MIKE OLDFIELD – CAPÍTULO 2: LA CONFIRMACIÓN


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Hola Graminoleños.

Lo prometido es deuda, así que vamos a continuar hoy con el segundo de los muchos capítulos que vamos a dedicarle al grandísimo artista que es Mike Oldfield. Hace unos días conocíamos sus primeros pasos con su irrupción huracanada en el panorama musical y hoy vamos a continuar con la confirmación de su genialidad a la hora de componer e interpretar. Vamos allá.

Adentrados ya en el año 1975, llegaría su tercer disco con unas  pautas muy similares a los dos anteriores pero con ciertas incorporaciones a su sonido demostrando que además de gran músico tenía una inconfundible versatibilidad a la hora de crear su música. Ese disco llevaría el título de “Ommadawan”.

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Otra vez más, Oldfield tocaría más de 20 instrumentos de los que se escuchan en el disco y contaría con la colaboración de sus dos hermanos. No serían éstas las únicas colaboraciones de lujo, ya que en esta ocasión el disco incorporaría músicas africanas e irlandesas, para lo que le ayudarían el grupo de percusión africano Jabula o el mismísimo flautista de ese gran grupo irlandés que son The Chieftains, llamado Paddy Moloney.

Con este nuevo disco repetiría fórmula en cuanto a estructura musical, ya que nos encontramos ante una composición instrumental dividida en dos partes, pero con la importante variante de esas influencias celtas y africanas que le dan un aire más mágico a su música. Sin duda alguna en esta ocasión Oldfield se presenta más maduro, más hecho y todavía mejor músico.

Curiosamente, sería la primera vez en la que Oldfield cosecharía críticas desiguales. No entre el público, que volvería a llevar al disco al número uno de las listas de ventas, pero sí de los especialistas en la materia, algunos de los cuales no verían en un principio con buenos ojos esa fusión de culturas y músicas. Lo cierto es que este disco podría considerarse como el pistoletazo de salida de lo que se denominaría años después “World Music”, o lo que es lo mismo es maravillosa mezcla de músicas de distintas culturas.

Una de las características que Oldfield utilizaría a través de toda su carrera es la de buscar sorprender de alguna manera a su público, bien con sus cambios a la hora de interpretar, bien con la introducción de canciones sorpresa en sus discos o la publicación de sencillos al margen de sus álbumes. Vamos con dos de las canciones que encajan en esta casuística.

Como ya os he comentado, “Ommadawn” cuenta con dos partes, como hasta ahora todos sus discos publicados. Pero por sorpresa, al final del disco, aparece una canción que no figura en sus títulos. Una canción que, además, por primera vez incluye una parte vocal considerable que corre a cargo de Abigail, Briony, Ivan y Jason Griffiths. Su título es “On Horseback”.

La otra “curiosidad” llegaría en forma de villancico, con la aparición de un sencillo en las Navidades de ese año 1975, titulado “In Dulci Jubilo”, en el que la parte instrumental principal corre a cargo de la flauta. Sus resultados en cuanto a ventas serían tan buenos que a partir de ese momento sería bastante habitual que Oldfield publicara un villancico creado a su manera, yo diría a su espectacular manera, casi todas las Navidades.

Lo que está claro es que tras la publicación de este tercer trabajo, la calidad de buen músico de Oldfield sería reconocida por todo el mundo, incluso por los músicos más veteranos, que verían que no se trataba de un artista de corto recorrido y éxito efímero, pudiendo decirse que desde ese instante le aceptarían como uno de los suyos.

Este reconocimiento le llevaría a que algunos artistas pidieran su colaboración a la hora de grabar sus discos, por lo que sería bastante habitual que prestara su talento a la hora de tocar la guitarra en numerosas ocasiones. Además, sería tanta la fama que alcanzarían las famosas “campanas tubulares”, que las empresas que las fabricaban tendrían que aumentar su producción. El boom que ese disco había significado sobrepasaba cualquier límite conocido hasta ese momento en el mundo de la música.

Pasaría algún tiempo hasta que se decidiera a publicar un nuevo disco, pero no faltaría a la cita navideña en el año 1976, cuando publicaría su “villancico” de rigor. En esta ocasión sería un tema tradicional titulado “Portsmouth”, debidamente “reciclado” por su talento y que se convertiría en uno de los singles más vendidos durante las Navidades de ese año.

Pese a todos esfuerzos por superarlo, Oldfield no era capaz de asimilar el éxito que había adquirido en tan poco tiempo, algo que le estaba pasando factura psicológicamente, por lo que en el año 1977 decidiría apartarse un poco de la circulación, buscando el momento de componer su siguiente disco pero lejos de los focos de la fama.

Por este motivo, su discográfica aprovecharía la coyuntura para publicar una caja con cuatro discos en el que aparecían sus tres trabajos publicados y un cuarto álbum que contenía sencillos, colaboraciones y una auténtica joya de coleccionista como era la canción “Speak (Tho’ You Only Say Farewell)”.

Estamos ante una auténtica excepción dentro de su carrera y ante una ocasión casi única, ya que en este tema podemos disfrutar no solamente de la interpretación instrumental de Mike Oldfield sino que es una oportunidad exclusiva de escucharle cantar. Tan única es esta ocasión que no he sido capaz de encontrarla para poder deleitarnos con ella. Para una vez que canta … En fin, prosigamos.

La aparición de su nuevo y esperado disco se seguiría demorando, pero su público no perdería del todo el contacto con él, ya que en el año 1977 aparecerían en el mercado dos nuevos sencillos con la fórmula de versionar una canción tradicional inglesa.

Aunque el resultado comercial no fuera demasiado importante, lo cierto es que la maravillosa versión con el inconfundible sonido de su guitarra que haría del tema de Rossini titulado “The William Tell Overture”, puede considerarse como otra de las joyas de su carrera. Demostraría a todo el mundo que hasta la música clásica puede ser interpretada a ritmo de rock.

Siempre había manifestado ser un enamorado de la cultura británica y por ello le atraían sobremanera las canciones populares de su país. Así que no es de extrañar que fuese publicando sencillos con versiones de esas canciones e introduciendo algunas de ellas en sus discos posteriores.

En ese año 1977 la canción popular elegida para ser editada como sencillo sería “Cuckoo Song”, adentrándose en el mundo del folk inglés, siendo en esta ocasión el instrumento predominante una vez más la flauta.

Por fin llegaría el año 1978, momento en el cual sería publicado el cuarto disco de Mike Oldfield. Su título sería “Incantations” y la tardanza en ser publicado sería compensada con un maravilloso disco doble bajo las habituales premisas instrumentales habituales y con la voz de Sally Oldfield, una vez más, como el mejor contrapunto posible.

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En esta ocasión la aceptación y las ventas del nuevo trabajo de Oldfield estarían algo por debajo de lo que nos tenía acostumbrados y es que podría decirse que corrían malos tiempos para la lírica, es decir, corrían malos tiempos para el rock sinfónico, ya que acaba de irrumpir en el Reino Unido otro de esos movimientos musicales que revolucionarían todo: el punk-rock.

En esta ocasión nos encontraríamos con un disco compuesto por cuatro suites en las que los sonidos célticos y étnicos le dan un aire grandilocuente, con una atmósfera envolvente creada gracias a los coros y cánticos rituales que acompañan a su música.

Dentro del disco, posiblemente la parte más conocida y celebrada sea la segunda, en la que se incluyen dos secciones que alcanzarían cierta popularidad, siendo la primera de ellas la titulada “Diana … Luna … Lucina”.

Podía apreciarse perfectamente que su manera de componer había cambiado bastante y que su personalidad también. Siempre alejado de la vida pública y de la presan, en esta ocasión íbamos a encontrarnos con un Oldfield más cercano y más dispuesto a relacionarse con los demás, sintiéndose más unido que nunca a su público.

Su involucración a la hora de dar a conocer su nuevo disco sería muy distinta a la mostrada con los anteriores, encontrándonos con un artista con más relación con la prensa que nunca, ofreciendo entrevistas y manteniendo un contacto continuo con los medios de comunicación. La razón de este cambio sería la terapia que había realizado en los últimos meses que le ayudó a, según él, conocerse más profundamente a sí mismo, siendo capaz de convivir con la fama y el éxito que le acompañaban.

Podía apreciarse perfectamente que su manera de componer había cambiado bastante y que su personalidad también. Siempre alejado de la vida pública y de la prensa, en esta ocasión íbamos a encontrarnos con un Oldfield más cercano y más dispuesto a relacionarse con los demás, sintiéndose más unido que nunca a su público.

Por supuesto que esta nueva manera de entender y afrontar la vida influiría en su música, aunque sin perder la esencia habitual, dejándonos pasajes tan peculiares como este “The Song of Hiawatha”, en el que la voz de su hermana Sally lo llena todo.

Los cambios en su música, en su manera de crear sus discos y su evolución no acabarían aquí, aunque … Aunque eso os lo contaré en el siguiente capítulo. Ya sabéis tendréis que esperar un poquito, a que lleguen las dos primeras ediciones de “La Graminola” del mes de marzo para conocer en que consistirían esos cambios. Eso sí, hasta que llegue ese momento os prometo que seguiremos con muy buena música.

Os espero a todos los Graminoleños

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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