MIKE OLDFIELD – CAPÍTULO 5 (LA INMERSIÓN EN EL POP)


Hola, Graminoleños.

La primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido, y con ella llega la primera edición de “La Graminola” del mes de abril y, por consiguiente, un nuevo artículo dedicado a la figura de uno de los mayores genios de la música moderna como es Mike Oldfield.

La década de los 80 seguía avanzando y con ella Oldfield continuaba ofreciéndonos buena música y grandes discos, logrando éxito tras éxito. De esta manera llegaríamos al año 1984, un año muy productivo para el inglés en el que publicaría dos maravillosos discos.

Cronológicamente hablando, el primero de esos dos trabajos que aparecerían en el mercado en ese año 1984 sería “Discovery”, el primer disco que el músico iba a grabar fuera de Inglaterra, ya que se trasladaría hasta los Alpes Suizos para lograr otra de esas auténticas obras maestras como ahora comprobaremos.

El grado de perfeccionismo de Oldfield a la hora de componer sus canciones no tenía límite. Su traslado a los Alpes obedecería a que una de las canciones que iba a incluirse en “Discovery” iba a llevar el título de “The Lake” y para que la composición, una pieza totalmente instrumental de más de diez minutos, quedara perfecta que mejor que trasladarse hasta las montañas suizas y hospedarse en una cabaña desde la que se divisaba a la perfección el Lago Ginebra.

No es de extrañar pues, que “The Lake” resultara una auténtica maravilla para regalar a nuestros oídos.

Una vez más, Oldfield iba a contar con la maravillosa y dulce voz de Maggie Riley para algunos de sus temas y, como no podía ser de otra manera, la canción que más éxito cosecharía de este disco sería una en las que ella lleva la voz cantante, nunca mejor dicho.

Se trata de “To France”, una dulce canción con tonos celtas como solamente Oldfield sabe conseguir que, curiosamente cosecharía menos éxito en el Reino Unido que en el resto de Europa, donde se convertiría en un número uno más que sumar a los muchos conseguidos hasta ese instante. Y los que quedaban por llegar.

Otro de los vocalistas escogidos por Oldfield para algunas de las canciones del disco fue Barry Palmer, quien sufriría problemas de garganta durante su grabación, por lo que no hubo tiempo material para que pudieran corregir los pequeños defectos que esas dolencias provocaron. Finalmente, sus partes fueron incluidas tal cual fueron grabadas y los resultados fueron  tan especiales como siempre.

Como puede apreciarse en este “Trick of The Light”, la voz de Palmer dio perfectamente la talla, contando además con la colaboración de Riley. La mezcla es simplemente espectacular.

La capacidad, el talento y el virtuosismo a la hora de tocar la guitarra de Oldfield llegaba ya a cotas tan elevadas, que hasta las revistas especializadas en heavy metal, bastante numerosas por aquel entonces, se deshacían en elogios hacia él, recomendando a sus lectores la compra de sus discos. Sin duda alguna estamos ante un artista único, capaz de encandilar a cualquier aficionado a la música, sea cual sea su estilo favorito.

Ese mágico año 1984 traería como guinda un nuevo trabajo de Oldfield en forma de su primera banda sonora al completo, porque si bien su famoso y agraciado “Tubular Bells” cedería parte de su música a la banda sonora de “El Exorcista”, en esta ocasión recibiría el encargo de componer la banda sonora completa de otra película de esas que se convertirían en un auténtico clásico.

Se trata de “The Killing Fields”, estrenada en España como “Los Gritos del Silencio”, una película que narra las andanzas y desventuras de un periodista y su intérprete en Camboya durante su guerra civil. Sin duda alguna, una de las mejores películas de ese 1984.

Una vez más, la minuciosidad y la profesionalidad de Olfield quedarían patentes en la manera de componer y grabar esta banda sonora. La película es muy cruda y está repleta de escena de una dureza desgarradora, por lo que mientras componía y grababa en el estudio las piezas que iban a conformarla, Oldfield proyectaba en una pantalla las distintas escenas, logrando una comunión absoluta entre imágenes y música. Una vez más, espectacular y único.

Como acompañamiento idóneo, Oldfield contaría con la colaboración de la Orquesta Estatal de Baviera y un coro de niños que le darían un aire todavía más dramático a su música.

De entre todas las canciones que forman parte de esta banda sonora hay  una que a mí se me ocurre calificar como mágica. Se trata de “Etude”, una adaptación espectacular de la obra “Recuerdos de la Alhambra” compuesta por Francisco Tárrega. Con ella Oldfield nos ofrece un sonido especial y nunca escuchado antes, logrando un ambiente idóneo para el argumento del film.

Con tanta creatividad, con tantos discos publicados, con tantos sencillos de éxito, llegaría el momento de recapitular y sacar al mercado un doble álbum recopilatorio que llevaría el título de “The Complete”, el cual es un disco indispensable para cualquier amante de la buena música.

Este trabajo, que saldría al mercado en el año 1985, contiene todos los sencillos que había publicado hasta la fecha, extractos de algunas de sus piezas grabadas como suites de sus primeros discos y una sección verdaderamente espectacular con algunas versiones en directo que no tiene desperdicio. Realmente una auténtica joya.

Habría que esperar un par de años para volver a tener noticias de Oldfield, ya que se enfrascaría durante algún tiempo en un proyecto que le venía rondando la cabeza desde hacía bastante tiempo, en el que de nuevo la relación imagen-música iba a cobrar un gran protagonismo.

Oldfield grabaría un cortometraje con imágenes que iban a estar ambientadas con la música que iba a formar parte de su siguiente disco. La filmación llevaría el título de “The Wind Chimes” y el disco sería otra obra de arte más en su carrera titulada “Islands”.

El resultado es espectacular y poder deleitarse con su música acompañándola de las imágenes que mejor la identifican está a la altura de muy pocos artistas, por lo que podemos considerar éste como un trabajo incomparable.

El tema estrella de este disco es precisamente la canción que le da título y cuenta con una vocalista femenina de auténtico lujo. En esta ocasión no es la dulzura de la voz de Maggie Riley la que completa la composición de Oldfield, sino que será la de una artista totalmente consagrada con una voz radicalmente opuesta.

Se trata de Bonnie Tyler, que con su voz quebrada es capaz de ofrecer unos registros completamente distintos a los de su antecesora, pero dejando de igual manera su talento y personalidad plasmados en la canción.

Este disco tiene la curiosidad de que otro de sus temas destacados y que sería también publicado como sencillo, posee vocalistas distintos según se trate de la edición publicada en los Estados Unidos o en Europa.

La canción en cuestión es “Magic Touch” y está interpretada por Jim Price en su versión europea y por  Max Bacon en su versión americana. Ya que nos encontramos en el Viejo Continente yo me quedo con la versión de Price, que además tiene una voz espectacular.

Pero hay otra canción que creo que merece la pena destacar. Un tema que pasaría bastante desapercibido pero que a mí me encanta. En esta ocasión sería Anita Hergeland la que se encargaría de ponerle voz a la música que Oldfield había compuesto, dejándonos una melodía tan atrayente como esta “When The Night’s On Fire”.

Un poco más tarde, a finales del año 1986, Oldfield volvería a componer una de esas canciones que solía crear entre disco y disco, para la que iba a contar con una colaboración vocal de auténtico lujo.

Hay voces que parecen estar predestinadas a combinar a la perfección con su música, siendo una de ellas, sin ningún lugar a dudas, la de Jon Anderson, el grandísimo vocalista de los míticos Yes, que prestando su voz a este “Shine” nos dejaría una canción excepcional.

La verdad es que cuando dos artistas de tanto talento como Oldfield y Anderson se unen es imposible que no nos dejen un momento espectacular. A buen seguro que esta canción no es la más popular de la carrera del británico, ni la más vendida, ni la más exitosa, pero si hablamos de temas en los que cuenta con algún vocalista personalmente creo que muy pocas pueden superarla.

En el año 1989 saltarían a la palestra insistentes rumores sobre la posible publicación de una segunda parte del afamado “Tubular Bells”, pero en su lugar lo que aparecería sería un nuevo trabajo, con un sonido más cercano al pop que nunca, que llevaría el título de “Earth Moving”.

Esta especial incursión en el mundo del sonido más pop de toda su carrera acarrearía un pequeño retroceso en cuanto a ventas. Cierto es que  estamos hablando de un pop de calidad, pero también de la música más comercial de toda su trayectoria, algo que, cuanto menos, confundiría un tanto a sus seguidores y, sobre todo, a la crítica.

Para este disco, Oldfield contaría con hasta siete vocalistas distintos, entre los que destaca nuevamente la eterna Maggie Reily que volvería a cautivar a todos con su voz en “Blue Night”, la canción más destacada de todo el álbum.

Otra de las colaboraciones destacadas vendría de un artistas de portentosa voz que le daría a “Runaway son”, un aire muy especial. Se trata de Chris Thomson, vocalista de esa grandísima banda que fueron “Manfred Mann’s Earth Band”. Sin duda alguna, otra canción muy especial.

Solamente transcurriría un año para que viera la luz su siguiente disco, envuelto en cierta polémica, y que serviría para que Oldfield retornara de algún modo a sus raíces y tomara cumplida venganza contra su casa discográfica. Una vez más, las multinacionales en contra de los intereses de los artistas.

Corría el año 1990 y Oldfield estaba cerca de acabar su contrato con Virgin que le presionaba para que publicara un nuevo disco sinfónico y que llevara el título de Tubular Bells II. Él tenía claro que tarde o temprano publicaría la segunda entrega de sus campanas tubulares, pero que sería cuando él lo considerara oportuno y no por imposición.

De esta manera aparecería en el mercado “Amarok”, disco con el que se vengaría de la discográfica por las presiones que estaba sufriendo. Una vez más, Oldfield mostraría que no solamente era una grandísimo artista sino que tenía una apabullante personalidad.

Se trata de un disco sinfónico, compuesto de una sola pieza de una hora de duración, sin interrupciones y en la que Oldfiled vuelve a tocar todos y cada uno de los instrumentos que en él aparecen. Para muchos se trata del mejor disco de su carrera, a pesar de que por su estructura pasa por ser uno de sus trabajos menos populares.

Nos encontramos ante una nueva genialidad, ya que el disco lleva ocultos sonidos en clave morse que esconden unas feroces críticas hacia la discográfica además de unas melodías que mezclaba la música popular inglesa con el flamenco e incluso con ritmos africanos. Una auténtica obra de arte.

Como su duración es de una hora y está formado por una sola pieza, las emisoras de radio apenas se encargarían de su difusión. De hecho, Oldfield no llegaría a interpretar en directo íntegramente este trabajo, limitándose a ir ofreciendo diferentes extractos en sus conciertos. Aun así, su calidad es indiscutible.

Todavía quedaría pendiente la publicación de un álbum más bajo ese sello discográfico con el que Oldfield había iniciado una auténtica guerra y no tardaría en saldar definitivamente su deuda, ya que en el año 1991 llegaría su siguiente disco y el último publicado con la Virgin.

El disco llevaría el título de “Heaven’s Open”, en clara alusión a la liberación que para él significaba el finalizar su relación con su sello discográfico de siempre, y en él recuperaría la fórmula de varias canciones cortas junto con una especie de suite más larga como punto final, todo ello con la calidad y profesionalidad habitual.

Lo más llamativo de este disco, que además lo convierte en una auténtica joya única, es que en esta ocasión Oldfield prescinde de la colaboración de sus habituales vocalistas y es él mismo quien pone voz a todas las canciones que lo forman. Por primera vez en su carrera, un disco de Oldfield cuenta en exclusiva con su voz y merece la pena escucharle.

Como ya digo, se trata de un disco único en su especie y en el que podemos deleitarnos con Oldfield cantando temas como el que abre el disco: “Make Make”.

Otra de las peculiaridades de este disco es que por primera y única vez no iría firmado como Mike Oldfield, sino que lo haría como Michael Oldfield. No se trataba más que de otra estratagema más para complicarle a su discográfica la promoción de su último trabajo con ella, no faltando en las letras de sus canciones continuas alusiones a esta despedida tan conflictiva.

Con conflictos o sin ellos, con su nombre habitual o modificado, el disco deja música espectacular como este “No Dream”.

Pero sin duda alguna, la canción más significativa de este disco es la que da nombre a todo el álbum. Es la única que viene acompañada de su correspondiente videoclip y su montaje merece la pena verlo. En él se alternan imágenes animadas con las del propio Oldfield cantando con uno de los distintos registros que mostraría en cada una de las canciones que lo componen. Simplemente magistral.

Lo cierto es que poner fin a su relación con el sello discográfico que le vio nacer y con el que sus relaciones se habían  ido deteriorando con el tiempo significaría una grandísima liberación para él.

Para cerrar el círculo de su venganza, su siguiente disco en salir al mercado, su primer disco fuera de la Virgin iba a ser, por fin, esa tan esperada y tantas veces anunciada segunda parte de “Tubular Bells”. Pero esto ya es otra historia que contaré en el siguiente artículo de “La Graminola”, que ya advierto que viene cargado de mucho sonido de campanas. Ya me entendéis.

Hasta la próxima, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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