DANZA INVISIBLE – CAPÍTULO 1 (PASO A PASO HACIA LA CIMA)


Hola Graminoleños.

Vienen al artículo de hoy de “La Graminola” una banda española que he de reconoceros que es una de mis favoritas. Un grupo que nos llega desde tierras malagueñas y que ha demostrado durante toda su carrera una grandísima creatividad. Me estoy refiriendo a “Danza Invisible”.

Corría el año 1981 cuando Ricardo Texidó, que tocaba la batería en un grupo llamado Cámara, contactaría con Chris Navas y Manolo Rubio, miembros por aquel entonces de Adrenalina para formar un nuevo grupo. De manera inmediata se incorporaría el guitarrista Antonio Gil creando el que iba a convertirse con el paso del tiempo en el grupo más importante nacido en tierras malagueñas. Eso sí, hay que decir que la incorporación estrella tardaría todavía un poco en llegar.

El grupo se mostraría influenciado en un primer momento por el pop-rock británico. Ellos eran de Torremolinos y la población británica que habitaba por allí era considerable, por lo que la mayoría de bares y pubs estaban dirigidos a esa clientela y ponían la música que triunfaba por aquel entonces en el Reino Unido.

Como tantos y tantos grupos que intentaban abrirse camino en el mundo de la música, mandarían una maqueta a una emisora de radio local que organizaba un concurso entre bandas nuevas cuyo premio era grabar un EP compartido con otros tres grupos. Ellos fueron uno de los elegidos y de esta manera convertirían “Tinieblas en Negro” en el primer sencillo de la historia de Danza Invisible.

Su sonido en esta primera época estuvo muy influenciado por grupos como los mismísimos Simple Minds y llamaría poderosamente la atención del público, pero les faltaba algo. En estos primeros momentos Texidó llevaba la parte vocal además de tocar la batería, por lo que sopesaron la posibilidad de incorporar un nuevo miembro al grupo que se convirtiera en el vocalista absoluto.

De esta manera, en el año 1982 pasaría a formar parte de la banda Javier Ojeda quien con el paso del tiempo iba a convertirse en su auténtico líder y en uno de los personajes más importantes del pop español. Podría decirse que con su llegada se iniciaría el verdadero camino de Danza Invisible en el panorama musical de nuestro país.

Ya con Ojeda en el grupo sacarían al mercado un nuevo EP con cuatro canciones titulado “Sueños” entre las que destaca sobre todas ellas “Sueños de Intimidad”, convirtiéndose en el segundo paso hacia el camino a la fama, con el sonido que iba a marcar sus primeros tiempos.

La lucha por intentar abrirse camino les llevaría a participar en un por aquel entonces conocido festival que se celebraba en Jerez de la Frontera del que resultarían vencedores. El jurado quedaría impresionado por su destreza y profesionalidad a la hora de tocar su música, algo de lo que carecían la mayoría de los grupos que se estaban formando por aquella época a los brazos de la famosa “Movida Madrileña”, los cuales tocar lo que se dice saber tocar … bastante poco, la verdad.

El premio consistía en la grabación de un nuevo EP con tres canciones, entre las que destacaría “Mis Ojos Hacia Ti”, canción que puede decirse que sería la que les abriría de par en par las puertas a grabar su primer álbum, algo que no tardaría en producirse.

A partir de ese momento su popularidad subiría como la espuma y de manera inmediata darían el salto a Madrid. Las emisoras de radio empiezarían a hacerse eco de su música y cuando tocaron en la mítica sala de Rockola cosecharon un tremendo éxito mostrando un sonido único y espectacular que provocaría los elogios generalizados de la crítica especializada.

Estaba claro que había llegado el momento de publicar su primer larga duración, por lo que en el año 1983 aparecería en el mercado “Contacto Interior”, su álbum de debut. Un disco producido por Julián Ruiz y en el que se depositaron unas grandes expectativas.

Lo tenían todo a favor para triunfar. Eran buenos músicos, hacían buenas canciones, el público los aclamaba, la crítica los elogiaba. Todo apuntaba a que los resultados de su primer trabajo iban a ser formidables y sin embargo llegaría la decepción. Sus ventas no se acercarían ni de lejos a lo esperado.

De alguna manera el sonido del disco dulcificaba un tanto el que mostraban en público en sus conciertos. Al menos a eso achacaron ellos las escasas ventas, pero lo cierto es que el pensamiento generalizado es que habían llegado un poco “creciditos” a este momento y se habían relajado y confiado un poco. Como veremos más adelante, la cura de humildad no les vendría nada mal.

Pese a todo, entre las canciones del disco figura una que puede considerarse emblemática. Se trata de uno de sus grandes clásicos y un tema rotundo, de calidad y espectacular. Me estoy refiriendo a “Al Amanecer”.

Lo cierto es que ellos mismos no encajarían demasiado bien los pobres resultados cosechados y comenzaron a ganarse una fama de polémicos y distantes, aunque en realidad se trataba de una simple pose con la que querían demostrar que eran más duros de los que reflejaba su primer disco.

Resultados comerciales al margen, a mí me parece un buen disco y con el paso de los años obtendría el reconocimiento que en su momento no tuvo. Además contiene una de las canciones que más me gustan y que creo que es una de sus mejores composiciones de siempre, esta mágica “Tiempo de Amor”.

A pesar de todo su caché no se vería alterado. Su directo seguía funcionando muy bien y llegarían a ser teloneros de Spandau Ballet en los conciertos que ofrecieron en España. Por si fuera poco, el cine español se fijaría en ellos para que una de sus canciones formase parte de una película muy especial.

Se trata de “Sal Gorda”, una película ambientada en el mundillo musical dirigida por  Fernando Trueba y protagonizada por Óscar Ladoire y en la que aparece como parte de su banda sonora “Sin Decir Adiós”, una canción compuesta especialmente para la ocasión.

De los errores se aprende y ellos lo hicieron. La precipitación no había sido buena compañía con la publicación de su primer disco por lo que se tomarían con calma la grabación del siguiente. Ya sé que suena a tópico pero estaba claro que se la jugaban. Eran una gran promesa pero si no confirmaban su calidad de inmediato se iban a convertir en otro grupo más triturado por el mundo de la música.

Así pues, en el año 1985 aparecería en el mercado “Maratón”, un disco que se acercaba más a lo que ellos realmente querían ser y que sin obtener unos resultados especialmente relevantes sí que contenía un par de canciones que llamarían la atención del público y adquiriría la condición de clásicos de su carrera.

En esta ocasión mostrarían un sonido más contundente, cercano al que ofrecían en directo y con el que conquistaron al público y a la crítica cuando eran todavía unos perfectos desconocidos. La cura de humildad a la que se habían visto sometidos tras los pobres resultados de su álbum de debut parecía recoger sus primeros frutos.

Cierto es que con este segundo trabajo tampoco se convertirían en un fenómeno de masas, eso vendría después, pero sí que recuperarían el interés del público por su música, gracias en gran medida a la canción “El Ángel Caído”, un tema que se iba a convertir en una especie de himno para sus fans. Me vuelve loco esta canción, la primera en la que Ojeda empezó a dar muestras de lo que era capaz de hacer con su voz.

Pese a la mejoría, el entusiasmo de su discográfica por ellos había decrecido notablemente y la promoción del disco no sería demasiado buena, lo que a corto plazo iba a originar el inevitable cambio de sello. Por si fuera poco, las diferencias entre los miembros del grupo iban a empezar a aparecer, producto en gran medida del nerviosismo por no terminar de arrancar del todo.

Lo cierto es que Texidó cada vez parecía más apartado del resto de sus compañeros. Las letras que proponía no eran del gusto de éstos y el creciente liderazgo de Ojeda empezaba a ser mal encajado por el batería y fundador del grupo, por lo que empezaría a involucrarse en trabajos paralelos. La crisis, la profunda crisis parecía abierta.

Donde no existía crisis alguna era sobre el escenario. Sus actuaciones en vivo seguían teniendo la contundencia de siempre y podría decirse que era lo que les mantenía vivos aún. En este sentido hay que destacar otra de las canciones del disco que se iba a convertir en un clásico en sus conciertos y una de esas canciones que se esperan casi con ansiedad por parte del público en cada actuación.

Se trata de “El Club del Alcohol”, una canción que por su ritmo, por su letra y por la conexión que Ojeda conseguía con el público en los conciertos iba a convertirse en imprescindible en cada actuación.

Podría decirse que ahora sí se había sembrado la primera semilla, pero todavía quedaba mucho camino por delante para asentar el proyecto. Conscientes de ello no escatimarían ningún esfuerzo ni ningún medio a su alcance para que el siguiente disco fuera el de su definitivo asentamiento, por lo que se marcharon hasta el Reino Unido para grabar su nuevo trabajo.

Éste sería publicado en el año 1986 bajo el título de “Música de Contrabando” y está considerado como uno de los mejores discos de su carrera. No sé si será el mejor, pero lo que queda claro es que sería el que marcaría su futuro y demostraría por fin que eran un grupo a tener en cuenta en el futuro como muchos habían sospechado desde el principio.

Para la ocasión se rodearían de los mejores profesionales posibles, por lo que el sonido, la producción y los arreglos que muestran en esta ocasión muestran una música plena de profesionalidad y calidad. Si a eso le sumamos la voz de Ojeda, que brilla con luz propia como no lo había hecho antes, la combinación deja un producto excepcional.

A estas alturas de la película ya nadie dudaba de que el líder de la banda era Ojeda. Su manera de comportarse en los conciertos lograba meterse en el bolsillo al público en cada actuación. Su manera de cantar no estaba al alcance de muchos y combinaba a la perfección con la forma de tocar de sus compañeros. No cabía duda, habían encontrado la fórmula y se encontraba en un estado de forma buenísimo.

Por todo esto no es de extrañar que algunas de las canciones que conforman el disco tengan un aire mágico, como sucede con “Agua Sin Sueño”, sin duda alguna una de las más destacadas composiciones que hayan creado en toda su carrera.

Las letras de sus canciones estaban cada vez más cuidadas gracias a que Ojeda le había ganado definitivamente el pulso a Texidó en esta faceta. Los adornos musicales y los acompañamientos corales también se cuidarían mucho en la grabación, contando con una colaboradora de lujo aunque en aquel momento todavía era una perfecta desconocida para el público español.

Y es que en esta ocasión la mayoría de las canciones contarían con una voz femenina haciendo los coros, siendo la elegida para estos menesteres una jovencísima mujer que por aquel entonces formaba parte del grupo Blue Zone, que contaba con cierta popularidad en el Reino Unido, y que años después iniciaría una carrera en solitario repleta de éxito, gracias a su suave voz. Su nombre: Lisa Stanfield.

Una de las canciones en las que este acompañamiento de lujo mejor se puede apreciar es “Sin Aliento”, un tema considerado como uno de los más destacados de su carrera y que a mí personalmente me encanta.

No falta en este disco alguna canción contundente, de esas de sonido más pesado y firme, algo que fue en su momento la auténtica seña de identidad de Danza Invisible. Quedaba demostrado que eran capaces de moverse en distintos registros y en todos ellos poner de manifiesto su calidad.

La más representativa de estas canciones más potentes es sin duda alguna “Espuelas”, otra de mis preferidas y otra de esas composiciones con la que en directo tenían ganado totalmente al público.

No quiero cerrar el apartado dedicado a este gran disco sin hacer mención a otra de las canciones que tiene un halo mágico y en el que nuevamente la figura y la voz de Ojeda demuestran de que pasta está hecho.

Se trata de “No Habrá Fiestas para Mañana”, una canción que en su momento pasaría algo desapercibida pero que con el paso del tiempo se ha convertido en indispensable. Una vez más el vocalista demostraba que era capaz de sacar de su garganta tanto tonos auténticamente desgarradores como sonidos más agudos o en falsete. Grande, Ojeda.

Después de tantas emociones, de empezar con cierto desencanto para lograr por fin el éxito llegaba el momento de recapitular y hacer un pequeño balance. Así que era el momento de publicar un recopilatorio, aunque éste iba a ser muy especial.

A todo el mundo se le llenaba la boca de decir que el directo de Danza Invisible era de lo mejor que podía presentar el panorama musical español, algo que además era totalmente cierto. Así que no dudaron en que ese recopilatorio tenía que recoger uno de sus conciertos ofrecidos en Madrid. De esta manera, en el año 1986 saldría al mercado “Directo”, un grandísimo álbum doble con el grupo en estado puro.

El disco incluye todas sus canciones más destacadas hasta ese momento interpretadas con la intensidad y energía que ellos sabían darle, con un Ojeda más involucrado que nunca y en una comunión absoluta con el público. Un gran álbum.

No faltarían tampoco un par de canciones nuevas. La que a mí personalmente más me gusta es “El Fin del Verano”, una canción melódica y pausada por momentos e intensa y rítmica en otros. Otra gran composición.

Siempre he dicho que cuando una banda publica un recopilatorio con sus grandes éxitos de estudio es porque hay cierta crisis de creatividad o o algo no acaba de funcionar como debiera y que cuando lo que sale al mercado es un disco grabado en vivo es porque se encuentran en un grandísimo momento. Evidentemente esta afirmación se cumple a rajatabla en esta oportunidad.

Además este tipo de discos suele marcar un punto de inflexión o cuanto menos cierta evolución musical en los grupos que lo publican. También esta aseveración se iba a cumplir en este caso concreto, ya que su música daría un pequeño giro hacia el sonido que les iba a hacer triunfar a lo grande.

En este sentido, el otro tema nuevo incluido en el disco marca de alguna manera la música que iba a venir a partir de este momento. Su título: “Hay un Lugar”.

A partir de este instante todo sería crecer y crecer, vender y vender, triunfar y triunfar. Eso sí, todo ello con un espectacular giro en su estilo que iba a provocar que algunos de sus más fieles seguidores se sintieran decepcionados pero a cambio otros muchos más quedarían cautivados por su nueva y definitiva etapa.

Lo cierto es que esta evolución iba a llevarles a la cima del éxito, convirtiéndoles en una de las principales bandas de nuestro país y recibiendo el reconocimiento generalizado de la crítica especializada. Habían dado con la tecla y si ya eran populares, a partir de este momento entraría en la élite.

De esta manera, en el año 1988 aparecería en el mercado su álbum más innovador y que iba a mostrar cual iba a ser el camino a seguir a partir de ese momento. Su título sería “A Tu Alcance” y en él se incluyen algunas de las canciones más emblemáticas de su carrera. Sin duda alguna nos encontramos ante el mejor disco de toda su carrera.

La aceptación de este disco sería total, logrando con él batir con creces su récord de ventas y convirtiéndose en uno de los trabajos más destacados del pop español de ese año. Su incursión en ritmos latinos y en el pop más sencillo posible iba a convertirles en una de las bandas de referencia de la música de nuestro país.

Desde la aparición del primer sencillo podría apreciarse el giro que habían dado los acontecimientos. “Reina del Caribe”, además de convertirse en uno de sus clásicos, iba a marcar la línea a seguir a partir de ese instante. Se trata de una canción con la presencia de una importante sección de metal y un sonido con toques de reggae que cautivaría de inmediato al público.

Como suele decirse, lo mejor estaba por venir, porque otra de las canciones más destacadas de este disco, la más destacada con diferencia, iba a incidir aún más en la latinización de su sonido e iba a convertirse en la canción más representativa, conocida, elogiada y exitosa de toda su carrera.

Supongo que todos os imaginaréis ya que me estoy refiriendo a “Sabor de Amor”, una grandísima canción, con un ritmo maravilloso y una preciosidad de letra que les lanzaría totalmente hacia el estrellato. ¿Quién no ha cantado en alguna ocasión eso de “labios de fresa, sabor de amor. Pulpa de la fruta de la pasión …”? Hablar de “Sabor de Amor” es hablar de pop español de altura y hablar de Danza Invisible.

Estaba claro que se encontraban en su momento más grande. Las críticas eran muy buenas, el público llenaba sus conciertos y sus discos se vendían como nunca. Esa estabilidad plena daría lugar a que Texidó iniciara un proyecto paralelo con la publicación de su primer trabajo en solitario de título homónimo. Ya sabemos que sus celos profesionales hacia Ojeda eran evidentes y de esta manera quería sacarse la espina. ¿El principio de una despedida? Tendréis que seguir leyendo para comprobarlo.

A pesar de que la mayoría de las canciones tienen ese toque latino y de pop sencillo y comercial que marcaría su carrera a partir de entonces, hay excepciones que recuerdan a su música de siempre, a la que les había hecho crecer y llegar hasta donde estaban.

La canción más característica en este aspecto sería una mágica versión que harían del clásico de ese grande de blues que es Van Morrison titulado “Bright Side of the Road” que ellos titularían “A Este Lado de la Carretera”. La versión es espectacular.

A lo largo de su carrera no han sido muchos los momentos en los que la música más calmada ha cobrado protagonismo, siendo sus mayores éxitos los más intensos, movidos y bailables. Pues bien, dentro de  “A Tu Alcance” se incluye una balada que lograría cierto éxito.

Se trata de una composición que habla de la música y que para ello se vale de unos tonos medios y menos intensos, aunque no por ello deja de conseguir atrapar a quien la escucha. Su título: “El Brillo de una Canción”.

De lo que no cabía ninguna duda es de que habían saltado de categoría dentro del panorama musical español. Sus ventas estaban en ese momento a la altura de muy pocos, no habían perdido ni un ápice de su vistosidad, intensidad y espectacularidad en sus conciertos y sus canciones sonaban una y otra vez en las emisoras de radio. Estaban en la cima y había que mantener el nivel con su siguiente disco.

Pero esta es otra historia que abordaré en el próximo artículo de “La Graminola”. Si hasta ahora los malagueños nos han mostrado buena cara y muy buena música, agarraos que vienen curvas porque lo bueno tendrá continuidad.

Nos leemos y escuchamos en unos días. Hasta entonces, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ.

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