U2 – CAPÍTULO 1 (TIEMPOS DE GLORIA)


Hola Graminoleños.

Después de año y medio de publicaciones ya estaba tardando en aparecer por “La Graminola” la banda en activo más importante del panorama musical internacional. Ya he dicho siempre que asegurar que alguien es el mejor es muy subjetivo y arriesgado, pero es que en este caso los números cantan. Son el grupo que más discos ha vendido en la historia de la música y el que más ha recaudado en sus distintas giras y conciertos. Si a esto le añadimos buena música, no hay más que reconocer que U2 son los más grandes.

El grupo se formó en Dublin en el año 1976 cuando un joven estudiante que tocaba la batería, llamado Larry Mullen, puso un anuncio en el tablón de su escuela buscando gente para formar un grupo. Los primeros en aparecer serían los hermanos Evans, Dave y Dick, ambos guitarristas, que no acabaron de convencerle demasiado. Finalmente se decantaría por el primero de ellos ya que el nivel de los que fueron apareciendo por allí no era demasiado alto.

A continuación llegaría el turno de elegir al bajista del grupo y ahí no hubo ninguna duda. Un joven llamado Adam Clayton, con cierta experiencia ya en otros grupos, demostraría ser un auténtico virtuoso y se convertiría en el tercer miembro de la banda. Ya solamente faltaba alguien que cantase y además fuese la segunda guitarra.

Entre los aspirantes a convertirse en la voz del grupo aparecería Paul Hewson que no estuvo demasiado acertado el día de la audición. Cuando tocó la guitarra dejó bastante que desear y en el momento en que intentó demostrar sus dotes vocales lo hizo todavía peor. Sin embargo, Mullen se dejó cautivar por su tremenda personalidad y pensando que poco a poco podría ir aprendiendo y mejorando decidiría darle la oportunidad.

El siguiente paso era elegir un nombre y en un principio adoptaron el de Feedback, cambiándolo poco después por el de The Hype y finalmente adoptar el de U2. En un principio esta denominación iba a ser provisional pero causaría tan buena impresión que finalmente sería la definitiva. Siempre se ha dicho que el nombre se inspira en el famoso avión espía pero lo que más les atrajo realmente fue que al pronunciarlo en inglés sonaba igual que “you too”, es decir, “tú también”.

Además, alguno de ellos adoptaron también nombres más profesionales. Dave Evans adoptaría el seudónimo de “The Edge”, mientras que Larry Mullen añadiría a su nombre Jr. para diferenciarse del de su padre. El caso más curioso sería el de Paul Hewson que inicialmente adoptaría el apodo de Bono Vox, que en latín significa buena voz, para dejarlo finalmente en el archiconocido Bono.

Sus principios fueron bastante precarios y con muy pocos medios, lo que no sería impedimento para que ganaran un concurso patrocinado por la CBS que les daría la oportunidad de grabar su primer EP en el año 1978. Llevaría el título de “Three” y sería su debut absoluto.

De este EP se editarían muy pocas copias por lo que a día de hoy es un auténtico artículo de coleccionista. Como su título indica, está integrado por tres canciones siendo el tema estrella y el que puede considerarse como primera canción de su historia el titulado “Out of Control”.

El grupo empezaría a adquirir bastante popularidad en Irlanda pero cuando dieron el salto a tierras inglesas la cosa fue bastante distinta. Allí se llevaría su primera decepción al comprobar que los ingleses no estaban demasiado emocionados con su música.

Mientras tanto ellos seguirían a lo suyo, y aunque no habían conseguido la grabación de su primer larga duración sí que habían conseguido hacerse notar. De esta manera, a principios del año 1980 iban a publicar un nuevo sencillo, titulado “Another Day” que se iba a convertir en fundamental en su carrera.

Este sencillo funcionaría muy bien y tendría gran aceptación también en Inglaterra, por lo que finalmente les llegaría la oportunidad de grabar su primer larga duración. El sonido tan especial que emanaba de sus guitarras fue fundamental para captar la atención de la industria discográfica.

El disco sería publicado ese mismo año 1980 y llevaría el título de “Boy”, convirtiéndose en la auténtica ópera prima de U2.

El disco vendría con una sorpresa debajo del brazo en forma de éxito musical. Una canción que siempre se ha interpretado como una especie de canto religioso que ellos nunca han desmentido y que causaría un grandísimo revuelo.

Y es que “I Will Follow” llamaría la atención de muchas emisoras radiofónicas que emitirían la canción sin parar, colocándoles en el candelero y provocando que los jóvenes británicos se fijaran en su música. Su sonido, sus letras en ocasiones tan críticas con la sociedad de la época y la personalidad de los miembros del grupo harían el resto.

Esta canción puede considerarse como el primer gran éxito de su carrera. De hecho, ha sido una de las habituales en sus conciertos incluso en las últimas fechas. La frescura de su sonido y la intensidad a la hora de interpretarla son inimitables.

Pero sin duda alguna lo que más llamaría la atención de manera inmediata sería el liderazgo que Bono estaba empezando a ejercer. Su personalidad era arrolladora y su manera de moverse en el escenario cautivaba a todo el mundo, haciendo de canciones como “A Day Without Me” momentos inolvidables.

Lo más curioso de este album de debut es que obtendría mejores críticas y resultados en Estados Unidos que en el Reino Unido. Da la impresión de que en esta oportunidad los americanos supieron ver antes que nadie que nos encontrábamos ante un grupo que iba a ser grande. Y bien que acertaron.

De entre todas las canciones de este disco hay una que a mí personalmente me parece muy especial. Creo que es la mejor del disco y simplemente os diré que me encanta. Se trata de “Another Time, Another Place”, para mi gusto la primera joya de su carrera.

Su popularidad fue en aumento en gran parte gracias a sus actuaciones en directo, llegando a telonear a artistas de la talla de Talking Heads, aunque muy pronto empezaron a ofrecer sus propios conciertos aunque en recitos de aforo más reducido.

De esta manera, en el año 1981 iba a llegar su segundo álbum bajo el título de “October”, el cual está considerado como el trabajo más flojo de toda su carrera y con el que iban a obtener unos resultados de ventas bastante pobres. Su primera decepción.

Siempre se ha dicho que el segundo disco de cualquier artista siempre es el más importante. Después de publicar un trabajo disco con más o menos éxito, el futuro depende de que ese segundo álbum tenga aceptación o no. Si es bueno, habrá futuro, si por el contrario flojea, será más complicado conseguir una tercera oportunidad.

Fuera por lo que fuere, sus ventas fueron bastante escasas y la crítica sería contundente con ellos. Posiblemente el exceso de espiritualidad en sus letras y una cierta repetición en los riffs y los acordes de algunas de sus canciones serían las circunstancias culpables de originar esas opiniones. Tan sólo dos de los temas del disco se salvarían ligeramente de la quema, siendo una de ellas la que da nombre al álbum, un tema totalmente instrumental.

Dentro de esa espiritualidad e incluso religiosidad en la que se mueve este disco, hay una canción que podríamos decir resume a la perfección lo que ofrece. Se trata de un tema en el que se incluye una parte coral que recuerda a Iglesia por todas sus notas. Su título no podía ser más apropiado: “Gloria”.

El mayor atractivo de esta canción lo tiene su parte más instrumental. Es bastante habitual recordar solos de guitarra incluidos en las composiciones, pero lo es menos que esa parte de lucimiento corra a cargo del bajo. Pues bien, en esta oportunidad el virtuoso Adam Clayton es el encargado de ese momento memorable.

La decepción que se llevaron fue bastante grande pero no desfallecieron. Eran conscientes de que se la jugaban con su siguiente disco. Cualquier paso en falso podía ser definitivo y acabar prematuramente con su carrera. Afortunadamente iban a demostrarle a todo el mundo de la pasta de la que estaban hechos.

Así las cosas, en el año 1983 aparecería en el mercado “War”, su tercer álbum y el que les iba a dar el impulso definitivo hacia la fama. Un trabajo más elaborado, con un cambio de sonido y de forma de componer que resultaría definitivo para su carrera.

En esta ocasión sus letras dejan a un lado su lado espiritual y religioso y se cargan de contenido político. Hemos de tener en cuenta que nos encontrábamos en uno de los momentos más complicados en la situación que se vivía en el Ulster  y como irlandeses que eran vivían muy de cerca los acontecimientos.

El público en general se rendiría a sus pies al escuchar la música de este disco, pero a los críticos especializados les costaría algo más. Pensemos que la carga crítica hacia las relaciones entre ingleses e irlandeses que tienen muchas de las canciones de alguna manera les pasarían factura.

La canción más representativa y con mayor carga política es sin duda “Sunday Bloody Sunday”, en la que hacen referencia al denominado “Domingo Sangriento” que tuvo lugar en la localidad de Derry el 30 de enero de 1972. Una manifestación que inicialmente era pacífica acabaría con fuertes enfrentamientos entre manifestantes y policía. Algunos incontrolados comenzaron a lanzar pierdas contra los policías y estos repelerían la agresión con gases lacrimógenos en principio y disparando a continuación. Catorce manifestantes morirían en los disturbios en uno de los episodios más negros y lamentables del conflicto del Ulster.

Aquí os dejo una impresionante versión en directo. Sin duda alguna después de ver y escuchar esto se hicieron grandes en un momento. Simplemente insuperable.

No solamente la carga política de las letras de las canciones del disco son su única seña de identidad. En cuanto a su sonido, nos encontramos con unos tonos más oscuros, unos riffs de guitarra más poderosos y, sobre todo, el sonido de la batería más presente que nunca. Toda esta mezcla nos deja alguna que otra canción verdaderamente mágica.

Entre estas canciones especiales se encuentra una que está considerada como el primer gran éxito de su carrera, una de sus mejores composiciones de siempre y el tema que iba a ponerles definitivamente en órbita, tanto en Europa como en Estados Unidos.

Esta canción no es otra que “New Year’s Day”, la primera en entrar en las listas de éxito de todo el mundo y que les daría a conocer fuera del Reino Unido. Desde ese instante, U2 sería considerada como una de las bandas más prometedoras del momento y los que así pensaron no se equivocarían lo más mínimo.

A pesar de todo, el abandono de los temas religiosos que habían mostrado en sus primeras composiciones no sería definitivo. Cierto es que en este disco tendrían una mínima presencia y que a lo largo de su carrera no volverían a incidir apenas en ellos, pero en “War” todavía quedaba un pequeño hueco para una de esas canciones.

Se trata de “40”, la canción que cierra el disco y que está inspirada en el Salmo número 40 de la Biblia. Posiblemente su última incursión en el tema espritual.

Su popularidad comenzaría a subir como la espuma por aquel entonces en gran medida por el dinamismo y la novedosa manera de manejarse en sus conciertos. La figura de Bono llenaba todo el escenario y la intensidad de su sonido en general y de la forma de tocar la guitarra de The Edge en particular les estaban convirtiendo en uno de los grupos favoritos del público a la hora de verles actuar en directo.

Por ese motivo, de manera inmediata a la finalización de la gira de “War” aparecería en el mercado un vídeo y un disco con los mejores momentos de sus actuaciones en directo. Su revolucionaria manera de presentar sus conciertos llevarían a este disco a convertirse en el álbum grabado en vivo más vendido de la historia de la música británica. Su título: “Under a Blood Red Sky”.

Con todas estas premisas no era de extrañar que hubiese una gran expectación por la publicación de su siguiente disco, que llegaría en el año 1984 bajo el título de “The Uforgettable Fire” y que iba a corroborar que las expectativas depositadas en ellos ya eran una auténtica realidad.

Con este nuevo trabajo darían un salto de calidad muy evidente, además de que su sonido evolucionaría hacia otros derroteros que iban a llevarles a la cima del éxito. El gran responsable de estos cambios no iba a ser otro que el grandísimo Brian Eno, antiguo componente de Roxy Music, que con su magia a la hora de producir los trabajos de otros artistas les iba a colocar en un estatus inimaginable cuando dieron sus primeros pasos.

Además, la canción más destacada de este disco viene con dedicatoria especial e iba a convertirse en uno de sus grandes clásicos y en un auténtico himno de la década de los 80.

Muchos ya os estaréis imaginando que me refiero a “Pride (In the Name of Love)”, un tema dedicado a la figura de Martin Luther King que se convertiría de inmediato en una de las canciones más emblemáticas de su carrera, con un directo espectacular y una de las preferidas del público.

La producción de Brian Eno era sinónimo de calidad y de éxito. Todo lo que tocaba por aquel entonces lo convertía en oro, por lo que no era de extrañar que este nuevo trabajo llegase al número uno de las listas de ventas del Reino Unido, triunfara en toda Europa e irrumpiera como un tiro en las listas norteamericanas. U2 estaba empezando a convertirse en una de las principales bandas del panorama musical internacional.

De la mano de Eno su sonido se volvería más experimental, con la guitarra y el bajo llenándolo todo y la introducción por primera vez de los teclados de los sintetizadores como acompañamiento, dando como resultado canciones tan espectaculares como la que da nombre al disco.

Este disco está considerado por la crítica como uno de sus mejores trabajos, aunque como veremos a continuación realmente no era más que la antesala al auténtico boom que iba a significar su siguiente álbum.

Una vez más, sus actuaciones en vivo sería espectaculares. Y es que las canciones de este disco suenan a la perfección en sus conciertos, creando un ambiente mágico y atractivo para el público con temas como este “Bad”, uno de mis temas preferidos.

A estas alturas de su carrera se habían convertido ya en uno de los grupos más destacados del panorama musical internacional, pero les faltaba aún subir un escalón más para adquirir el calificativo de estrellas. Esta cuestión iba a quedar solucionada de manera inmediata con la publicación de su siguiente disco.

Éste aparecería en el mercado en el año 1987 bajo el título de “The Joshua Tree” e iba a convertirse en el álbum más importante de su carrera el cual les iba a llevar al estrellato más absoluto y hacerles adquirir unos cotas de popularidad excepcionales.

Este disco contaría nuevamente con la producción de Brian Eno y está considerado por la crítica especializada no solamente como el mejor disco de su carrera sino como una auténtica obra maestra, algo con lo que estaría de acuerdo el público en general ya que las ventas que obtendría serían descomunales.

El disco es una grandísima maravilla de principio a fin, con un sonido limpio y brillante y con unas cuantas canciones que pasan por ser auténticas joyas. Dentro de él se incluyen algunas de las composiciones más emblemáticas de su carrera y auténticos himnos de la música de la década de los 80.

Por si fuera poco, entre sus canciones nos encontramos con el mejor tema que jamás hayan creado. Una composición mágica, con el bajo de Adan Clayton marcando el ritmo desde el inicio, la guitarra de The Edge inundándolo todo a continuación y la voz de Bono más inspirada y entregada que nunca. Se trata del mítico “With or Without You”, una de las mejores canciones de la historia de la música.

Su consagración definitiva llegaría con este disco. Bono se convertiría a partir de este instante en una de las figuras mediáticas más importantes del momento y The Edge pasaría a ser considerado como uno de los mejores guitarristas del mundo, mostrando una variedad de registros y una forma de tocar verdaderamente excepcional.

Una vez más la producción de Eno iba a notarse profundamente y lograr un sonido como solamente él es capaz de conseguir. Con “With or Without You”, llegarían al número uno de manera inmediata, algo que iban a repetir con otro de los sencillos que aparecerían en el mercado.

Se trata de “I Still Haven’t Found What I’m Looking For”, una canción mágica, especial, única que se convertiría en un clásico dentro de su carrera y una de las canciones más espectaculares a la hora de ser interpretadas en directo, algo que ya os comentaré a su debido tiempo.

La manera de tocar la guitarra de The Edge se convertiría desde este instante en personal e intransferible convirtiéndose prácticamente en la marca patentada del sonido del grupo. Con tan sólo escuchar algún acorde de guitarra de cualquiera de sus canciones podía identificarse de manera inmediata quien era su protagonista. Sus riffs eran inimitables.

Este sello inconfundible llega a su mayor nivel en otra de las canciones que adquirirían la categoría de míticas incluidas en este disco. Se trata de “Where the Streets Have no Name”la canción con la que se abre el álbum y uno de esos temas inconfundibles con un inicio verdaderamente único.

Cualquiera de las canciones incluidas en el disco es espectacular, con potencial suficiente para ser publicada como sencillo. De hecho, incluso aquellas que no salieron como tales adquiriría no obstante una gran popularidad porque sonarían una y otra vez por las emisoras de radio.

Eso es lo que sucedería por ejemplo con “In God’s Country”, un tema de una calidad increíble que triunfaría sobre todo en Estados Unidos. Una de las caraceterísticas que marca las canciones de esta obra maestra es la contundencia de su puesta en escena y este tema no es una excepción.

La puesta en escena de todas y una de las canciones es una maravilla. La mayoría de ellas supera con creces los cuatro minutos y muchas los cinco, lo que da para que tengan un importante parte instrumental dando la oportunidad a todos ellos para brilar en algún momento. No dejaron absolutamente nada a la improvisación.

Esto es lo que sucedería con “One Tree Hill”, un tema con una melodía dulce y cadenciosa con esa parte instrumental de la que os hablo al principio. Una canción para relajarse.

En líneas generales el disco mantiene cierta uniformidad sonora. Podría hablarse incluso de un disco casi conceptual en el que cada canción va encajando a la perfección con la siguiente pero con una excepción bastante clara.

Se trata de una canción con una atmósfera pesada que recuerda de algún modo a su anterior disco, en el que la voz de Bono suena casi en un lamento, angustiosa, desesperada. Me estoy refiriendo a “Bullet the Blue Sky”, la canción más extraña del disco sin dejar de ser genial.

De lo que no cabe ninguna duda es de que con este disco se iban a convertir en una de las bandas más seguidas y admiradas del momento y con un recorrido espectacular. Sus conciertos eran todo un acontecimiento y muy pocos artistas tenían en ese momento la trascendencia que ellos tenían.

Por si fuera poco, la gira promocional del disco iba a proporcionar un nuevo trabajo al año siguiente en el que se incluirían algunos temas grabados en directo junto con otros de estudio totalmente nuevos que iban a configurar otra joya de álbum.

Pero esta es otra historia que os contaré en unos días en el segundo capítulo dedicado a la carrera de U2. No os lo podéis perder porque viene cargado de muy buena música y de la mejor época de toda su trayectoria. Os espero.

Hasta entonces, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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