GEORGE HARRISON – PARTE I (1970-1976)


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Hola Graminoleños.

El universo “Beatles” es inmenso y algún día tendrá su lugar en “La Graminola”. Pero lo hará como ellos merecen con muchos, muchos artículos dedicados a uno de los grupos más grandes e influyentes de la historia de la música.

Pero lo cierto es que una vez se separaron demostrarían que había vida después de su carrera juntos. Lo fácil sería empezar por la historia de John Lennon o Paul McCartney, pero he preferido hacerlo por el que siempre estuvo a la sombra de estos dos aunque tenía talento suficiente como para destacar más. Lo que sucede es que él se manejaba mejor así, en un segundo plano, dejando el protagonismo absoluto a Paul y John.

Así pues, hoy empezamos a narrar la carrera en solitario de George Harrison, justo después de la separación de The Beatles, y en la próxima edición de “La Graminola” nos ocuparemos de sus últimos trabajos. Haremos justicia a alguien que merece también un lugar destacado con su carrera en solitario. Así pues arrancamos allá por el año 1970 momento en el que los de Liverpool decidieron continuar cada uno por su camino. Éste es el que seguiriá George.

De todos es sabido que nuestro querido amigo llevaría una filosofía de vida muy particular, que terminaría influyendo en la trayectoria de The Beatles en sus últimos trabajos. Atraido por las tendencias del “Hare Krishna” y fascinado por el Maharishi Mahesh Yogi, se vería “atrapado” por la música trascendental hindú y sería el responsable de introducir en Europa un instrumento hasta entonces muy poco conocido, el sitar.

Por este motivo, no es de extrañar que su primer trabajo en solitario, titulado “All Things Must Pass” y publicado en el año 1970, viniera marcado totalmente por reflexiones religiosas y filosóficas, siguiendo el camino iniciado pocos años atrás.

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El disco sería un tremendo éxito y llegaría de inmediato al número uno de las listas. El mero hecho de ser un trabajo publicado por un ex-Beatle era suficiente garantía para comprarlo, pero lo cierto es que además era un buen disco, para el que se haría acompañar de buenos amigos y grandísimos monstruos de la música como eran Eric Clapton, Billy Preston o el mismísimo Ringo Starr.

Por si fuera poco, el disco contenía una de esas canciones que de inmediato se convierten en el auténtico estandarte de un artista, en uno de sus clásicos y poco menos que un tema de culto. Con una letra inspirada totalmente en connotaciones religiosas, tirando de “Aleluyas” y “Krishnas” por doquier, “My Sweet Lord” puede considerarse como una de las mejores composiciones de los 70 sin ningún lugar a dudas.

Sin embargo, esta canción vendría de la mano del escándalo, ya que George sería acusado de plagio por el grupo “The Chiffons” que le acusaban de haberse inspirado demasiado en su tema “He’s So Fine”, compuesto por Ronnie Mack. A continuación os dejo el “supuesto” tema plagiado y vosotros mismos opináis.

Creo que la prueba es evidente e irrefutable y los jueces que tuvieron que dilucidar sobre el caso parece que no tendrían tampoco ninguna duda y finalmente condenarían al cantante que tendría que indemnizar a las demandantes con la mitad de las ganancias producidas por las ventas de esta canción que, como os podréis imaginar, fueron bastante suculentas.

Pese a este desliz, lo cierto es que el disco es bastante bueno y auguraba un prometedor futuro como solista. Muy pocos confiaban que en solitario pudiera tener una carrera llena de éxitos ya que, una vez más, eran Paul y John los que parecían predestinados para estos menesteres, aunque, como veremos más adelante, incluso dentro de The Beatles, George sería capaz de dejar canciones mágicas.

No sería “My Sweet Lord” el único tema que tendría relevancia en este disco. Como ya os comento, el álbum al completo muestra profundidad y calidad, ofreciendo canciones tan preciosistas como este “What Is Life”.

Si os soy sincero, estamos hablando de este disco como su álbum de debut, aunque no es del todo cierto, ya que mientras formaba parte del cuarteto de Liverpool publicaría dos discos al margen del grupo, aunque son trabajos bastante experimentales y peculiares de los que, sin acabar de renegar de ellos, tampoco presumía por haberlos publicado. Es más, el propio Harrison siempre hablaba de “All Things Must Past” como su primer disco en solitario. De todas maneras os cuento la historia de esos dos álbumes previos.

El primero de ellos aparecería en el mercado en el año 1968 y sería la banda sonora de la película “Wonderwall Music”, protagonizada por Jane Birkin, haciéndose acompañar por músicos europeos e hindúes a partes iguales, dándole ese toque “trascendental” que su vida tenía por aquella época.

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Lo cierto es que Harrison no fue la primera opción para esta banda sonora, ya que la composición de la misma sería ofrecida en primer lugar a The Bee Gees, que declinarían la oferta, cayendo ésta finalmente en las manos y el talento del de Liverpool.

La verdad es que es un disco un tanto difícil de digerir en el que el sonido del sitar lo inunda todo y termina por … por ser un poco cansino, ciertamente. La canción principal de esta banda sonora llevaría el título de “Inner Light”.

El otro disco previo, y si nos centramos en el aspecto cronológico únicamente su segundo trabajo en solitario, llegaría en el año 1969 bajo el título de “Electronic Sound”, y está considerado como una auténtica rareza dentro de su carrera.

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Este disco está integrado por tan sólo dos canciones, de una considerable duración cada una de ellas, con una interpretación únicamente instrumental con mucho sintetizador y que Harrison publicaría aprovechando que por aquella época The Beatles habían creado su famoso sello propio, “Apple Records”. La verdad es que no es más que un pequeño capricho que se daría para estrenar discográfica, simplemente.

Pero volvamos a centrarnos en lo verdaderamente interesante y atrayente, como son los discos que irían viniendo tras su primer álbum así considerado publicado en el año 1970. Habría que esperar tan sólo un año, para que Harrison protagonizara un auténtico hito en la historia de la música.

Por aquella época su amistad y relación artística con el virtuoso del sitar Ravi Shankar les había llevado a colaborar juntos en múltiples ocasiones. De esta manera, en el año 1971 organizarían un concierto cuyos fondos irían destinados a financiar la ayuda para Bangladesh, convirtiéndose este evento en el primer concierto benéfico de la historia de la música que, como no podía se de otra manera, sería debidamente editado en un bonito disco que iba a convertirse en el nuevo trabajo de Harrison.

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Para la ocasión contaría con la colaboración de sus inseparables Ringo Starr o Eric Clapton, además de artistas de la talla de Billy Preston o Bob Dylan. De este concierto se filmaría incluso una película y se convertiría en uno de los acontecimientos más importantes musicalmente hablando de la década de los 70.

Su productividad era bastante grande y durante estos primeros años de carrera en solitario colaboraría con distintos artistas, destacando en mi modesto entender la que protagonizaría con una de las bandas de culto por autonomasia de la música británica como son Badfinger.

Sin lugar a dudas, la canción más destacada y conocida de este grupo es “Day After Dayy cuenta con la inestimable ayuda de Harrison. Una auténtica joya.

Su siguiente disco llegaría en el año 1973 bajo el título de “Living In The Material World” y no sería más que la continuación del camino iniciado con su anterior trabajo de estudio, primero tras la separación de sus tres viejos amigos.

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Si bien es cierto que nos encontramos ante un disco menos elaborado que el anterior, en él Harrison da rienda suelta a su mejor momento como letrista y compositor, continuando inmiscuido en los temas religiosos y en la cultura y música hindú. Una vez más, el sitar y la influencia de Ravi Shankar marcan el sonido del disco.

Eso sí, el control sobre la situación por parte del cantante era total y era consciente de que no todos los paladares estaban hechos para esas melodías tan “culturales”, por lo que entre las canciones que conformaban cada nuevo álbum siempre había buena música al margen de sonidos exóticos que, a la postre eran las que le proporcionaban los grandes éxitos.

De esta forma, conseguiría nuevamente llegar a lo más alto de las listas de éxitos con una canción muy del estilo de “My Sweet Lord que llevaría el título de “Give Me Love (Give Me Peace On Earth) en la línea de cantar al amor, la libertad, la paz y el espíritu, algo muy habitual en su primera etapa como solista.

Pero este disco serviría también para descubrir a un George Harrison capaz de criticar, capaz de ser sarcástico, capaz de pasar factura en la letra de alguna de sus canciones, algo que se haría habitual a partir de ese momento. Su imagen siempre había sido la del chico bueno que jamás dice una palabra más alta que otra, pero a partir de ese instante iba a levantar heridas en algunas ocasiones, aunque nada grave, que nadie se asuste.

Paul McCartney fue realmente el que dio el paso para la separación de The Beatles por sus contínuas diferencias con John Lennon. Lejos de ser una separación amistosa, Paul llevaría incluso a los tribunales el tema instando a que dictaran una resolución por la que el grupo quedaba oficialmente disuelto. Harrison tomaría nota y mostraría su opinión en forma de canción.

Sería con el tema “Sue Me, Sue You Blues”, con la que manifestaría su oposición al espectáculo que su antiguo amigo y compañero estaba montando, mofándose abiertamente del proceso judicial que había iniciado. Con esta canción, además, Harrison demostraría que era un músico versátil y capaz de moverse con facilidad en distintos estilos, ofreciénonos si se tercia la ocasión un buen blues.

Como hemos comprobado a lo largo de los distintos artículos de “La Graminola”, la vida personal y privada de los artistas influye sobremanera a la hora de componer sus canciones y de evolucionar en su música. Harrison no iba a ser una excepción a esta regla y con la publicación en el año 1974 de su nuevo trabajo “Dark Horse” iba a mostrarnos su lado más deprimido y triste.

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El disco viene marcado por su reciente separación matrimonial, que le sumiría en un estado anímico bastante precario. Pattie Boyd había sido hasta ese instante el amor de su vida, pero su relación acabaría traumáticamente ya que ella se enamoraría de otro hombre y decidiría abandonar a George.

Lo más doloroso del caso es que el hombre por el que Pattie abandonaría a George sería el mejor amigo del primero, nada más y nada menos que el mismísimo Eric Clapton. Lo más grandioso del tema es que George nunca guardaría rencor a Eric y su amistad seguiría adelante y sus colaboraciones musicales continuarían siendo bastante habituales.

Como no podía ser de otra forma, el tema principal del disco, el que además le da título abordaría este espinoso asunto.

Posiblemente por ese estado de ánimo, “Dark Horse” se convertiría en el disco más flojo hasta ese momento de toda su carrera. Su éxito sería bastante pobre comparado con sus anteriores discos y las críticas serían feroces, en gran medida por un pequeño escándalo que acontecería a lo largo de su correspondiente gira.

Como músico de apoyo durante la gira y auténtico telonero, Harrison volvería a contar con el indio Ravi Shankar. Lo cierto es que esas introducciones eternas a ritmo de sitar no eran del agrado de todo el mundo y en ocasiones el público mostraba su malestar. Por si fuera poco, durante dicha gira, Harrison se vería aquejado de una fuerte laringitis que le impediría rendir vocalmente como se esperaba, lo que sería la gota que colmaría el vaso a la hora de valorar tanto el disco como su presentación. Ciertamente todo se complicó y salió bastante peor de lo esperado.

En lo meramente musical y artístico, la verdad es que el disco tampoco es nada del otro mundo. Harrison demuestra atravesar un bache personal que repercutiría a la hora de crear su música, siendo pocos los temas que pueden destacarse de este trabajo. Si acaso este “Ding Dong, Ding Dong”.

Lamentablemente, esta crisis de creatividad no acabaría pronto y tendría su continuidad, por lo que su siguiente trabajo, publicado en el año 1975 bajo el título de “Extra Texture (Read All About It)”, reincidiría en ese bache y se iba a converitr en otro auténtico chasco. Las cosas no marchaban nada bien.

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La crisis de identidad que atravesaba le llevarían incluso a perder de alguna manera la fe, ya que este disco era el primero de su carrera en el que no había ni una sola canción dedicada a temas religiosos o espirituales. Estaba claro que, creativamente hablando, estaba sucediendo algo y los cambios que se estaban produciendo no eran los adecuados para progresar adecuadamente en su carrera.

Las críticas hacia este disco fueron feroces y, como suele suceder en estas ocasiones, las inevitables comparaciones con las trayectorias en solitario de John Lennon y su Plastic Ono Band y Paul McCartney y sus Wings, le hacía más mal que bien.

La originalidad de anteriores discos se pierde en esta ocasión y su sonido se sumerge profundamente dentro de las aguas del pop más sencillo y comercial, como puede apreciarse en el primer sencillo en publicarse, de título “You”.

Quizás sí que hay una canción que es digna de ser destacada. Hasta el momento no había sido muy habitual que Harrison publicara baladas romanticonas como sencillos. Siempre se había movido en melodías dulces y con letras cuidadas, pero no con canciones de amor puro y duro. En esta ocasión la cosa cambiaría un poco.

La canción en cuestión, con mucho guitarreo acústico de por medio, lleva el título de “This Guitar (Can’t Keep From Crying)”, y a mí me gusta y me parece una buena composición, posiblemente la mejor de este disco.

Dados los resultados de sus dos últimos trabajos, llegaría el momento de recapitular. Estaba claro que el camino a seguir tenía que ser muy distinto al tomado en los dos últimos años, por lo que Harrison decidiría hacer un receso para recomponer sus ideas y la solución mientras tanto sería la publicación de un disco de grandes éxitos. Un típico tópico.

El disco llevaría el título de “The Best Of George Harrison” y saldría al mercado en el año 1976.

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El disco contiene todos los éxitos cosechados en solitario hasta ese momento aderezados con algunas de las canciones que fueron compuestas por él mismo y convertidas en grandes éxitos durante su carrera con “The Beatles”.

Está claro que el peso de la labor de componer para el grupo la llevaban casi en exclusiva Lennon y McCartney, pero Harrison también fue capaz de proporcionar grandes éxitos, grandes himnos al grupo. Vamos a cerrar la edición de “La Graminola” de hoy con tres de esas composiciones obra de su talento que se han convertido en clásicos de The Beatles.

La primera de ellas data del año 1968 y sería incluida en el disco “The White Album”, llevando el título de “While My Guitar Gently Weeps”. La canción fue compuesta por Harrison tras elegir al azar las dos primeras palabras que encontrara al abrir un libro que no fueron otras que “gently weeps”.

La segunda canción “beatleniana” compuesta por Harrison digna de destacar sería definida por sus compaperos Lennon y McCartney como el mejor tema que su amigo había compuesto para el grupo. De hecho, “Something” está considerada como una de las mejores canciones de toda la trayectoria de The Beatles.

Por cierto, esta canción data del año 1969 y fue incluida en el disco “Abbey Road”.

Para poner el colofón final al artículo de hoy vamos con la canción que Harrison compuso para el grupo que a mí particularmente más me gusta. Sinceramente me parece una grandísima composición.

También del año 1969 y también incluida en “Abbey Road”, Harrison compondría esta canción como un canto a seguir adelante. La crisis en el grupo era evidente, con la reciente creación de su sello propio atravesaban problemas económicos y además él había sido detenido por la policía por tenencia de marihuana. Sin embargo él quería ser optimista porque el sol siempre viene como cuenta en “Here Comes The Sun”.

Y de momento aquí lo dejamos. En la próxima edición de “La Graminola” abordaremos sus últimos años en activo, sus últimos trabajos y una nueva etapa en la que se reinventaría y volvería a la senda del éxito, aunque espaciando mucho cada nuevo disco con el anterior.

Que no falte ningún Graminoleño a la cita. Os espero.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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