MIKE OLDFIELD – CAPÍTULO 6 (LAS CAMPANAS DEL NUEVO MILENIO)


Hola, Graminoleños.

Ya estamos aquí todos reunidos en torno a “La Graminola” de hoy que está nuevamente dedicada al genio de la música que es Mike Oldfield. Vamos hoy con el sexto capítulo que arrancó con su cambio de discográfica y la publicación de otro disco mítico. Comencemos.

Llegamos al año 1992, con Oldfield ya en su nueva discográfica, momento en el cual decide publicar “Tubular Bells II”, con una estructura idéntica a la de su predecesor y una música muy similar aunque evolucionada, dejándonos otra grandísima obra maestra.

Este disco se convertiría sin ningún lugar a dudas en el gran acontecimiento musical del año. Y es que tanto el propio Oldfield como su casa discográfica se volcaron como nunca con la promoción del disco. El talento y la destreza interpretativa del músico harían el resto.

La estructura del disco es idéntica a la de “Tubular Bells”. De hecho, para su composición, Oldfield tomaría cada una de las pistas que integraban su primer disco e iría introduciendo modificaciones, en ocasiones casi imperceptibles y en otras bastante notables, para confeccionar otro álbum único. Siempre se ha dicho eso de que “segundas partes nunca fueron buenas”, pero en esta ocasión esa aseveración es completamente falsa.

El comienzo del disco se asemeja muchísimo al de la primera entrega, con una introducción de piano para dar paso a una cascada de maravillosas sensaciones, que en esta ocasión llevaría el título de “Sentinel”.

Las ventas del disco fueron espectaculares, no teniendo nada que envidiar a las de la primera entrega, pudiendo decirse que las campanas tubulares volverían a conquistar el mundo musicalmente hablando.

La casa discográfica se volcaría en su promoción y, por si fuera poco, la producción del disco correría a cargo del ilustre Trevor Horn, por lo que no es de extrañar que la mezcla de talentos ofreciera un grandísimo resultado.

Las distintas partes que forman el disco son realmente una evolución de las que se incluían en el original, por lo que no es de extrañar que algunas suenen muy parecidas, aunque siempre con variaciones evidentes, algo que puede apreciarse en “Tattoo”, otra de las piezas más destacadas.

Pero cuando más se aprecia esta gran similitud entre los dos discos es al escuchar otra de sus piezas, titulada “The Bell”, en la que nuevamente Oldfield utiliza la figura de un maestro de ceremonias que va anunciando uno por uno los instrumentos que se van incorporando a la sintonía, hasta llegar al momento culminante con la aparición mágica de las campanas tubulares.

Para este tema, Oldfield utilizaría distintos maestros de ceremonia de distintas nacionalidades según el país en el que se publicaba el disco, siendo el elegido en el caso de España Carlos Finaly, locutor de la emisora radiofónica Cadena 100 que entablaría a partir de ese instante una gran relación de amistad con el artista.

Como no podía ser de otra manera, la presentación del disco se efectuaría por todo lo alto, iniciando una espectacular y exitosa gira en la que se haría acompañar por una orquesta, músicos de gran prestigio, gaiteros y unos efectos visuales, luminosos y de artificios que darían a sus conciertos un aire de grandeza total. Una vez más lo había vuelto a hacer, una vez más había vuelto a sorprender e impresionar a todo el mundo.

El inicio de su nueva etapa había sido por todo lo alto y que mejor manera que hacerlo con esas campanas tubulares tan emblemáticas para él y que se habían convertido en poco menos que sus señas de identidad. Lo mejor de todo es que sólo era el comienzo porque iba a haber más, muchísimo más, como veremos muy pronto.

El siguiente disco llegaría en el año 1994 e iba a suponer una auténtica revolución dentro de su trayectoria ya que en él abordaría una música de la que hasta ese momento había renegado: la de los sintetizadores y demás instrumentos electrónicos.

Este disco llevaría el título de “The Songs of Distatn Earth” y al incluir esta innovación en cuanto a estilo iba a originar un grandísimo debate entre los críticos y aficionados a la música, unos encantados con el cambio, otros horrorizados por el mismo.

Oldfield siempre había considerado que la música hecha con sintetizadores no era realmente música ya que en la mayoría de las ocasiones se trataba de efectos de sonido programados electrónicamente. Sin embargo, una vez más, supo ver los cambios que se avecinaban y tuvo la capacidad de reciclarse, reevolucionar y a fusionar ese tipo de música con sus composiciones. Una vez más se adelantó a todos.

Como no podía ser de otra manera, los más puristas de sus seguidores renegarían de inmediato de este disco. Sin embargo, otros muchos lo considerarían una nueva genialidad e incluso algunos lo elogiarían como uno de sus mejores trabajos.

El tema más destacado de este disco sería “Let There Be Light”, primer sencillo en aparecer en el mercado y única canción que entraría en los primeros puestos de las listas de éxitos.

El disco está inspirado por el libro del mismo nombre escrito por el autor de obras de ciencia ficción Arthur C. Clarke, lo que unido a que todas las canciones van unidas unas con otras provoca que el sonido de sintetizadores y cajas de ritmo le den un aire de auténtica epopeya musical.

El otro sencillo del disco en aparecer en el mercado sería “Hibernaculum”, un tema que resume bien a las claras el sonido general del disco, aunque tendría un éxito bastante menor.

Esta inmersión en el mundo de la música electrónica iba a hacerse bastante habitual a partir de este momento. En algunas ocasiones como acompañamiento a la música de sus discos y en otras como pieza fundamental de alguno de sus trabajos como veremos un poco más adelante.

Dos años después, en 1996, publicaría otro disco en el que volvería a dar un giro radical a su sonido, ya que se trataría de un álbum repleto de música celta con algunas versiones de temas tradicionales, aunque aderezados con arreglos más cercanos a los de su anterior trabajo.

Se trata de “Voyager”, un disco que inicialmente iba a ser únicamente de música celta, pero dado que el resultado final le pareció a Oldfield un tanto monótono y aburrido decidiría darle ese toque electrónico. Le había cogido el gustillo a la música de sintetizadores y similares, estaba claro. Y lo mejor de todo es que sus resultados eran excepcionales.

La carta de presentación de este disco lleva el título de “The Voyager”, y aunque los sencillos que publicaba Oldfield ya no tenían el éxito de otros tiempos en cuanto a ventas, en gran medida porque a la hora de comprar música el público prefería los álbumes a los singles, tendría bastante aceptación, sobre todo en el centro de Europa y Alemania.

Por aquel entonces Oldfield se había instalado en Ibiza. Se encontraba prácticamente hechizado por los encantos de la isla y decidió comprarse allí una casa frente al mar ya que de esta manera su inspiración aumentaba considerablemente.

En aquella época, en Ibiza estaba arrasando la música New Age, detalle que no pasaría desapercibido para Oldfield, por lo que los arreglos de este disco van por ese camino, algo que se convertiría en una tendencia durante los siguientes años.

Así que no es de extrañar que publicase como sencillo “The Song of the Sun”, una canción en la que puede apreciarse ese sonido tan especial y cuyo título hace referencia a la climatología habitual de las tierras ibicencas.

El disco alterna canciones nuevas con adaptaciones de canciones de otros artistas o temas tradicionales, todos ellos con el denominador común de música eminentemente celta, con más o menos arreglos “ibicencos”.

Entre esas adaptaciones de canciones tradicionales yo destacaría una de ellas que a mí personalmente me encanta. Se trata de “Women of Ireland” y su sencillez la hace todavía más grande.

Lo cierto es que esa inspiración que buscó en tierras ibicencas no llegaría en la forma que él había imaginado, por lo que esos dos años que pasó allí fueron considerados por él mismo como una especie de compás de espera para relanzar de nuevo su carrera, algo que lograría con el lanzamiento de una nueva entrega de sus campanas tubulares.

Sería en 1998 cuando aparecería en el mercado “Tubular Bells III”, que si bien es la entrega que menos ventas obtuvo de las tres, dejaría igualmente una maravillosa música y algunos momentos verdaderamente brillantes. Ojo, que vendiera menos no significa que no consiguiera unas ventas espectaculares, simplemente menores. Además, su puesta en escena y la manera de presentar el disco lo convertirían en el gran acontecimiento musical de ese año.

La estructura de esta tercera entrega es bastante similar a la de sus predecesores, pero con una pequeña variante. Igualmente se trata de una obra conceptual dividida en dos partes, pero en esta ocasión unidas por una canción que a mí se me antoja verdaderamente mágica, atrayente, maravillosa.

Se trata de “Man in the Rain”, una canción con una melodía y unos arreglos muy similares a los de “Moonlight Shadows”, estando considerada como una continuación de ésta. Continuación o no, nos encontramos con una preciosa melodía para escuchar una y otra vez.

Dependiendo de si se trataba de la edición americana o la edición europea, esta canción fue interpretada como vocalista por Cara Dillon o Heather Burnett, pero en el concierto de presentación del disco, del que os hablaré a continuación, Oldfield sorprendería a todos al ser una jovencísima cantante llamada Pepsi Demacque, que con su atrayente voz cautivaría a todo el mundo. A partir de ese momento y durante algún tiempo se convertiría en su nueva Maggie Reilly, su nueva vocalista de cabecera.

La presentación del disco sería espectacular. Para ello se elegiría un escenario tan mágico como el Horse Guards Parade de Londres, frente al Palacio de Buckingham, y tanto la puesta en escena, el sonido y los efectos visuales fueron inmensos, aunque algo diluidos por las inclemencias meteorológicas, ya que una tormenta empañaría en cierto modo el espectáculo provocando incluso un apagón de unos minutos. Aun así, fue un concierto para recordar.

El sonido de este “Tubular Bells III” viene muy marcado por la música electrónica y chillout que habían marcado claramente a Oldfield durante su estancia en Ibiza, y lejos de desvirtuar su música, le dan un aire modernista y envolvente que no tienen las dos primeras entregas. La evolución es bastante evidente.

Esta evolución se aprecia desde el primer tema del disco, “The Source of Secrets”, en el que la voz de la cantante india Amar la convierte en imprescindible.

Como no puede ser de otra manera, el final del disco vuelve a ser una espectacular canción en la que se van sumando poco a poco distintos instrumentos y tonos y, al igual que en las dos primeras entregas, cuenta con un maestro de ceremonias muy especial, que se encargará de ir presentando lo que vamos a escuchar.

Realmente hay que hablar de maestra de ceremonias, porque se trata nada más y nada menos que de Greta Marie, la hija de Oldfield que por aquel entonces contaba con tan sólo diez años. Sobre ella, sobre su voz de niña recae la presentación y guía de “Far Above the Clouds”.

Curiosamente, él que tanto había renegado en su momento de los sintetizadores y similares, ahora utilizaba con asiduidad cualquier instrumento electrónico que existiera para adornar todavía más su música. Como tantas y tantas veces, lograría controlar la técnica de tal manera que pasaría a ser considerado como uno de los compositores fundamentales del desarrollo de la música que se acercaba y que en nuestros días domina una gran parte del espectro musical.

Esta especie de encantamiento por estas nuevas técnicas de sonido se vería todavía más acrecentada con la publicación de su siguiente disco, el más experimental de toda su carrera, en el que daría otra lección magistral de lo que es innovar y demostrar el talento que lleva dentro.

El disco en cuestión sería publicado en el año 1999 bajo el título de “Guitars” y como su propio nombre indica en él predomina este instrumento, aunque como veremos a continuación el sonido final no es exclusivo. Os lo explico de inmediato.

La peculiaridad de este disco es que los únicos instrumentos que Oldfield utilizaría serían guitarras, a pesar de que en él se incluyen todo tipo de sonidos. Y es que para la ocasión utilizaría unas pastillas especiales en esas guitarras mediante las cuales el sonido de sus cuerdas es transformado a través de sintetizadores en el de cualquier otro instrumento. Otra vez más había sorprendido a propios y extraños.

Uno de los temas destacados de este disco sería “Muse”, en el que su sonido acústico y relajado nos lleva al Oldfield de sus primeros tiempos, de aquellos inicios en los años 70. Eso sí, recordad que todos los sonidos que podéis escuchar proceden de las cuerdas de las distintas guitarras del genio.

Ni que decir tiene que el virtuosismo que Oldfield poseía a la hora de tocar la guitarra, convertiría este disco en una auténtica genialidad, ofreciendo un sonido y una interpretación que roza la perfección. Parece imposible pensar que los sonidos de viento, de percusión o incluso los teclados que aparecen en cada una de las canciones proceden de sus manos acariciando las cuerdas de una guitarra.

Sin duda alguna, la demostración más palpable de esa “casi-perfección” se aprecia en “Cochise”, tema en el que suenan un sinfín de instrumentos, aunque realmente lo único que Oldfield tocaba en él era una guitarra. Es-pec-ta-cu-lar.

Las ventas del disco estarían algo por debajo de lo habitual y dado que estábamos ante un trabajo eminentemente instrumental y experimental, la difusión mediante las emisoras de radio fue menor y la ausencia de gira de apoyo también influiría para que se produjeran estos resultados.

De cualquier manera, la música que compone este disco tiene una calidad indiscutible y una de sus canciones sí que adquiría cierta popularidad entre el público. Se trata de “Summit Day”, otra maravillosa composición.

Poco después se embarcaría en una gira en la que daría repaso a la música de sus últimos discos, incluyendo también algunos de sus grandes éxitos de siempre, contando con Pepsi Demacque en las labores de vocalista principal y del grupo gallego Luar Na Lubre como teloneros. La gira sería todo un éxito y la voz de Pepsi cautivaría definitivamente al público en general.

El paso del tiempo nos acercaba inexorablemente al año 2000 y, por consiguiente, al inicio de un nuevo milenio, por lo que Oldfield volvería a crear una obra maestra para conmemorar los 2000 años desde el nacimiento de Cristo y pasar un repaso, musicalmente hablando claro está, a muchos de los hechos históricos más destacados de todos esos años.

El resultado sería “The Millennium Bell”, un disco publicado en el año 1999 en el que además de dar ese repaso histórico aborda un sinfín de estilos musicales demostrando una vez más que no solamente es capaz de tocar cualquier instrumento sino que también tiene una facilidad sorprendente para moverse en cualquier estilo musical.

Como no podía ser de otra manera, la apertura del disco es una especie de villancico en el que Oldfield trata sobre la resurrección de Cristo, cuyo título es “Peace on Earth”.

Otro de los momentos más destacados del disco está inspirado en la época precolombina, más concretamente en la cultura inca, utilizando Oldfield música étnica del Perú mezclada con arreglos electrónicos.

Se trata de “Pachamama”, canción en la que la vocalista escogida sería Myryam Stockley, colaboradora habitual de Adiemus, acompañada de un espectacular coro.

Uno de los momentos culminantes del disco llega de la mano de la canción “Sunlight Shining Through Clouds”, el tema elegido para recordar la época de la esclavitud en los Estados Unidos de América, posiblemente la mejor composición de todo el álbum.

En esta canción volvería a contar con la voz de Pepsi Demacque junto a un coro góspel, por lo que la magnanimidad de su sonido es total.

Pero si hay una canción que demuestra bien a las claras la versatilidad y el grado de variedad de registros que Oldfield era capaz de dominar esa es “Amber Light”, donde la complejidad se mezcla con la belleza en una melodía dedicada a la llegada de un esperanzador e ilusionante nuevo milenio.

La magia de este tema radica en la utilización de dos coros que van superponiendo sus voces hasta mezclarse al unísono, creando una atmósfera verdaderamente única.

A estas alturas del artículo supongo que ya os habréis percatado de que este disco me encanta. Me parece una genialidad más, pero además con una colección de registros, sonidos y estilos como nunca antes había ofrecido en un mismo trabajo.

En esta ocasión, el tema final no sigue las pautas habituales en sus anteriores discos “campaneros”, pero no por ello deja de ofrecer una canción básica para este trabajo, ya que se trata de una especie de compilación-resumen de todo lo que ha ido sonando, con extractos y variaciones de las canciones que lo componen. El deleite pues es total. Su título: “The Millennium Bell”.

Lo que está claro es que la entrada del nuevo milenio había sido recibida a lo grande por Mike Oldfield, mostrando una vez más su capacidad para evolucionar según lo iba haciendo la música y sentando las bases para una nueva sorpresa como iba a ser su siguiente disco que …

Porque esta es otra historia que ya contaré en los dos primeros artículos del próximo mes de mayo. Hasta entonces ya sabéis que seguiremos disfrutando de una magnífica y maravillosa música.

Hasta pronto, Graminoleños

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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