TOM PETTY – CAPÍTULO 2 (1987-1994)


Hola Graminoleños.

Lo prometido es deuda y aquí estoy para seguir contando la historia de ese grandísimo artista que ha sido Tom Petty y que desgraciadamente nos dejó de manera inesperada a principios del mes de octubre. Así pues preparaos para disfrutar de buen rock, de buena música y de muchas sorpresas. Nos apretamos los cinturones y comenzamos.

Lo dejábamos hace unos días allá por el año 1985 cuando Tom Petty & The Heartbreakers Habían tenido algunas diferencias acerca del estilo de música que debían realizar. La mayoría del grupo pretendía seguir haciendo el mismo rock de siempre, mientras que Petty y Epsteim querían evolucionar un poco su sonido. Como suele ser habitual en estos casos, los rumores sobre la posibilidad de que el grupo se disolviese empezaron a aparecer aunque sin demasiada insistencia. La realidad era que la continuidad de la banda no corría peligro, pero con lo que acontecería en los años 1987 y 1989 las sensaciones serían radicalmente opuestas a esta manifestación.

Dos años después de la publicación de su anterior trabajo saldría al mercado su nuevo disco. Sería en el año 1987 y llevaría el título de “Let Me Up (I’ve Had Enough)” y podría decirse que nos encontramos ante el álbum más raro de toda su trayectoria.

La rareza de este disco radica en que se trata de un álbum de estudio pero grabado con técnicas muy especiales que daban a las canciones que lo integran un sonido como si hubiesen sido grabadas en directo. El resultado sería un tanto desigual con algunos temas muy destacables y otros no tanto.

Con el conocimiento de las diferencias que existían en el seno de la banda, este disco se entendería como un intento de ganar tiempo hasta encontrar el camino definitivo a seguir. Comercialmente funcionaría de una manera bastante discreta, mientras que la crítica tampoco se mostraría demasiado entusiasmada con el resultado, pero entre sus temas creo que podría afirmarse que se encuentra una de sus obras maestras.

Me estoy refiriendo a “Jammin’ Me”, la única canción que sería publicada como sencillo y que tendría bastante buena acogida entre el público. Lo cierto es que jugaban con ventaja ya que se trata de una canción compuesta a medias entre Petty y el mismísimo Bob Dylan.

Otra de las variantes con la que contaría este disco sería que por primera vez las labores de composición no recaerían en exclusiva en la persona de Petty. Él seguiría llevando la voz cantante en este aspecto pero en esta oportunidad algunos de los temas serían compuestos con la colaboración de Mike Campbell.

De las canciones compuestas a dúo por los dos, la que a mí personalmente más me gusta es “Runaway Trains”, un tema con una importante parte instrumental al principio y en la que se muestra un estilo más cercano a la música que habían hecho desde sus primeros tiempos.

No seré yo quien vaya en contra del pensamiento generalizado de que este disco fue una especie de maniobra para tomar aire y decidir como seguir adelante, pero su originalidad no tiene discusión. Un disco con canciones de estudio que suenan como si se interpretaran en vivo tiene su encanto y siempre va a proporcionar algún tema que suene de una manera muy especial.

En este sentido, “Think About Me” es uno de esos temas con un sonido muy especial. Y es que cuando se tiene talento y profesionalidad, sonar bien es bastante más fácil en cualquier circunstancia.

Como ya os he comentado en varias ocasiones, crisis propiamente dicha no había existido nunca. Distintos pareceres sí, distintas opiniones también, pero poco más. Se trataba simplemente de maneras distintas de entender la música pero siempre con la idea común y cierta de que la continuidad del grupo estaba garantizada, aunque un disco que saldría al mercado dos años después iba a acrecentar esos rumores de ruptura.

Llegaría el año 1988 y Petty anunciaría que iba a ingresar en el estudio de grabación para publicar el que iba a ser su primer disco en solitario. Como os podéis imaginar, quien más y quien menos vería aquí la ruptura definitiva, pero por si fuera poco, un grupo de grandísimos artistas se cruzaría por el camino acrecentando todavía más esas opiniones. Me explico.

Por aquel entonces George Harrison había grabado su disco “Cloud Nine” y se le ocurrió la idea de contar con una superbanda que le acompañara para grabar un nuevo tema que iba a ser incluido como cara B en uno de sus sencillos. De esta manera, Harrison invitaría a Jeff Lyne, Roy Orbison, Bob Dylan y al propio Tom Petty para que le acompañaran en la grabación de esa canción. Cuando la discográfica escucho el producto quedarían tan impresionados que les propondría grabar todo un álbum con temas similares a lo que ellos accedieron. Habían nacido The Traveling Wilburys.

De esta manera, en el año 1988 aparecería en el mercado un espectacular disco, una auténtica genialidad, una creación maravillosa, titulada “Traveling Wilburys Vol. 1”. Os aseguro que es un disco grande, grande, grande, grande …

La canción que daría lugar a esta genialidad sería grabada en un principio en un estudio muy modesto que tenía Dylan en su domicilio, situado en el garaje. Lo harían en una sesión muy distendida, divertida y casi de un tirón. Los que no hayáis escuchado a esta superbanda es muy probable que estéis pensando que con estos medios es casi imposible que pudiera salir nada notable. Pues bien, estoy convencido al cien por cien que cuando escuchéis “Handle With Care” os daréis cuenta que con tantísimo talento por metro cuadrado lo normal es que saliese algo no notable sino sobresaliente.

Lo normal habría sido que la lucha de egos, cinco auténticos genios de la música juntos es algo inaudito, hubiese ocasionado riñas, disputas y diferencias, pero lo cierto es que los cinco se lo tomaron como un proyecto divertido sin más pretensiones y cada uno de ellos disfrutaría del talento de los demás. He de reconoceros que este disco y esta mezcla es una de mis debilidades de siempre, me encanta.

Aunque cada una de las canciones del disco había sido compuesta por uno de ellos en exclusiva, todas ellas irían firmadas en los créditos por los cinco, ya que todos participaban finalmente en los arreglos y en darle un nuevo aire. Además todos cantaban en mayor o en menor medida en cada uno de los temas, dejándonos momentos estelares como este “End of the Line”.

Este videoclip se grabó apenas unos días después del repentino fallecimiento víctima de un infarto de Roy Orbison, que coincidencia con el final de Petty. Sus cuatro compañeros y amigos le rendirían tributo “metafórico” con la aparición de una guitarra apoyada en una mecedora, una imagen muy habitual por parte de Orbison.

Todos ellos utilizaron seudónimos para firmar tanto las canciones como el álbum al completo. Sus verdaderos y populares nombres no aparecen en nigún momento en los créditos del disco y para ello se inventaron una familia compuesta por cinco hermanos que atendían al apellido Wilbury.

De esta manera, Harrison sería Nelson, Lynne sería Otis, Dylan respondería al nombre de Lucky, Orbison al de Lefty y nuestro querido Petty sería Charlie T. Jr., el quinto de los hermanos Wilbury. Todos juntos nos harían disfrutar de canciones como este “Last Night”.

Éste es uno de esos discos para escuchar una y otra vez. Cada canción que viene parece superar a la anterior y la magia de la música, de las distintas maneras de tocar la guitarra de los cinco componentes y la mezcla de sus voces lo hacen único.

Podría decirse que en “Dirty World” se aprecian todos estos matices. Esas guitarras mezclando acordes, las particulares voces desgarradas de Dylan o Petty alternando con los registros tan similares de Lynne y Harrison y esas inflexiones tan particulares de Orbison. Magia en estado puro.

El mando de las operaciones de la producción de este disco correría a cargo de Jeff Lynne, por lo que no es extraño que muchas de las canciones parecían estar interpretadas por su queridísima Electric Light Orchestra. Esta “influencia” se vería muy marcada en el siguiente disco de Harrison y de alguna manera en algunas de las composiciones posteriores de Petty.

Simplemente con escuchar “Margarita” se puede apreciar esa influencia. Es una canción con un sonido bastante parecido a algunos de los éxitos que en los siguientes años nos ofrecería Tom Petty, de los que por supuesto disfrutaremos en breve.

Voy a finalizar aquí el apartado dedicado a este disco y a este proyecto, porque si por mí fuera os pondría todas y cada una de sus canciones. De verdad que me parece un álbum imprescindible en la colección de cualquier amante de la música. Bueno, venga, para acabar ya de verdad pongamos el broche de oro con “Heading for the Light”.

Casi sin solución de continuidad, unos meses después, ya en el año 1989, saldría por fin al mercado el primer disco en solitario de Tom Petty. Entre su escarceo con los Traveling Wilburys y este álbum, los comentarios sobre si iba a seguir contando con The Heartbreakers en el futuro parecía tener cada vez una respuesta más complicada.

El disco en cuestión llevaría el título de “Full Moon Fever” y mostraría que Petty estaba en forma y de ningún modo distanciado de sus habituales compañeros, ya que ellos participarían en algunos de los temas, demostrando bien a las claras que el futuro del grupo estaba garantizado.

Durante aquella época, la colaboración de los “cinco hermanos Wilbury” en cada uno de los discos que fueron publicando en solitario sería muy estrecha, por lo que no resulta nada extraño que la produción del álbum de debut como solista de Petty corriera a cargo de Jeff Lynne, contando también con una estrecha cooperación de la mano de George Harrison.

El disco es un gran trabajo, con la habitual calidad de Petty y en la mayoría de los temas con un sonido muy identificable y con pocas variantes. Las críticas que recibiría serían muy favorables y sus ventas también alcanzarían buenos resultados, gracias en gran medida a la que posiblemente sea la mejor canción de toda su trayectoria.

Me estoy refiriendo a “Free Fallin’, un maravilloso medio tiempo, con una guitarra profunda y una voz desgarradora en el estribillo que puede considerarse como parte importante de la historia del rock contemporáneo.

La mano de Lynne, el sonido Wilbury y las colaboraciones estelares se aunan en uno de los temas más destacados del disco, dejándonos una mezcla verdaderamente espectacular. Se trata de “I Won’t Back Down” y junto a algunos de sus Heartbreakers y Lynne podemos deleitarnos con la batería y la presencia del mismísimo Ringo Starr, todo un lujo.

Esta canción fue compuesta por Petty tras vivir una amarga experiencia que cerca estuvo de acabar de modo trágico. Un pirómano incendiaría su casa con su familia dentro mientras él estaba de gira, aunque afortunadamente todo quedaría en un susto y en la correspondiente destrucción de todo lo que había en su interior, que como os podéis imaginar tenía un tremendo valor tanto económico como sentimental.

La buena música es la nota característica del álbum. Petty se sacaba la espina con este disco de introducir esos arreglos con los que el resto de su grupo no acababa de encontrarse demasiado cómodo. Cuando contó para ello con la figura de Dave Stewart no logró el reconocimiento que perseguía, pero de la mano de Jeff Lynne había dado con la tecla.

Además, en esta ocasión trabajaría un artículo del que no se había ocupado hasta la fecha. Por primera vez incluía en uno de sus discos de manera destacada una versión de un clásico de otro grupo de los grandes. Se trata de “I’ll Feel a Whole Lot Better”, uno de los temas más representativos de The Byrds con el que demostraría que cuando se tiene talento, la copia puede estar a la misma altura que el original.

De lo que no cabía duda es que el proyecto Traveling Wilburys había calado hondo en todos sus miembros y muy especialmente en Petty, de tal modo que en este su primer álbum en solitario incluiría un tema interpretado junto a sus queridos “hermanos”.

La canción en cuestión llevaría el título de “Zombie Zoo” y para darle una vuelta de tuerca más, en lugar de firmar como The Traveling Wilburys lo harían como Trembling Blenders. Lo de menos es el nombre del grupo, lo importante es que se trata de muy buena música y que entre unas cosas y otras lograrían que con su ópera prima como solista se colara de inmediato en los primeros puestos de las listas de ventas.

Todos sabían que el proyecto de los “hermanos Wilburys” tenía fecha de caducidad y no por el hecho del fallecimiento de Orbison, sino por las dificultades que suponía el reunir a los cuatro grandes genios embarcados cada uno de ellos en sus correspondientes carreras. Por este motivo, antes de que los cuatro se volcaran de nuevo en sus propios proyectos decidirían darse el gusto de publicar otro disco juntos.

Éste llegaría en el año 1990 bajo el título de “Traveling Wilburys vol. 3”. Muchos os estaréis preguntando que que pasaría con el volumen 2. Pues bien todo se trata de una broma que se le ocurrió a Harrison que intentó desconcertar al público con este título. De hecho muchos se lanzaron a la búsqueda de un segundo volumen cuya rumorología apuntaba a que estaba grabado pero no publicado y comentarios similares pero lo cierto es que nunca existió.

El disco volvería a recibir unas muy buenas críticas pero sus resultados de ventas estarían un tanto por debajo de sus expectativas. No es que sea un mal disco ni muchísimo menos pero sí es cierto que está un poco por debajo de su primera entrega. Daba la impresión de que la fórmula se había agotado y que tanto la ausencia de Orbison como ciertas prisas por retomar cada uno de ellos sus respectivas rutinas habían provocado algo de precipitación.

Su sencillo de presentación, “She’s My Baby” obtendría unos magníficos resultados colocándose de inmediato en lo más alto de las listas de éxitos. Nuevamente un sonido sencillo y diáfano, con la producción de Lynne y el talento de cuatro gigantes iban a dejarnos un tema para recordar.

En un primer momento se trabajaría con la idea de buscar un sustituto para Orbison, siendo el elegido otro grande como era Del Shannon, pero finalmente no sería de la partida. No se dieron demasiadas explicaciones sobre el motivo y oficialmente la renuncia del elegido sería justificada por motivos de agenda. De cualquier modo, los que pudieron ser sus compañeros le harían un pequeño guiño con la inclusión de una versión de uno de sus temas.

Hablar de Del Shannon es hablar de “Runaway”, uno de los clásicos de la historia del rock y su canción más representativa. Así que si se trataba de incluir una versión de uno de sus éxitos que mejor elección que ésta.

Como Orbison les había dejado desgraciadamente, sus cuatro amigos sentirían la obligación de cambiar sus seudónimos. Como sucediera con el primer volumen, sus verdaderos nombres no aparecen en los créditos de disco utilizando sus famosos nombres “Wilbury” modificados para la ocasión. En esta oportunidad Harrison sería Spike, Lynne sería Clayton, Dylan respondería al nombre de Boo y Petty al de Muddy.

Repito lo que ya comenté al hablaros de la primera entrega, lo de menos son los nombres, lo importante es su música y aunque firmen con seudónimos todos sabemos quienes son y de lo que son capaces, como por ejemplo de dejarnos joyas como este “Wilbury Twist”.

Por momentos puede parecer que este segundo volumen es una especie de tributo al rock & roll de siempre, de los principios, de los pioneros, y efectivamente algo de eso hay. Posiblemente éste fuera el motivo por el que su aceptación por parte  del público fuese un tanto menor ya que apostaban más por el sonido tan “mágico” que mostraron anteriormente.

No quiere decir que todo el disco tenga un sonido retro, ni muchísimo menos. Algunas de las canciones marcan el mismo ritmo Wilbury del primer volumen, siendo una de mis preferidas “Inside Out”.

De todas maneras, si hay alguien capacitado para hacer buen rock & roll con sabor añejo esos son ellos, cuatro auténticos monstruos y cuatro maravillosos representantes de la historia de la música moderna. Simplemente sus nombres ya son sinónimo de genialidad, por lo que hicieran lo que hicieran todos sabíamos que iba a ser bueno, muy bueno.

Así que no queda más que disfrutar de genuino rock con canciones como “Where Were You the Last Night”, otro de los temas “auténticos” de este disco.

Durante la grabación del disco compondrían más canciones de las que finalmente fueron incluidas en el mismo con vistas a una posible nueva entrega cuando sus agendas se lo permitieran. Sn embargo nunca pudieron cuadrar los cuatro esas agendas y con la desaparición de Harrison en el año 2001 el recorrido de los hermanos Wilbury sería definitivamente enterrado.

Una de esas canciones compuestas y no incluidas en el disco sería cedida para un recopilatorio benéfico publicado algún tiempo después. Se trata de “Nobody’s Child” una canción con un marcado sonido sureño.

Tras estos años embarcado en sus proyectos paralelos, Petty consideraría que había llegado el momento de retomar su actividad junto a The Heartbreakers. El periodo de descanso, por así denominarlo, les vendría muy bien a todos ya que sus pequeñas diferencias quedarían definitivamente aparcadas dando a luz un nuevo álbum de una calidad incuestionable.

El disco saldría al mercado en el año 1991 bajo el título de “Into the Great Wide Open” y en él se contiene la canción más emblemática y más grande de toda su carrera como veremos a continuación.

El reencuentro de Petty con sus compañeros de siempre provocaría un estado de entusiasmo total. Atrás quedaban esos últimos años con sus proyectos particulares para regresar con ganas renovadas donde lo habían dejado. Los rumores de separación se disiparían de inmediato simplemente con escuchar las canciones del nuevo disco en las que mostraban su complicidad habitual.

Estaba claro que el mundo de la industria musical estaba cambiando y con la llegada de los noventa las ventas de discos habían experimentado profundos cambios. Ya nadie vendía como antes y ellos no serían la excepción, pese a lo cual obtendrían unos resultados más que notables.

Lo que no había cambiado lo más mínimo era su manera de hacer música. Sus canciones seguían sabiendo a rock por los cuatro costados y su calidad era indiscutible. El público opinaría de igual manera ya que una de sus canciones iba a convertirse en el mayor éxito de toda su carrera, alcanzando el número uno de las listas norteamericanas y permaneciendo en lo más alto durante varios meses. Me estoy refiriendo a la mítica “Learning To Fly”, una de las mejores canciones de rock de la década de los 90.

La producción del disco correría a cargo de Jeff Lynne y su mano podía apreciarse en la mayoría de sus canciones, sobre todo en ésta. Ya os decía que la “época Wilburys” había marcado profundamente a sus integrantes y escuchando este tema solamente podemos llegar a la conclusión que podría haberse incluido en cualquiera de los dos vólumenes publicados por este maravilloso grupo.

La forma de entender la música por parte de Petty le había ganado el pulso a su grupo de acompañamiento, por lo que desde este momento éste sería el sonido habitual del grupo. Un estilo que practicaban incluso a la hora de componer baladas como por ejemplo esta “Into the Great Wide Open”, un tema eclipsado por “Learning to Fly” pero con la misma calidad.

Hacía ya tiempo que si un artista no acompañaba a sus canciones de un buen videoclip veía sus resultados decrecer notablemente. Ellos tomarían nota de esta circunstancia y cada vez cuidarían más este aspecto, como puede apreciarse en esta ocasión en la que contarían con un jovencisimo Johnny Deep para el rodaje del vídeo. Muy joven pero tan genial y grande como siempre.

A pesar de la evolución experimentada en su sonido habría cabida para alguna canción que sonaba a su estilo rockero de siempre. Se trata de “Out in the Could”, un tema con el que se demostraría que su público seguía sintiéndose atraido por ese tipo de música ya que con él repetirían número uno en las listas norteamericanas.

Ya sabéis que de vez en cuando me gusta destacar canciones que no fueron demasiado promocionadas y que pasaron un tanto desapercibidas en los discos de los artistas que desfilan por “La Graminola”. Canciones no publicadas como sencillos y en ocasiones poco conocidas pero que a mí me encantan. Vamos con una de ellas.

Su título es “Kings Highway” y nos muestra en esencia cual es el camino a seguir a partir de ese momento por parte del grupo.

De lo que no cabía ninguna duda es de que nos hallábamos en una época de cambios, hasta el punto de que para su gira promocional incluirían a un multiinstrumentista de gran prestigio como era Scott Thurston quien tras finalizar la misma pasaría a ser miembro de pleno derecho del grupo. Un fichaje de auténtico lujo.

Llegaría entonces el momento de recapitular y hacer balance, por lo que en el año 1993 iban a publicar su primer disco de grandes éxitos que llevaría el sencillo título de “Greatest Hits” y que contaría con dos temas inéditos acompañando a sus grandes clásicos.

El disco iba a convertise en el álbum más vendido de toda su carrera. Contar con tan buenas canciones recopiladas en un solo disco era un auténtico lujo y si además venía acompañado con el regalo de dos temas nuevos mucho mejor.

De los dos temas inéditos, el que alcanzaría mayor repercusión sería “Mary Jane’s Last Dance”, una genialidad de canción que suena al estilo de sus primeros tiempos por todos sus peros, incluyendo unos maravillosos acordes de armónica y un Petty que por momentos parece rapear más que cantar. Otro de sus grandes éxitos indiscutibles.

Pero de las dos canciones nuevas la que a mí me parece una auténtica maravilla es la que viene a continuación. Ya hemos visto con anterioridad como en algunas ocasiones Petty se movía en el terreno de versionar temas de otros artistas logrando unos resultados bastante buenos. Pues bien en esta oportunidad reperiría la experiencia dejándonos una interpretación que supera incluso al original.

La canción en cuestión es “Something in the Air”, un tema original de Thunderclap Newman que una vez pasado por el tamíz de Tom Petty & The Heartbreakers se convertiría en una auténtica maravilla y en otro de sus clásicos.

Tras la publicación de este disco y el final de la correspondiente gira se produciría una variante en la composición del grupo. Stan Lynch estaba un tanto cansado de tanto ajetreo y decidiría abandonar la banda siendo sustituido a partir de ese instante por Steve Ferrone.

Lo curioso de este disco es que junto alos éxitos junto a The Heartbreakers se incluirían tres temas del hasta ese momento único disco en solitario de Petty. Quedaba claro que empezaba a solaparse un aspecto con el otro y se esperaba con mucha expectación el siguiente movimiento del cantante, ya que podía indicar cual iba a ser su trayectoria predominante, si como solista o con su ya veterano grupo.

La respuesta llegaría en el año 1994 con la publicación del segundo disco en solitario de Petty, aunque como veremos a continuación con alguna trampa. Llevaría el título de “Wildflowers” e iba a cosechar un gran éxito en tierras norteamericanas. Daba la impresión de que la “marca Petty” ya era sinónimo de calidad.

Con este disco Petty sorprendería a propios y extraños ya que después de modificar de algún modo el sonido del grupo de la mano de los arreglos de Lynne retornaría a un sonido de rock del de siempre, con ritmos sureños, sonido de armónica y mucha guitarra, recuperando de algún modo a sus fans de los comienzos.

De hecho las críticas hacía el disco por parte de los especialistas serían muy buenas y una de sus canciones está considerada por éstos como la mejor que jamás haya creado. Un tema con un sonido pesado y contundente que llevaría el título de “You Don’t Know How It Feels”, que se convertiría en otro de sus clásicos y una de sus canciones más aclamadas y premiadas.

Como ya os comentaba hace un momento el disco tiene “truco”. A pesar de que lo firma Petty en solitario y se supone que es su segundo álbum como solista al margen de su grupo de siempre, esto no es cierto del todo ya que corresponde a la totalidad de los componentes The Heartbreakers la parte instrumental de todas y cada una de las canciones que en él se incluyen. En esta ocasión figuran como músicos de estudio y aparecen en los créditos con sus nombres y apellidos pero sin mencionar en ningún momento su habitual denominación.

La impresión que da es que quisieron desconcertar de algún modo al público ya que lo más irónico de todo es que precisamente un disco firmado por Petty en solitario viene acompañado del sonido más puro del rock de siempre. Vamos que es el trabajo que más suena a Tom Petty & The Heartbreakers en mucho, muchísimo tiempo.

Basta con escuchar “You Wreck Me” para darse cuenta de este detalle. De hecho, casi todo el mundo da por hecho que esta canción es obra del grupo, pero lo cierto es que legalmente hablando pertenece a Petty en exclusiva.

Otra de las características más marcadas de este disco es que se trata del trabajo más meláncolico de Petty, ya sea en solitario o acompañado. En esta ocasión las baladas y los medios tiempos le ganan la partida a los ritmos más rockeros y tanto las letras como las melodías se muestran bastante más tristes y apagadas de lo habitual.

Ésta es la táctica que utilizaría realmente para diferenciar el disco de los que hacía con el grupo. A pesar de contar con sus amigos en labores de apoyo, su impronta quedaría marcada sobre todo en canciones como “It’s Good To Be a King” una de las baladas más cadenciosas que jamás haya compuesto.

Si os he de ser sinceros a mí personalmente éste disco me defraudó de algún modo. Esperaba más de él. Creía que iba a serguir la senda marcada por su anterior trabajo en solitario y que nos iba a ofrecer un sonido más cercano a su época Wilburys. No digo que sea malo ni mucho menos, pero yo hubiera preferido otra cosa.

Ni una sola de las canciones incluidas en este disco suena como sus últimos trabajos. El golpe de timón era muy claro, girando hacia un rock más cansino, pesado y contundente. Canciones como “Honey Bee” dan buena muestra de ello, confirmando que nos encontramos ante su disco más meláncolico y eléctrico.

Llegado este momento era muy complicado adivinar hacia donde iba a dirigir sus pasos. Nadie tenía claro si iba a seguir con su carrera en solitario o si volvería a reunir al grupo para su siguiente disco. Se desconocía asimismo si retornaría a un sonido más alegre o si seguiría ahondando en la contundencia de este último álbum. Todo eran incógnitas.

Habría que esperar algún tiempo para salir de dudas y habrá que esperar sólo unos días para que yo os lo cuente porque por hoy ya es suficiente. En unos días “La Graminola” vuelve para cerrar la narración de la carrera de este genial artista. No faltéis.

Hasta entonces, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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