MARK KNOPFLER – CAPÍTULO 2 (NUEVOS TIEMPOS)


Hola, Graminoleños.

Como ya os anunciaba en el último artículo de “La Graminola”, hoy vamos a dedicarnos a deleitarnos con el resto de la carrera de ese grandísimo artista que es Mark Knopfler. Lo dejábamos justo en el  momento en el que entrábamos en un nuevo siglo y conociámos la noticia de que su nuevo disco iba a ser publicado.

Si en “Golden Heart” la música celta marcaría la música que contenía, en esta ocasión el folk y, sobre todo, el soul cobrarían gran protagonismo con dos colaboraciones de auténtico lujo. El nuevo álbum saldría al mercado en el año 2000 bajo el título de “Sailing to Philadelphia”.

Que su propósito era alejarse casi definitivamente del sonido que había llevado al éxito a Dire Straits quedaría patente con este nuevo disco, en el que no solamente su estilo y su manera de interpretar, sino que también la tranquilidad de su música rompen totalmente con su anterior etapa.

Simplemente con escuchar el primer sencillo de este disco, titulado “What It Is”, quedan muy claras sus intenciones.

Como ya os he comentado hace un momento, Knopfler contaría con dos colaboraciones de auténtico lujo para dos de sus canciones. Una sumergiéndose en el soul y otra adentrándose en el mundo del folk, algo que repetiría como veremos más adelante en su siguiente disco.

Para su inmersión folk, elegiría a un grande de la música americana como es James Taylor. Ambos con sus voces nos dejarían una melodía dulce y maravillosa que es la canción que le da título al álbum. Grandes los dos.

Entre todas las canciones del disco, hay otra que a mí me resulta casi mágica, en la que Knopfler cuenta con otra colaboración espectacular. En esta ocasión es el gigantesco Van Morrison el que aporta su vozarrón para interpretar junto a nuestro protagonista del artículo de hoy esta joya titulada “The Last Laugh”.

Otra de las canciones destacadas de este disco sería “Silvertown Blues”, un tema que redunda en esa nueva manera de hacer música, con un sonido muy relajado en el que se da prioridad a las guitarras más tranquilas y unos arreglos de lujo. En mi opinión particular creo que nos encontramos si no ante su mejor disco en solitario si al menos el que mejor suena.

Llegaríamos al año 2002 y nos encontraríamos con una doble entrega de música de Knopfler. Para empezar nos obsequiaría una nueva banda sonora, tras la que pasarían bastantes años hasta volver a disfrutar de otra aportación cinematográfica, terminando el año con su tercer disco en solitario. Un año muy completo.

El primero en aparecer cronológicamente hablando sería la banda sonora de la película “A Shot Of Glory”, en España “Camino Hacia la Gloria”, que está considerado como el mejor disco de Knopfler en cuanto a ponerle música a películas se refiere.

La canción mas destacada de esta banda sonora es sin duda alguna “He’s the man”, una canción con un ritmo un tanto más pesado y que asemeja a alguna de las canciones de su época en Dire Straits, cuando de vez en cuando nos obsequiava con los compases más graves y profundos de su guitarra.

El álbum alterna temas exclusivamente instrumentales con otros en los que la voz de Knopfler acaricio nuestros oidos. Entre las primeras yo destacaría una de ellas, que no hace si no redundar en su gran atracción por esos sonidos celtas que tanto han marcado en muchos momentos su carrera.

Se trata de “Wild Mountain Thyme”, que no es más que una espectacular versión de una canción tradicional escocesa, que en las manos de Knopfler casi rozando las cuerdas de su guitarra suena de maravilla.

Casi sin solución de continuidad, a finales de ese año 2002 aparecería en el mercado su tercer disco en solitario bajo el título de “The Ragpickers Dream”.

La inmersión en el folk era ya un hecho constatado y por primera vez en su carrera todas las canciones de un disco suyo están impregnadas de este estilo, dejando la guitarra eléctrica en un segundo plano, sin apenas solos como nos tenía acostumbrados hasta ese instante, y con un acompañamiento acústico muy marcado.

El ritmo del disco es calmado y pausado, con muchos medios tiempos y algunas baladas en las que el sonido es plenamente relajante, aunque hay excepciones, como puede ser la canción más popular de este disco, de título “Why Aye Man”.

Las ventas de sus discos en solitario no se acercaban ni de lejos a las que obtuvo en sus momentos de mayor gloria en Dire Straits, pero su caché permanecía intacto a la hora de colocar el cartel de no hay billetes en todos y cada uno de sus conciertos. Su manera de hacer música había cambiado, pero su perfección a la hora de tocar la guitarra y de componer buenas canciones permanecía intacta.

Quien busque a partir de este momento puro rock & roll en la música de Knopfler debe buscar en otro lado. Su manera de componer e interpretar había dado un giro de 80 grados y su música mostraba una espectacular calidad y un sonido que atrapa y hace disfrutar los cinco sentidos.

Para apreciar esta más que evolución auténtica conversión, no hay más que escuchar una de las melodías más brillantes de este disco, la titulada “Hill Farmer’s Blues”.

En el año 2003, en medio de la gira del disco, Knopfler sufriría un accidente de moto que le obligaría a suspender los conciertos que quedaban pendientes, permaneciendo convaleciente durante varios meses, por lo que la publicación de su siguiente trabajo se demoraría un tiempo.

Por fin, a finales del año 2004 se publicaría ese esperado nuevo disco, que vendría con un sonido muy similar al de su anterior trabajo y bajo el título de “Shangri-La”.

Este disco podría casi considerarse como una prolongación de su anterior trabajo, ya que su sonido y su forma de interpretar es prácticamente idéntica, sin apenas variaciones. Knopfler se encontraba en un momento repleto de sensibilidad a la hora de crear su música y esto se palpaba en los discos que iba publicando.

Esta sensibilidad, esta manera de hacer música para escucharla y simplemente disfrutar y relajarse se pone claramente de manifiesto en la canción más destacada del disco, este “Boom Like That”.

Como ya os cuento, una vez más los medios tiempos, las canciones lentas y los arreglos suaves y acústicos predominan sobre todo lo demás en este disco, dejándonos canciones llenas de sentimiento.

En este sentido, una de las canciones destacadas, por lo menos una de las que a mí personalmente más me gusta, es esta dulce y delicada “Our Shangri-La”.

Su creatividad era bastante intensa y en cada disco iba dando un paso más a la hora de jugar con otras tendencias, atreviéndose incluso con los ritmos más alejados del sonido habitual de su guitarra.

Me estoy refiriendo al tema “Postcards From Paraguay”, en el que sus tonos graves de voz y el sonido de su guitarra juegan con ritmos latinos. Una genialidad más.

La particular manera de tocar la guitarra de Knopfler parecía imposible de mejorar, pero el músico se superaba a sí mismo con cada nuevo trabajo, con cada nueva canción. No hay más que escuchar “Don’t Crash the Ambulance”, un tema en el que la melancolía y la desesperanza de su letra tienen un incomparable marco con el sonido de la guitarra.

Mientras preparaba su siguiente disco, un trabajo que iba a ser una auténtica sorpresa a la par que una maravilla, en el año 2005 publicaría un EP con tan solamente seis canciones titulado “The Trawlerman’s Song”, habida cuenta del éxito que algunos de esos temas habían tenido en sus actuaciones en directo.

Este “capricho”, contenía la canción que le da título, la cual había sido incluida ya en su último disco, “Shangri-La”, pero que no había sido publicada como sencillo, además de cinco temas más grabados en directo. Más de lo mismo pero de otra manera.

Casi sin solución de continuidad, y dentro de las decisiones muchas veces variopintas de las casas discográficas, a finales de ese mismo año aparecería en el mercado “One Take Radio Sessions”, que no es más que un EP que contiene las mismas canciones que el anterior y otras dos más de regalo, también grabadas en directo. Ellos mismos.

Cietamente las decisiones de los sellos discográficos son en algunas ocasiones incluso incomprensibles y de poca dignidad, ya que no persiguen otra cosa que la de recaudar dinero sin importarle lo más mínimo sin esas decisiones van en contra de los intereses del artista. Me parece vergonzante que no les bastase con publicar un disco prácticamente idéntico con un nuevo título sino que no se molestaron ni tan siquiera en cambiar lo más mínimo la portada. Me muerdo la lengua.

Por fin nos adentraríamos en el año 2006, momento en el cual Knopfler publicaría un disco que llevaba siete años preparando, con mimo, con mucha paciencia y con mucho esmero, para el que contaría con una colaboración muy especial y de auténtico lujo, la de la cantante de country Emmylou Harris.

Ambos artistas se conocieron a través de Chet Atkins, con el cual Knopfler ya había publicado un disco de similares características hacía ya bastantes años, y desde ese momento se propondrían repetir experiencia, dando lugar a una joya de disco titulada “All The Roadrunning”.

En un principio su colaboración fue programada para que alguna de las canciones que grabaran juntos fueran incluidas en algunos de los discos que ambos fueran publicando, pero fue tanta la complicidad y la magia que se crearía cada vez que sus voces se combinaban que finalmente decidieronpublicar un disco juntos.

Esa complicidad a la hora de cantar juntos nos deja maravillas como este “Beachcombing”.

Algunas de las canciones de este disco evindencian una sensibilidad extraordinaria. Posiblemente sea uno de los discos menos concocidos de Knopfler en nuestro país, pero os garantizo que es una auténtica joya. Su sonido me cautivaría desde la primera escucha y sus canciones son una delicia para nuestros sentidos.

El contraste de la sonida grave y en un tono bajo de Knopfler combina a la perfección con la aguda y siempre única voz de Harris, dejándonos momentos inolvidables como este “Love and Happiness”.

Junto con estas melodías más dulces y cautivadoras podemos encontrarnos otras que emanan country por todos sus poros, en las cuales es Harris la que lleva todo el peso rítmico con el apoyo siempre mágico de la guitarra de Knopfler. La mezcla es extraordinaria.

De estas últimas creaciones, las de puro country, yo me quedaría especialmente con “Red Staggerwing”.

De verdad que no os engaño lo más mínimo cuando os digo que se trata de un disco con letras mayúsculas. Dos auténticos genios, dos auténticos músicos de los grandes, mano a mano ofreciendo todo su talento. Un disco espectacular y único.

Tal sería el éxito que esta colaboración tendría que ambos artistas saldrían de gira tanto por Europa como por Estados Unidos con una gran aceptación del público y unas muy buenas críticas, lo que desembocaría en la publicación de un disco que contendría sus canciones en directo titulado “Real Live Roadrunning”.

Tras acabar la gira, Knopfler se pondría manos a la obra para grabar su siguiente disco, el cual saldría al mercado a finales del año 2007, tomando un nuevo camino musicalmente hablando, abandonando cualquiera de los estilos que había utilizado hasta ese momento.

El disco llevaría el título de “Kill To Get Crimson” y puede considerarse como su trabajo más minimalista y personal, en el que prescinde de cualquier arreglo que no sea sencillo, reduciendo al máximo los instrumentos que participan en él para lograr un sonido pausado y sin complicaciones. Una nueva vuelta de tuerca.

Para este disco contaría con la colaboración de algunos de sus antiguos compañeros en Dire Straits. Y es que aunque decidieran disolver el grupo por sus distintas maneras de entender la música, sus relaciones siempre fueron inmejorables, por lo que no es de extrañar que Guy Fletcher y Chris White compartieran su talento con Knopfler en la grabación de este trabajo.

Para que nos hagamos una idea de la sencillez del sonido de este disco basta con escuchar la canción que abre el disco, titulada “True Love Will Never Fade”. Bueno escucharla y ver el videoclip en el que puede apreciarse que con Knopfler, su guitarra, su voz y tres músicos más se puede hacer muy buena música.

La presencia y el sonido de las guitarras acústicas, el predominio de medios tiempos y ritmos calmados y unos arreglos muy sencillos sin ningún tipo de artificio son las señas de identidad del sonido de este disco. Según había ido avanzando su carrera en solitario Knopfler había girado hacia esta sencillez. Y es que cuando hay talento no hace falta mucho para hacer buena música.

Como prueba de esta dulzura y sencillez a la hora de componer sus nuevas canciones, basta con escuchar una de las más originales de todo el disco. Un tema en el que se atreve incluso a marcarse un vals a su manera, resultando una preciosidad titulada “Secondary Waltz”.

No quiere decirse que Knopfler abandonara totalmente sus raíces y diera la espalda a su manera más habitual de hacer música. En el disco también se incluye alguna que otra canción con un sonido más reconocible, más parecido al de años atrás.

La evidencia más palpable de ese sonido más reconocible es sin duda alguna “Punish the Monkey”, una canción con un sonido un tanto más potente y guitarrero que las del resto del disco.

Cierto es que Knopfler ya no era un fenómeno de masas como lo eran Dire Straits y que sus conciertos se celebraban en recintos con aforo más limitado, aunque con un grandísimo éxito, pero de lo que no cabía ninguna duda era de que la calildad de su música se estaba acercando a la perfección.

Habría que esperar hasta el año 2009 para volver a disfrutar de un disco de Mark Knopfler, el cual llevaría el título de “Get Lucky” y efectivamente sería un disco bastante afortunado.

El álbum significaría de alguna manera el retorno de Knopfler a los primeros puestos de las listas de ventas, sobre todo en Europa. Cierto es que hacía ya bastante tiempo que no vendía tanto como hacía en sus mejores tiempos, pero con “Get Lucky” superaría el éxito cosechado con sus últimos discos en solitario, en gran medida a la gran aceptación que tendría el tema que da título al disco.

Nos encontramos ante un disco con una estructura igual de sencilla a la de su anterior trabajo, pero con una pequeña variante que consiste en el retorno a los arreglos de música celta en algunos de sus temas, rememorando sus primeros tiempos como artista en solitario.

El ejemplo más evidente de esta circunstancia puede apreciarse en la que para mí es su canción más destacada, titulada “Border Reiver”, en la que nuevamente el sonido de flautas, gaitas y similares adornan la mágica música de su guitarra.

Se abriría entonces un periodo de tres años antes de volver a tener noticias de un nuevo disco de Knopfler. En ese momento no tenía ninguna prisa por volver a publicar y crearía un disco minucioso y brillante en el que buscaría prácticamente la perfección.

El disco aparecería en el mercado en el año 2012 bajo el título de “Privateering” y es el único disco doble de toda su carrera, al margen de recopilatorios, claro está, habida cuenta de la gran cantidad de canciones que en el periodo de tres años pudo componer.

La gran peculiaridad de este disco es que para cada canción Knopfler eligió una guitarra distinta de su amplia colección, por lo que el sonido de cada una de ellas puede considerarse único. La labor de elegir qué guitarra combinaba mejor con cada una de ellas fue minuciosa y exhaustiva dando lugar a un disco de una calidad excepcional.

Las ventas del disco fueron considerables siguiendo la pauta marcada por su anterior trabajo y los críticos consideran que Privateering es sin duda alguna el mejor disco que ha compuesto en toda su trayectoria como solista, siendo capaz de alternar canciones de folk, country o música celta de manera magistral, pudiendo considerarse casi como una especie de resumen musical de toda su carrera.

Una vez más los medios tiempos y composiciones repletas de sensibilidad serían las protagonistas, como por ejemplo este “Redbud Tree”, el tema que abre el disco.

Como ya digo dentro de la sencillez de la música que contiene este disco, nos encontramos realmente ante su proyecto más ambicioso ya que todos los estilos, todos los arreglos que Knopfler había incorporado a su música durante toda su carrera están representados y reflejados en las canciones que lo componen.

De todos es sabido que una de las influencias que terminaría abranzando con mayor intensidad sería el country y la canción tradicional norteamericana, algo que se pone muy en evidencia en el tema que da nombre al disco, una canción que tiene sabor sureño por los cuatro costados.

Por supuesto que hay alguna que otra canción en la que hace cierto guiño a su época al fente de Dire Straits. Hemos de pensar que si cada una de las canciones está interpretada por cada una de las guitarras que fue utilizando a lo largo de toda su carrera, alguna tenía que dejarnos ese sonido tan singular y admirado.

Sin duda alguna, “Corner Beef City” rezuma esencia “Dire” por todos los costados, dejando prueba evidente de la cantidad de registros que podía ser capaz de sacar a las cuerdas de sus preciadas guitarras.

Tratándose de un disco doble y de un sinfín de registros y de estilos los que se ven reflejados en él, podría mostraros una y otra de sus canciones, cada una de ellas podría decirse que es un álbum en sí misma, pero no es cuestión de redundar, así que vaya una última entrega.

Se trata de “Bluebird”, una genialidad en la que Knopfler se hace acompañar por una sección de viento, añadiéndole un toque de ambiente envolvente que te atrapa una y otra vez.

Nuevamente habría que esperar un periodo de tres años para poder volver a disfrutar de la música de Mark Knopfler, por lo que hasta el año 2015 no se publicaría su siguiente disco, titulado “Tracker”. La espera merecería la pena.

Con este disco Knopfler lograría los mejores resultados en cuanto a ventas de toda su carrera, tanto en Europa como en Estados Unidos, llegando a colocarse en el número tres de las listas de éxito del Reino Unido. Por fin se convertía en profeta en su tierra.

La música de este disco sigue las pautas marcadas en trabajos anteriores, con una música marcadamente folk y con melodías relajadas y en algunos casos apagadas, pero con una maravillosa excepción.

Se trata de la canción “Beryl”, único sencillo extraído del álbum, que hace nuevamente un pequeño guiño a la música de sus mejores tiempos al frente de Dire Straits, haciendo sonar su guitarra como por aquel entonces. Una auténtica gozada, una espectacular canción.

Recientemente, en el año 2016, nos ha llegado el último disco con la música de Knopfler. Se trata de su retorno a la senda de las bandas sonoras y muy relacionado con nuestro país, ya que se trata de la película “Altamira”, protagonizada por Antonio Banderas, contando con la colaboración de la percusionista Evelyn Glennie.

Retornando a sonidos épicos y muy cercanos a los que ya nos ofreciera en la banda sonora de “La Princesa Prometida”, apoyado en la percusión de la escocesa Glennie deja momentos para recordar como con el tema central de esta banda sonora.

Está claro que la carrera en solitario de Mark Knopfler no ha sido tan tumultuosa y llamativa como la que protagonizó con Dire Straits, pero cuando el talento se te escapa por cada poro, como le sucede a él, la buena música siempre está garantizada. Y lo mejor de todo es que vendrán más discos, únicamente hace falta saber si estarán vinculados al cine o no …

Esto es todo por hoy, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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