del Under Pressure con Queen. Las voces de Bowie y Mercury juntas ¿se puede pedir más?

Y esto ha sido todo por hoy. Hasta muy pronto.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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