BEE GEES – PARTE II (EL ESTRELLATO)


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Hola Graminoleños.

Hoy continuamos la historia que iniciamos el pasado lunes hablando de los Bee Gees, a petición de la Graminoleña Cristina. Agarraos que vienen curvas porque a partir de ahora no vamos a parar de bailar.

Lo dejábamos el otro día justo en el momento en que el trío de hermanos Gib daban un giro total a su carrera. Primero con la aparición de los famosos falsetes de Barry y en segundo lugar dejando atrás sus grandes baladas para dar paso a la música disco. Pues bien, en el año 1977 romperían todos los moldes y batirían todos los records.

Ese año Bee Gees había instalado su taller de operaciones en Estados Unidos, donde empezaban a ser un grupo de masas y estaban preparando la publicación de un nuevo disco para el cual tenían ya grabadas algunas canciones. Lo que no podían imaginarse es que les iba a llegar la propuesta de crear la banda sonora de una de las películas más míticas de la historia del cine musical.

Efectivamente estoy hablando de “Saturday Night Fever”, la película que significaría la presentación en sociedad de John Travolta y que pondría a bailar a la juventud de todo el mundo. Que levante la mano quien no haya bailado en alguna ocasión los temas incluidos en esta banda sonora. Las discotecas no paraban de pinchar las canciones de este disco y Bee Gees se convirtieron en el grupo más popular del momento a nivel mundial.

“Saturday Night Fever” incluiría canciones publicadas en trabajos anteriores del grupo, como “You Should Be Dancing” o “Jive Talkin”, temas de los propios Bee Gees pero interpretados por otros artistas, como “More Than A Woman (Tabares) o “If I Can’t Have You” (Yvonne Ellman), y, por supuesto, auténticos bombazos en forma de nuevas canciones de los hermanos Gibb. Para empezar nos decían que estaban vivendo, y de que manera.

Lo cierto es que tanto la película como el disco se convirtieron en el gran acontecimiento del año y para los hermanos Gibb supuso la satisfacción de darse cuenta de que con el cambio de estilo habían dado en la diana. Los records caían uno tras otro. “Saturday Night Fever” se convirtió en la película más taquillera de la historia, la popularidad de John Travolta no tuvo límites, y el disco también se convertiría en el más vendido de la historia en Estados Unidos, donde el trío era considerado ya como uno de los grupos más grandes del momento.

Además, cada una de las canciones que componían el disco lograba entrar de inmediato en el top ten de las listas de éxito. De hecho, durante varias semanas los tres primeros puestos de estas listas estaban ocupados por esos temas, como sucedería con “Night Fever”, otra de sus canciones emblemáticas.

Como es lógico, el disco estaba lleno de música para bailar, de música para sonar una y otra vez en las discotecas, pero también había tiempo para alguna balada. Desde que cambiaron de estilo, las baladas habían pasado a ser residuales en sus discos, pero lo que estaba claro es que no se les había olvidado hacer música romántica, tranquila y para bailar agarrados. La fiebre del sábado noche daba también para esos momentos más tiernos, para lo que fue compuesto otro de sus temas destacados, “How Deep Is Your Love”.

Después de este éxito estaba claro que repetirlo iba a ser muy complicado, el listón había quedado demasiado alto, pero también es cierto es que con sus siguientes trabajos continuarían por la senda del éxito absoluto. Eso sí, habría una excepción, una pequeña decepción que llegaría justo un año después, en 1978.

Como su primera inmersión en el mundo del cine terminó siendo triunfal, Bee Gees intentarían seguir por esa senda pero con una vuelta de rosca más. Se embarcaron en un ambicioso proyecto que consistía en protagonizar su propia película, compartiendo cartel con Peter Frampton, y con la música de, nada más y nada menos, que de “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” de los Beatles. La pinta era muy buena, pero el resultado no lo sería tanto.

La verdad es que todo fueron problemas. El rodaje fue bastante caótico, la manera de interpretar de los protagonistas no era la mejor y los egos de unos y otros chocaron una y otra vez. Incluso la película estuvo cerca de no llegar a estrenarse porque los hermanos Gibb y el señor Frampton se enfrascaron en batallas legales por salir los primeros en los créditos de la película. Un pequeño borrón sin duda alguna en la trayectoria de los Bee Gees pero que no impediría retornar al camino del éxito con sus siguientes trabajos.

Aquí tenéis el trailer de la espantosa película en la que también participarían Alice Cooper, Aerosmith o Earth Wind & Fire.

Tras este impás, los hermanos Gibb se pusieron manos a la obra con la publicación de un nuevo disco. Tras el descomunal éxito de “Saturday Night Fever” había mucha espectación por saber de lo que serían capaces de hacer y, sobre todo, si iban a poder estar a la misma altura. Ya se sabe las comparaciones son odiosas pero en este caso, además, iban a ser inevitables.

Así las cosas, en el año 1979 llegaría “Spirits Having Flow”, un disco que llegaría también de inmediato al número uno y que confirmaría la buena trayectoria que el trío había emprendido. El sonido seguía siendo eminentemente para bailar y en su interior se incluían dos temas que fueron dos bombazos, dos de sus canciones más recordadas y dos números uno en todo el mundo.

Los estilos de las dos canciones son muy diferentes. Una de ellas eminemente para bailar y la otra un baladón de los buenos. La primera en ser publicada como éxito sería la que nos pondría a bailar: “Tragedy”.

La otra canción, la balada, es de esas canciones que se recuerdan con el paso del tiempo. Además los derechos de las ventas del single fueron cedidos a UNICEF, por lo que su transcendencia sería todavía mayor. La canción en cuestión no es otra que “Too Much Heaven”.

Y llegamos a la mágica década delos 80. El tremendo éxito que habían tenido sus dos últimos trabajos llevaron a los hermanos Gibb a intentar dar otro giro a su trayectoria. La música disco les había encumbrado, pero ellos querían hacer algo distinto pensando que no tendrían ninguna mala repercusión en su popularidad. Estaban bastante equivocados.

En el año 1981 llegaría “Living Eyes”, un trabajo con el que abandonarían el sonido disco que tan buen resultado les había dado, lo que supondría que sus fans se sintieran defraudados y traicionados dando la espalda a este disco, cuyas ventas en Estados Unidos descendieron notablemente.

De cualquier forma el disco incluía buenos temas aunque no se parecían en nada a los hecho hasta ese momento por el trío, pero su calidad era innegable, como sucede con el primer single que se publicaría del mismo, este “He’s A Liar”.

Lo curioso del caso es que este disco que no reeditaría el éxito conseguido por los dos anteriores en Estados Unidos llegaría al número uno aquí, en España. Bee Gees también se había convertido en uno de los grupos de referencia en nuestro país y el tirón que tenían era tan grande que seguirían vendiendo muchísmo aunque cambiaran de estilo, gracias a canciones como la que da título al álbum, “Living Eyes”.

Como era de imaginar, el éxito descomunal que supuso la película y la banda sonora de “Saturaday Night Fever”, llevaría al rodaje de una segunda parte en el año 1983. En esta ocasión los dichos de que segundas partes nunca fueron buenas y que las comparaciones siempre son odiosas se cumplieron a la perfección. “Stayin’ Alive”, que así se tituló la película y que protagonizaría también John Travolta, no alcanzó ni de lejos el éxito ni la trascendencia de la primera parte, pese a lo que fue una de las películas musicales destacadas del año.

Las canciones que formaron parte de su banda sonora tampoco se acercarían lo más mínimo a la calidad y el éxito de la primera parte, aunque “The Woman In You”, el primer single editado de “Stayin’ Alive”, ocupó un lugar destacado en las listas de ventas sin llegar al top 10.

Tras un periodo en el que se lo tomarían con calma dedicándose a sus carreras en solitario y a colaboraciones con otros artistas, de lo que ya hablaré en la tercera entrega que publicaré el próximo lunes, en el año 1987 llegaría el siguiente trabajo de los hermanos Gibb, en el que darían otro cambio más a su sonido con un buen resultado.

El disco llevaría el título de “E.S.P.” y aunque muchos de los nostálgicos de sus tiempos de música disco pensaron que tras “Stayin’ Alive” volvería a ese camino, lo cierto es que nuevamente le dieron un toque radicalmente distinto a lo hecho hasta ese momento. Este disco puede considerarse como el más rockero del trío. Un sonido contundente en el que priman las guitarras y lleno de canciones de poprock.

Cierto es que a nivel de ventas no alcanzaban lo conseguido anteriormente, sobre todo en Estados Unidos donde habían perdio algo de tirón, pero por contra seguían siendo uno de los grupos más seguidos en Europa y sus singles si que llegaban a lo más alto de esas listas. Incluso algunas al número uno como sucedería con este “You Win Again”.

Quiero destacar la canción que da título a este álbum, que es la que más muestra la nueva transformación de su sonido. Un espectacular comienzo acapella en el que las voces, los falsetes y la interpretación de siempre pone los pelos de punta para dar paso a un sonido eminentemente rock. Habían tocado todos los palillos y en todos ellos habían triunfado.

La maquinaria no paraba y muy pronto se pusieron manos a la obra para grabar un nuevo disco. Sin embargo, una desgracia provocaría el retraso de su publicación hasta el año 1989, ya que a principios de 1988 se produciría la muerte del cuarto hermano Gibb, del benjamín, de Andy, que hacía ya unos años había iniciado su propia carrera discográfica con bastante éxito también.

Andy, con 30 años recién cumplidos fallecería de una miocarditis contraída como consecuencia de su adicción al alcohol y la cocaína. Su carrera en solitario se había visto interrumpida precisamente por esos problemas, pero sus tres hermanos habían salido en su ayuda y era inminente el anuncio de que los Bee Gees iban a ser cuatro en lugar de tres. Justo cuando Andy estaba muy cerca de ingresar en la banda de sus hermanos, la desgracia se lo impediría.

No es de extrañar que ese nuevo disco de los Bee Gees, titulado “One”, estuviese marcado por la muerte de su hermano. Las canciones que lo conforman tienen tintes melancólicos y nostálgicos, como por ejemplo con su primer single “Ordinary Lives”.

Además, no podía falta una canción dedicada a su hermano recientemente fallecido. Una canción que sería compuesta tan sólo unas semanas después del suceso. Este maravilloso “Wish You Were Here”.

Las desgracias no abandonarían al grupo a partir de ese momento. En el ambiente se notaba que Bee Gees empezaban a estar de retirada. Seguían siendo uno de los grupos más reconocidos pero ya no tenían el tirón de antes. Además, cada disco que sacaban suponía un pequeño cambio de estilo, dando la impresión de que estaban un poco de vuelta de todo.

Además los problemas de salud empezaron a aparecer entre sus componentes. Barry comenzó a padecer problemas de espalda y sus actuaciones fueron espaciándose cada vez más y Maurice caería en el alcoholismo debiendo ingresar en una clínica de desintoxicación, haciéndose miembro de alcohólicos anónimos.

Pese a todo, en el año 1991 llegaría “High Civilization”, un nuevo disco que recuperaría algo de terreno en Estados Unidos, al adoptar un sonido un tanto más parecido al de su época “disco”, con la introducción de sintetizadores y abandonando el sonido rockero de su anterior trabajo. Sus ventas serían simplemente aceptables y su canción más destacada sería  “Secret Love”.

En el año 1993 llegaría el siguiente trabajo, marcado por las ausencias de Maurice por sus problemas con el alcohol. La grabación tuvo que hacerse por partes. Barry y Robin grababan sus voces y después, cuando Maurice estaba disponible, se añadía la suya.

El título de este disco sería “Size Isn’t Everything” y ciertamente pasaría bastante de puntillas. No dejó demasiados recuerdos y la única canción que tuvo algo de trascendencia sería la balada titulada “For Whom The Bell Tolls”, un tema al más puro estilo Barry Gibb.

Habría que esperar cuatro largos años, hasta el año 1997, para que llegara el siguiente trabajo de los hermanos Gibb y lo cierto es que para aquéllos que habían enterrado ya al trío sería un zasca en toda la boca. Con la vuelta a las baladas, los Bee Gees lo voverían a hacer y publicarían un disco de absoluto éxito en todo el mundo, incluyendo los Estados Unidos, convirtiéndose en su disco más vendido desde “Saturday Night Fever”.

“Still Waters Run Deep” tardaría tres años en ser grabado y sería una especia de reencuentro con el sonido de sus primeros tiempos. Unos Bee Gees más maduros, sin necesidad de hacer nada más que la música que les apetecía y sin presión alguna. Tanto en Europa como en Estados Unidos sería un auténtico éxito, destacando el primer single “Alone”, una preciosa canción que podría haber firmado hasta el mismísimo Bruce Springsteen.

El disco no es nada comercial, pero significó la vuelta a los lugares destacados de las listas de ventas y a estas alturas de la película ero lo que menos les interesaba. Hacía unos años que habían intentado publicar un disco compuesto solamente por baladas, pero la casa discográfica siempre echaría atrás esa propuesta. En esta ocasión no cedieron y les salió un trabajo redondo, con temas como este “Still Waters Run Deep”.

A estas alturas de la película, la casa discográfica les permitía sacar el disco que quisieran y la historia volvería a repetirse en el año 2001 con el que iba a ser, inesperada y desgraciadamente, su último trabajo juntos. Su título “This Is Where I Came In”, un disco para paladear lentamente una y otra vez.

Por primera vez los tres hermanos Gibb compartieron de manera totalmente equitativa el protagonismo en este trabajo. Cada uno de ellos compondría un tercio de las canciones del disco y, también por primera y única vez, cada uno de ellos disfrutaría de cantar una canción en solitario. Además, en mi opinión, la canción que da título al álbum, publicada como single, es la mejor canción de los Bee Gees en muchos años.

Lejos estaban ellos de saber que éste iba a ser su último disco, pero el destino lo querría así. Solamente por escuchar las canciones en la que cada uno de ellos cantaba en solitario, sin el acompañamiento de las voces de sus hermanos merecía la pena. Os dejo las pruebas.

Barry interpretaría “Loose Talk Costs LIves”, con un sonido muy envolvente.

El bueno de Maurice, por fin tendría su protagonismo y por fin descubriríamos su voz en “Man In The Middle”.

Y por último, Robin nos dejaría el que a mi modo de entender es otro de los grandes temas de este disco, “Deja Vu”.

Nadie podía imaginar lo que iba a suceder a continuación. En enero de 2003, Maurice ingresa en un hospital aquejado de una obstrucción intestinal y pocas horas después fallece. Un auténtico mazazo que dejaría a sus dos hermanos hundidos en la más profunda tristeza. Finalmente, el disco en el que repartieron absolutamente todo, iba a convertirse en su epitafio musicalmente hablando.

Desde ese instante, Barry y Robin siempre tuvieron la idea de intentar continuar ellos dos solos, pero lo que estaba claro es que el auténtico nexo de unión del trío era Maurice, por lo que no llegarían nunca a concretar la publicación de un muy esperado nuevo disco de los Bee Gees. De cualquier manera, toda posibilidad de llevar a cabo este proyecto quedaría eliminada cuando en el año 2011 se le diagnosticaría a Robin un cáncer hepático, del que moriría poco más de un año después. Ahora sí, Bee Gees eran historia.

Y hasta aquí llega la historia de la carrera de este gran grupo que fueron los Bee Gees. Bueno toda no llega hasta aquí, porque en la próxima entrada remataremos la faena adentrándonos en el Universo Bee Gees, en el que podremos disfrutar de sus éxitos en solitario, de sus trabajos para otros artistas, de la música del malogrado Andy y de alguna que otra sorpresa. No faltéis porque merece la pena leerla y escucharla.

Y como siempre terminamos con nuestras chicas de “Esencia de Trementina”, que además de pintar y dibujar muy bien tienen un corazón enorme.

Aprovechando que el pasado día 21  fue el Día Mundial del Síndrome de Down, le han dedicado un post precisamente a esas personas que cada día nos enseñan tantas cosas. Nos enseñan a luchar contra viento y marea para superar cada obstáculo utilizando todo su talento y su fuerza, esperando que algún día la sociedad conseguirá ser capaz de ver y de reconocer su gran valía. Hay que agradecer cada una de sus sonrisas y el cariño que regalan sin pedir nada a cambio y felicitarles por todas sus CAPACIDADES que algún día no muy lejano cambiarán el mundo.

Además, como ese mismo día entró la primavera, o debería haber entrado, nos dejan una pintura de flores, muy apropiado para estas fechas siempre y cuando no tengamos alergia al polen, eso sí.

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Esto ha sido todo por hoy. Espero a todos los Graminoleños del mundo en la próxima entrada, el útlimo capítulo dedicado a los Bee Gees.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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