BRUCE SPRINGSTEEN – CAPÍTULO 4 (1999-2006)


Bruce SPRINGSTEEN

Hola Graminoleños.

Hoy se publica la segunda entrada de “La Graminola” del mes de noviembre y, por lo tanto, seguimos con la trayectoria de Bruce Springsteen. Vamos ya con el capítulo cuatro dedicado al Boss que abarca la etapa comprendida entre los años 1999 y 2006, época que puede considerarse la de su resurrección y que comenzaría con una gran y grata sorpresa.

Tras muchos años, demasiados años, separado de la E Street Band, Springsteen anunciaba que volvía a reunir a su banda de siempre para ofrecer diez conciertos en el Madison Square Garden de Nueva York. La noticia sería acogida con un tremendo entusiasmo por parte de sus seguidores que abarrotarían el mítico recinto neoyorquino noche tras noche. Estaba claro que la gente estaba deseosa de volver a verlos juntos.

El público disfrutaría como hacía tiempo que no lo hacía de los temas clásicos de Springsteen tanto en su época dorada con la E Street Band como las versiones “retocadas” de sus últimos trabajos. Además darían a conocer dos canciones inéditas en esa serie de conciertos, una de las cuales vino acompañada de cierta polémica. Todo esto quedaría recogido en un documental y en un cd titulado “Live In New York City.

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Springsteen se encontraba cada vez más involucrado en los problemas sociales que tenían lugar en su país. Por este motivo presentaría en sociedad en su reencuentro con la E Street Band una canción titulada “American Skin (41 shots)”, inspirada en la muerte de un joven de color a manos de la policía. Gran parte de la sociedad norteamericana no estaría de acuerdo con esta crítica, desafortunadamente.

El otro tema que estrenarían sería una canción que bastantes años después formaría parte de uno de los trabajos más recientes de Springsteen “Wrecking Ball”. Me estoy refiriendo a “Land Of Hope Of Dreams”.

Como era de imaginar, la reunión de Springsteen con sus viejos amigos desencadenaría en la publicación de un nuevo disco juntos. Hubo que esperar nada más y nada menos que 18 larguísimos años para que pudiésemos disfrutar de nuevos temas juntos y, como no podía ser de otra manera, el éxito fue espectacular, tanto de crítica como de ventas.

El disco aparecería en el mercado en el año 2002 y llevaría el título de “The Rising”.

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Ni que decir tiene que con este disco Springsteen retomaría la senda del éxito rotundo que había abandonado durante los últimos años, llegando al número uno de inmediato y convirtiéndose en el gran acontecimiento musical del año, con una música contundente y de gran calidad como en los viejos tiempos.

El primer sencillo en pubicarse sería el que da nombre a todo el trabajo y ya en él podía comprobarse que el verdadero Boss estaba de vuelta.

El disco estaba inspirado en la tragedia de los atentados del 11-S en Estados Unidos, mostrando a un Springsteen más centrado que nunca a la hora de componer sus canciones con los temás más candentes y polémicos de la actualidad de su país.

La mayoría de las canciones ya estaban compuestas o cuanto menos bastante avanzadas cuando se produjeron los atentados, pero Springsteen quedó muy impresionado con los testimonios de muchos de los afectados y decidió adaptarlas y retocarlas para la ocasión, como sucedería con otro de los temas destacados del disco, “Lonesome Day”.

El disco está repleto de grandísimas canciones, todas con el nexo común del 11-S. En unos casos recoge el dramatismo de la situación, en otros la barbarie de los fanatismos, en casi todos ellos la tristeza, el drama y el terror ocasionado.

Pero también hay algunos temas para el optimismo, para la superación, para seguir adelante, en los que el Boss intenta mandar un mensaje de esperanza a todos los que le rodean, como sucede en una de las canciones que a mí más me gustan del disco: “Waitin’ On A Sunny Day”.

Casualidad o no, lo cierto es que en el momento en que la E Street Band volvió a ser la banda de acompañamiento de Springsteen en un disco, éste se convertiría en un auténtico acontecimiento y en el disco más vendido del Boss en mucho, muchísimo tiempo. Yo tengo muy claro que no se trata de una casualidad. Más bien diría que se trata del resultado de la fórmula perfecta.

El sonido de “The Rising” suena al puro rock & roll que siempre hicieron juntos. La guitarra de Van Zandt suena como nunca, el saxo de Clemons lo inunda todo y los coros de Scialfa encuentra una complicidad especial con la voz de Springsteen. Un auténtico lujo de disco con canciones como “Let’s Be Friends”, otro tema buscando el lado positivo de las cosas.

La gira fue todo un éxito, como no podía ser de otra manera. El público estaba encantado de volver a ber juntos a Bruce Springsteen & The E Street Band como en los viejos tiempos. El cartel de “no hay entradas” se colocaba en cada uno de sus conciertos y si en Estados Unidos fue todo un éxito en Europa batiría todos los records, agotándose las entradas apenas unas horas después de ponerse a la venta.

España no sería una excepción y los conciertos ofrecidos en Barcelona y en Madrid, concretamente en el estadio “de La Peineta”, fueron un auténtico espectáculo con un rotundo éxito de público y de crítica. Curiosamente, una de las canciones más celebradas en nuestro país no sería de las más destacadas en Estados Unidos, pero para gustos colores. Disfrutemos de “Countin’ On A Miracle”.

Muchos respirarían aliviados con este disco. Estaba claro que la conexión que existía entre Springsteen y sus viejos amigos era total y la que mejores resultados daba. “The Rising” se convirtió en el mejor disco del Boss en muchísimo tiempo, tanto como el que hacía que no grababan juntos, pero, una vez más, otra de sus decisiones iba a pillar a todo el mundo con el pie cambiado.

Todos se imaginaron en aquel momento que tras el éxito de “The Rising”, Springsteen seguiría trabajando y publicando discos con la E Street Band, pero la sorpresa sería monumental cuando entró en el estudio de grabación al terminar la larguísima gira con su banda y lo hizo otra vez en solitario, otra vez prescindiendo de ellos. Se repetía la historia y de manera todavía más sorprendente si cabe.

Así pues, en el año 2005 aparecería en el mercado “Devil & Dust”, su nuevo disco en solitario, acompañado de músicos de estudio de diferentes procedencias y ahondando de nuevo en el folk, aunque con algún arreglo más evolucionado y una instrumentación diferente a la utilizada en “The Ghost Of Tom Joad”.

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En este disco volvemos a encontrarnos a un Springsteen apostando por una música más sencilla en la que es él el que lleva todo el peso. Una nueva vuelta de rosca al folk que tanto le gustaba interpretar, capaz de hacer canciones largas en las que su guitarra, su harmónica y su voz lo llenan todo, como sucede con el tema que da nombre al disco.

Con este disco nos encontramos nuevamente con un Springsteen crítico hacia los que mandan. El disco es un ataque feroz hacia la guerra de Irak y todos los que defendieron y justificaron la invasión de este país tras los atentados del 11-S. A pesar de que parte de la opinión pública no vió con buenos ojos esta postura, el disco fue un rotundo éxito comercial llegando al número uno de las listas de ventas en Estados Unidos y gran parte de los países europeos.

Dado el carácter “minimalista” de este disco, Springsteen ofrecería sus conciertos de presentación de “Devil & Dust” tanto en grandes estadios como en locales de aforo reducido, sabiendo en cada momento que ofrecer al público, pero centrándose casi en exclusiva en las canciones de su nuevo disco, entre las que destaca una de las más críticas con la actualidad de aquel momento: “The Hitter”.

Curiosamente, a pesar de que el disco fue un éxito de ventas, sus conciertos, por primera vez en su carrera, no agotaron sus entradas en la gira de presentación del disco en Estados Unidos, al contrario que en Europa, donde el lleno siempre fue absoluto. La causa se explica por el boicot que recibió por parte de algunas empresas publicitarias que presionaron para que esos conciertos no tuvieran demasiado repercusión, aunque tratándose del Boss eso es totalmente imposible.

El disco es de un estilo continuista con lo ofrecido en “The Ghost Of Tom Joad”, aunque en algunos temas su simplificación viene acompañada de toques orquestales y unos arreglos un tanto más completos, dándole a esos temas un toque especial que el público de sus conciertos sabía apreciar y que los críticos especializados elogiaron hasta la saciedad.

La canción en la que mejor se pueden apreciar estos arreglos orquestales y una mayor complejidad de elaboración de la música con respecto al resto de los temas del disco es la titulada “Black Cowboys”.

Una vez más Springsteen había sorprendido a todo el mundo. Ahora solamente quedaba esperar el momento de la publicación de su siguiente disco para poder comprobar si contaría en él con la E Street Band o continuaría con esa especie de huida hacia adelante en solitario. No habría que esperar mucho para salir de dudas y, una vez más, sorprendería a propios y extraños.

Un año después, en 2006, llegaría el nuevo disco de Springsteen, con una banda de acompañamiento totalmente novedosa y con una música inesperada pero que se convirtió en todo un acontecimiento. La sorpresa fue mayúscula con la publicación de “We Shall Overcome: The Seeger Sessions”.

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Cuando os hablé en el capítulo 3 dedicado a Bruce Springsteen de una de las canciones que se incluía en el disco “Human Touch” titulada “Pony Boy”, os comentaba que era la primera vez que Springsteen interpetaba una canción popular bastante antigua para uno de sus discos, pero que años después repetiría y de que manera. Pues bien ésta es la “repetición” a la que me refería.

El disco está repleto de música popular norteamericana de principios del siglo pasado pero de la buena. El Boss había dado una monumental sorpresa interpretando de manera genial canciones tradicionales del grandísimo Pete Seeger como este “Old Dan Tucker”.

Para entender lo que esta música significa en Estados Unidos hay que conocer la enorme figura de Pete Seeger, un artista admirado e idolatrado en su país donde es considerado toda una institución aún después de su fallecimiento en el año 2014.

Estamos hablando de un músico que se abrió camino en la década de los 50 con canciones que se convertirían con el paso del tiempo en historia de la música norteamerica, pero además de un personaje que podría considerarse de leyenda. Defensor de los derechos humanos y de la igualdad, algo que en aquella época era bastante complicado, sufrió la censura de su música e incluso pasó algunos meses en prisión, lo que le haría todavía más grande.

En los años 70, el movimiento hippy acogería como auténticos himnos algunos de sus temas, como por ejemplo “O Mary Don’t You Weep”, otra de las canciones versionadas por Springsteen.

Las canciones que componen este disco no eran demasiado conocidas en nuestro país y en el resto de Europa, pero eso no impediría que el éxito fuera total, repitiéndose la historia de mejores resultados por estas tierras que por las norteamericanas. Los conciertos que Springsteen ofreció presentando este trabajo fueron un auténtico espectáculo con momentos verdaderamente mágicos y emocionantes.

Personalmente no conocía estas canciones pero quedé inmediatamente atrapado por esas melodías y la forma de interpretarlas del Boss. Bueno, si os soy sincero sí que había una que había escuchado en alguna ocasión y que es la que a mí más me gusta. Una canción ideal para escucharla en una taberna tomando unas pintas con los amigos. Me estoy refiriendo a la emblemática “Pay Me My Money Down”.

Tanto para la grabación del disco como para la posterior gira, Springsteen se rodearía de una serie de músicos especializados en estos menesteres de interpretar música tradicional norteamericana a la que bautizaría como “The Seeger Sessions Band” y la complicidad entre el grupo y el Boss fue espectacular desde el primer momento.

La grabación del disco se realizó en tan sólo tres días y durante la misma el Boss y sus nuevos colaboradores no pararon de improvisar a la hora de interpretar las canciones, lo que les daría un toque especial, algo que se repetiría en sus actuaciones en directo dejándonos momentos tan espectaculares como con “Jacob’s Ladder”, otra de mis preferidas.

Lo que está claro es que con este disco Springsteen sorprendería a propios y a extraños, se daría el capricho de interpretar las canciones que tanto le gustaban, homenajeando a uno de sus artistas favoritos y nos mostraría a un Boss mucho más asentado y en un momento de forma espectacular. Solamente quedaba saber que sorpresa nos iba a traer con el próximo disco y … y para eso habrá que esperar hasta la primera “Graminola” del mes de diciembre con el quinto capítulo dedicado a su carrera. No os impacientéis que entre medias os garantizo muy buena música.

Pero no me quiero despedir sin haceros dos recomendaciones. Hace mucho que no os comento nada de Silvia y Ana, nuestras queridísimas amigas de “Esencia de Trementina”. Desde hace unas semanas han vuelto al estudio y ya van dejando en su blog sus nuevas creaciones. No os doy más pistas, entrad a verlo in situ. Os garantizo que merece la pena. Como de costumbre ahí va su enlace.

https://esenciadetrementina.wordpress.com/

Por otra parte, quiero felicitar a otros de nuestros amigos, el grupo “King & Goliath” que siguen con su progresión musical actuando en directo en algunas fiestas como la que tuvo lugar el pasado 31 de octubre. Aquí os dejo el enlace a su página de Facebook y otra de sus canciones. Un precioso tema titulado “Eternity”.

https://www.facebook.com/kingandgoliath/

Hasta la próxima, Graminoleños

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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