GEORGE HARRISON – PARTE II (1976-2001)


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Hola Graminoleños.

Con el artículo de hoy cerramos la narración de la trayectoria de George Harrison, abordando su etapa final que abarca desde el año 1976, momento en el que superaría todas sus depresiones y neuras que le habían llevado a publicar un par de discos bastante discretos, hasta el año 2001, momento de su desgraciada desaparición. Como siempre, os garantizo buena, muy buena música. Allá vamos.

Dejábamos la historia justo en el momento en el que Harrison publicaba un recopilatorio de grandes éxitos en el que incluía, además de sus éxitos de siempre en solitario, sus grandes composiciones para The Beatles. Este disco era una forma de cerrar un capítulo de su carrera, pasar página y abrir el camino hacia un futuro con muchas novedades.

De esta manera, en el año 1976 aparecería en el mercado “Thirty Three & 1/3”, el disco que iba a devolverle al primer plano musical y que vendría acompañado de ciertos problemas y polémicas con su casa discográfica, aunque finalmente la sangre no llegaría al río.

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En este trabajo nos íbamos a encontrar a un George Harrison muy recuperado anímicamente, lo que influiría en la calidad del disco que superaría con creces a la de sus dos trabajos precedentes. Más volcado en su promoción y dispuesto a relanzar su carrera como solista, recuperando el tiempo perdido y aprovechando para pasar factura a algunos de los que le habían cuestionado en el pasado.

Esta factura se la pasaría principalmente a todos aquellos que tanto le criticaron en sus principios con motivo de la acusación y condena por plagio de su tema “My Sweet Lord”, historia que ya os conté en el anterior artículo de “La Graminola” publicado el pasado lunes. A pesar de ser declarado culpable y tener que pagar una fuerte suma en calidad de indemnización, él siempre negaría ese plagio, algo que deja bastante claro en la canción titulado “This Song”.

Como puede apreciarse, por primera vez en su carrera como solista, Harrison apoyaba una de sus canciones con un videoclip con un argumento y una sátira bastante elocuentes. Algo estaba cambiando, estaba claro. Nos encontrábamos a un artista volcado como nunca con un disco, ya que era consciente de que se la jugaba con este nuevo trabajo tras las decepciones de los dos anteriores.

No sería ésta la única canción que vendría acompañada de un videoclip de esas características. Harrison había contado para su elaboración con la inestimable ayuda de Eric Idle que no es otro que uno de los componentes del maravilloso y disparatado grupo de artistas que son Monty Phyton. Él sería el encargado de producir y dirigir estos videoclips y no hace falta decir que se nota su mano. No hay más que ver el video de otra de las canciones destacadas del disco: “Crackerbox Palace”.

La publicación del disco vendría con un pequeño disgustillo de por medio, pero finalmente se solucionaria amistosamente. Me explico. Durante su grabación, Harrison se vería aquejado de una hepatitis que le obligaría a guardar reposo durante varias semanas, lo que provocaría un considerable retraso en su publicación, incumpliendo de esta manera con el plazo que figuraba en el contrato que tenía con su sello discográfico.

Afortunadamente, tras muchos tiras y afojas, las aguas volverían a su cauce, el disco se publicaría logrando un gran éxito y tanto el artista como su discográfica quedarían satisfechos dando por bueno ese retraso.

Está claro que la promoción del disco, superior a la de anteriores trabajos, y los videoclips que acompañaban a los sencillos que se iban publicando, auténtica novedad, ayudarían y mucho a que fuese un éxito, pero no serían éstas las únicas novedades que Harrison nos ofrecería en esta ocasión.

Por primera vez en su carrera iba a incluir en uno de sus discos una versión de un clásico de otro artista. Se trata de “True Love”, un clásico de ese gigante que era Cole Porter y que Harrison versionaría a su manera, dándole su toque personal, dejándonos una canción que a mí me parece como se dice ahora un “temazo”.

El bache parecía que estaba superado. Este último disco había funcionado muy bien y le había devuelto al primer plano del panorama musical. Ahora solamente quedaba confirmar si la mejoría era total y no había ningún tipo de recaída, algo que iba a dejar muy claro tres años después con la aparición de su siguiente trabajo.

Aparecería en el mercado en el año 1979 bajo el título de “George Harrison” y a mí personalmente es el disco que más me gusta de todos los que publicó. De hecho, creo que contiene su mejor canción de siempre.

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La canción a la que me estoy refiriendo se convertiría en un número uno a nivel mundial y es un tema con una de esas melodías que te van envolviendo poco a poco y un estribillo inconfundible. Con un comienzo pausado y dulce que da paso a ese estribillo con un ritmo pop de cartilla, “Blow Away” es sin duda alguna mi canción preferida.

Como pudimos comprobar en el anterior artículo de “La Graminola” en el que nos ocupábamos de sus primeros tiempos, el estado de ánimo por el que Harrison atravesaba en cada momento marcaba clarísimimante su manera de componer y, por consiguiente, la calidad de sus discos. Si con motivo de la separación de su primera esposa llegaron sus trabajos más sórdidos y de menor éxito, con su mejor momento a nivel personal y sentimental recuperaría todo el terreno perdido.

Durante la grabación del disco, Harrison contraería matrimonio con Olivia Trinidad Arias y se convertiría en padre, lo que le llevaría a un estado de ánimo y de creatividad que hacía mucho tiempo no sentía, dando origen a un trabajo de mucha mayor calidad, más optimismo y, por consiguiente, máyor éxito.

Todos estos acontecimientos quedarían plasmados en otro de los temas destacados de su disco homónimo, el titulado “Love Comes To Everyone”.

Por si fuera poco, los artistas que colaborarían con él en la elaboración del disco serían una vez más de primer nivel, ya que a la habitual aportación de su siempre gran amigo, pese a los acontecimientos pasados, Eric Clapton, habría que unir la del siempre elegante Steve Winwood. Con esos mimbres, está claro que el cesto que salió tená que ser de mucha calidad.

Como ya sucediera en su anterior trabajo, los videoclips acompañarían a todas y cada una de las canciones que iban publicándose como sencillo, cuidando mucho su estética y su argumentación, como sucede con este “Faster”.

Como podemos comprobar en este videoclip, el mundo de la velocidad y de los coches está muy presente, ya que una de las aficiones preferidas de Harrison siempre fue la Fórmula 1, algo que contaría en su biografía que sería publicada en el año 1980 y que levantaría algunas ampolas más por omisión que por lo que contaba. Os lo explico.

Resulta que en esta biografía, titulada “Me Mine”, apenas habla de su etapa en The Beatles y el bueno de John Lennon, con el que se había ido perdiendo el contacto, se enfadaría mucho por que apenas le citaba. La eterna lucha de egos que les llevaría a acabar como acabaron.

Lo que no podía imaginarse es que un luctuoso suceso que iba a producirse en el mes de diciembre de ese mismo año, iba a atormentarle de la manera que lo haría. Lennon era asesinado de dos disparos y Harrison quedaría sumido en un profundo malestar por haberse separado tanto del que había sido su gran amigo.

La conmoción de este asesinato fue total y los tributos y homenajes se sucedían unos a otros. Harrison no iba a ser menos y publicaría una canción que finalmente iba a convertirse en ese gran homenaje que se merecía, aunque la canción en sí tiene su historia que también os cuento.

“All Those Years Ago” era una canción que había compuesto en un principio para que fuese introducida en el nuevo disco de Ringo Starr. Lo que sucede es que el bueno de Ringo no llegaba a los registros que esta melodía requería, por lo que finalmente la descartaría. Con la muerte de Lennon, Harrison decidió darle los retoques necesarios y convertirla en un maravilloso tributo al genio recién desaparecido.

La canción sería incluida en su inminente nuevo disco, que iba a contar con la colaboración a la batería de Ringo Starr, y para esta canción en concreto se unirían Paul McCartney, su mujer Linda y su compañero de fatigas en The Wings, el mágico Denny Laine.

El trágico suceso le afectaría bastante hasta el extremo de que se obsesionaría a partir de ese instante con su seguridad hasta convertirse durante una época en algo casi neurótico. Lo que no sabía era que unos cuantos años más tarde él mismo iba a vivir una situación similar.

Todo esto no sería impedimento para que en el año 1981 apareciera en el mercado un nuevo disco, titulado “Somewhere In Englad” y con el que recuperaría algo del peso perdido en los últimos años, aunque con muchas dificultades por ciertas diferencias con su casa discográfica. Una vez más el eterno problema de siempre.

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Para componer y grabar este disco se había tomado bastante tiempo. Necesitaba hacerlo con calma y su sello discográfico aguardó pacientemente, aunque una vez terminado no quedaría satisfecho, ni mucho menos con el resultado. Cuatro de las canciones que iban a formar parte del disco fueron rechazadas por la discográfica  y Harrison se vería obligado a componer otras cuatro en su sustitución. Por rechazar sería rechazado hasta el proyecto que presentó como portada del disco. El enfrentamiento estaba abierto hasta el punto que el cantante anunciaría a la discográfica que no renovaría su contrato con ella.

En cuanto a éxito, lo cierto es que sería bastante discreto, obteniendo muchos mejores resultados en Estados Unidos que en Europa, algo que iba a convertirse en bastante habitual a partir de ese instante.

Los tiempos estaban cambiando a toda prisa, musicalmente hablando, y él no era capaz de adaptarse al punk y la New Wave que venían pegando con fuerza. Su manera de entender y de hacer música era la que era y no estaba dispuesto a evolucionar más, por lo que de ahí al estancamiento había muy poco recorrido.

Si os digo la verdad, a mí me parece muy bien que se negara a cambiar, que se negara a renovarse. No le hacía falta para dejarnos canciones tan buenas como este “Teardrops”

Una cosa estaba clara: Harrison hacía la música que hacía y no tenía ninguna intención de cambiar, por lo que se avecinaba tormenta con su casa discográfica que apostaba por ciertos retoques a su manera de componer, intentando que evolucionara, como estaban haciendo otros artistas, para no verse arrastrado por las nuevas corrientes musicales, en especial la New Wave.

Bajo ese empecinamiento aparecería en el mercado en el año 1982 su siguiente disco, titulado “Gone Troppo” que iba a signifcar sino un retroceso si un pequeño estancamiento en su carrera.

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El disco no era malo, no sonaba mal, pero su único y gran defecto es que sonaba a música de otra época, de otros tiempos. Estábamos en la década de los 80, la época del tecno, del pop, de los nuevos románticos, del punk y tantas y otras tendencias que inundaban el panorama musical, pero Harrison ni encajaba ni pretendía hacerlo en ninguno de ellos.

Para que os déis cuenta de lo que os cuento no hay más que escuchar alguna de las canciones que integran el disco. “Gone Troppo”, la que da nombre al álbum, suena plenamente a música de los 70. De hecho, si este disco se hubiese publicado diez años antes de lo que lo hizo habría encajado a la perfección con lo que se estaba haciendo en aquellos momentos.

Como era de esperar, el disco no tuvo éxito alguno y se convirtió en una gran decepción. Estaba claro que el pasado no escribía el presente, y mucho menos el futuro, por lo que sus ventas fueron bastante pobres y las críticas bastante malas. Podríamos decir que nos encontramos ante el mayor fracaso de su carrera.

De todas formas, la involucración de Harrison en este disco no fue tampoco demasiado grande. Publicó este trabajo más que nada por obligación contractual y pensando más en el largo periodo de descanso que iba a tomarse tras su publicación. De hecho, ni tan siquiera existen videoclips de apoyo a sus sencillos. Podía decirse que estaba más o menos de retirada temporal.

Pese a todo, el disco dejaría alguna que otra canción escuchable como puede ser la que posiblemente sea la mejor del mismo: “Mystical One”.

Después de esto, se tomaría un merecido descanso que duraría nada más y nada menos que cinco largos años durante los que se dedicaría a sus múltiples aficiones y, en definitiva a disfrutar de la vida en la compañia de su mujer y su hijo. Tenía muy claro que regresaría a la música cuando verdaderamente notara que lo necesitaba, pasara el tiempo que pasara hasta que llegase ese momento.

Ese momento llegaría por fin en el año 1987 con la publicación de su nuevo disco, titulado “Cloud Nine” y que iba a suponer una evolución total con respecto a su anterior música. Había tardado en darse de cuenta de que tenía que reciclarse pero ya os digo que merecería la pena la espera.

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Para este esperado regreso contaría con la colaboración en labores de producción de una persona que iba a convertirsse en su amigo de confianza y en el responsable de su retorno al buen camino. Estoy hablando de Jeff Lynne, vocalista y líder absoluto de esa espectacular banda que fueron The Electric Light Orchestra, de la que ya os hablé en un anterior artículo de “La Graminola”, y que se convertiría en alguien fundamental para la música de Harrison en sus últimos años de carrera.

El disco le devolvería al primer plano musical gracias a su nuevo sonido, a la gran producción y, sobre todo, al pelotazo que supondría el sencillo promocional. Me estoy refiriendo a una de las mejores canciones de toda su trayectoria, la mejor si hablamos de su segunda época, titulada “Got My Mind Set On You” con la que conseguiría regresar al número uno de las listas de éxitos.

El retorno fue a lo grande, sus ventas bastante buenas y las críticas que recibiría el disco serían inmejorables. De hecho está considerado por algunos “puristas” como su mejor disco. Yo no sabría deciros si es el mejor, pero sí el que mejor suena, gracias en gran medida a esa producción tan espectacular que le daría su buen amigo Jeff Lynne.

En esta ocasión tendría tiempo incluso para incluir un tema que de algún modo rendía tributo a sus buenos momentos vividos en The Beatles, algo que no ha sido demasiado habitual en ninguno de sus componentes. Harrison quiso recordar aquella época con la canción “When We Was Fab”.

El videoclip no tiene desperdicio. En él aparece el único miembro de The Beatles con el que continuó manteniendo una estrecha relación conviritiéndose en habitual colaborador en sus discos, Ringo Starr, y delante de ellos se pasea una figura que parece ser John Lennon. Para acabar de rematar la faena, en sus escenas finales aparece en una situación muy cercana a ese “Hare Krhisna” que siempre le cautivó con un inconfundible sonido de sitar. Chapeau.

Otra de las canciones destacadas de este disco, la verdad es que hay unas cuantas, iba a traer de la mano una sorpresa y una época espectacular para él acompañado de grandes figuras de la música, pero grandes entre los grandes. Os lo cuento.

Lo primero es lo primero, así que deleitémonos con la canción a la que me estoy refiriendo: “This Is Love”. A mí esta canción me encanta, tiene un sonido espectacular y ese toque inconfundible que suena a ELO por todas partes.

El caso es que a Harrison se le ocurriría grabar una cancion nueva, no incluida en el álbum, para que se convirtiera en la cara B de “This Is Love” que iba a ser publicada como sencillo. Para ello invitó a tocar con él a cuatro auténticos monstruos de la música en el sótano de su casa: Bob Dylan, Tom Petty, Roy Orbison y, por supuesto, Jeff Lynne, el resultado fue espectacular, mágico, único.

La canción en cuestión sería titulada “Handle With Care” y cuando su casa discográfica escucho como había quedado se percató de que tenía demasiada calidad como para ser publicada como cara B, por lo que ofrecería a los cinco artistas publicar un disco con más canciones de ese estilo. Había nacido el proyecto Travelling Wilburys.

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Este inesperado “supergrupo” publicaría de inmediato un primer disco y posteriormente vendrían dos más, dejándonos una música inmejorable. Algún día les dedicaré un artículo en exclusiva como ellos merecen, pero mientras tanto deleitémonos con la mencionada “Handle With Care”.

Entre el éxito de su nuevo disco, y la grandísima aceptación, con unas críticas favorables inmejorables, como no podía ser de otra manera, Harrison se volcaría en distintos proyectos. Había estado cinco años apartado de los focos, pero su regreso había sido a lo grande e iba a continuar siéndolo.

Sería el momento escogido para crear su propia productora cinematográfica, aunque con poco recorrido ya que quebraría en muy poco tiempo, pero durante su funcionamiento le daría para producir algunas películas conocidas y reconocidas como sería “La Vida De Bryan”, en la que llegaría a hacer un cameo gracias a su amistad con uno de los miembros de Monthy Pyton como era Eric Idle, la cual venía de aquellos tiempos en el que éste produjo algunos de sus videoclips, como os he contado anteriormente.

Llegaría el momento entonces de recapitular y hacer balance, por lo que en el año 1989 aparecería en el mercado su siguiente disco que no sería otra casa que un recopilatorio de grandes éxitos que llevaría el título de “Best Of Dark Horse. 1976-1989”.

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Junto con sus grandes éxitos aparecerían dos temas inéditos, incidiendo en su nuevo sonido. Estaba claro que había dado con la tecla y, nuevamente con la producción de Lynne, nos dejaría dos nuevas joyas. La primera de ellas: “Cockamanie Business”.

La segunda de ellas, un auténtico “temazo” como se dice ahora: “Poor Little Girl”

Sus proyectos y colaboraciones seguían inundando su tiempo. Durante los siguientes años tendría tiempo para publicar dos discos más con Travelling Wilburys e incluso haría sus pinitos en la banda sonora de una de las películas más taquilleras del año 1989.

Sería en la segunda entrega de la saga interpretada por Mel Gibson, Arma Letal, donde contrubuiría con la música de este “Cheer Down”.

Su actividad continuaría siendo frenética. Saldría de gira con su buen amigo Eric Clapton, dando luga a la publicación de un disco titulado “Live In Japan” que aparecería en el mercado en el año 1991.

Entre los año 1994 y 1996 se embarcaría junto a Paul McCartney y Ringo Starr en un proyecto que consistiría en recuperar demos y descartes de su época en The Beatles, dando lugar a la aparición de varios cds y dvds que conformarían los distintos volúmenes de la denominada “The Beatles Anthology”. La cosa funcionaba, y de que manera, pero lamentablemente en el año 1996 iba a sufrir un inesperado parón.

Sus últimos años habían sido intensos y muy productivos y el futuro pintaba de igual manera. Ya estaba pensando en la publicación de un nuevo trabajo, cuando la salud le fallaría por primera vez. Harrison siempre había sido un fumador empedernido y en el año 1996 se le diagnosticaría un cáncer de pulmón del que tendría que ser intervenido quirúrgicamente. Su salud se vería muy mermada y prácticamente desaparecería de la circulación aunque no definitivamente.

Como las desgracias nunca vienen solas, un suceso acontecido en el año 1999 le devolvería a la actualidad aunque no musicalmente hablando. Como os he comentado al principio del artículo, tras el asesinato de John Lennon, Harrison siempre se obsesionó con la seguridad. A pesar de ello seguro que no podía ni imaginarse que ese año, una noche irrumpiría un lunático armado con un cuchillo en su casa intentando asesinarle. Entre él y su esposa lograron reducirle aunque Harrison resultaría herido de poca gravedad. La historia, la trágica historia estuvo muy cerca de repetirse.

Una vez recuperado del susto, se pondría manos a la obra para retornar con la publicación de un nuevo disco. Lamentablemente sus ojos no verían ese momento, ya que en el año 2001 se le detectaría una metástasis provocada por su cáncer de pulmón, contra la que los médicos no pudieron hacer nada, falleciendo pocas semanas después. Se convertía de esta manera en el segundo miembro de The Beatles en desaparecer prematuramente.

Antes de morir, daría las oportunas instrucciones para que finalmente se publicara a título póstumo su último disco. Como El Cid terminaría triunfando después de muerto con la publicación en el año 2002 de “Brainwashed”.

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Los encargados de que este disco viera la luz serían su hijo Dhani y su últimamente inseparable Jeff Lynne, que no solamente llevaría todo lo relativo a su producción sino que cumpliría con todas y cada una de las instrucciones que Harrison les dio, dejando un trabajo final bastante bueno.

La primera de esas instrucciones sería la de la publicación del primer sencillo y carta de presentación del disco. La canción elegida sería “Stuck Inside A Cloud”, una especie de metáfora del final que Harrison ya veían bastante cercano.

En el disco puede apreciarse que los estragos de la enfermedad han mermado su voz, con un tono más bajo y monótono no era capaz de llegar a los registros que siempre le habían caracterizado, pero su talento compositor y esa magia a la hora de tocar la guitarra permanecían intactos.

La crítica hacia el disco fue bastante buena, calificándolo como uno de sus mejores trabajos, aunque sus ventas fueron un tanto discretas. Pese a todo su legado estaba ahí, y su desaparición prematura nos privaría de poder seguir deleitándonos con su música y con esa eterna cantinela de esa reunión para publicar un nuevo disco con sus antiguos amigos Paul y Ringo.

En fin, que hasta aquí llegamos hoy, despidiéndonos con el que se convertiría en el último sencillo de la carrera de George Harrison, esta preciosa canción titulada “Any Road”.

Hasta la próxima, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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