TOM PETTY – CAPÍTULO 3 (1995-2017)


Hola Graminoleños.

Hoy vamos a poner punto y final a la narración de la trayectoria de ese grandísimo artista recientemente fallecido que ha sido Tom Petty. En los dos capítulos anteriores hemos podido disfrutar de su mejor época y de muy buena música. En esta tercera entrega seguiremos con el denominador común de la buena música pero con una etapa de menos creatividad y menor actividad. Una vez más los tiempos que mandan en el panorama musical van mermando la capacidad de los que no se renuevan o como en su caso de los que simplemente deciden ir más despacio. La edad manda.

Dejábamos hace unos días al bueno de Petty abriendo todas las opciones tras publicar su segundo disco en solitario con el que daría un giro de muchos grados a su música. Había que estar muy atentos para saber cual iba a ser su siguiente paso sí continuando con su carrera personal o publicando un nuevo disco con The Heartbreakers. Por lo que vendría a continuación la impresión que da es que habría dudas, bastantes dudas.

Para empezar llegaría un nuevo recopilatori muy especial. Una caja con nada menos que cinco discos en el que se incluían todos sus éxitos tanto en solitario como acompañado, caras b, versiones en directo, descartes de sus álbumes … En definitiva una obra muy completa para coleccionistas con el objeto de premiar su fidelidad. Esta colección saldría al mercado en el año 1995 bajo el título de “Playback”.

Como ya os cuento ésta fue la etapa de más dudas de toda su carrera, aunque no por barajar la posibilidad de centrarse en su carrera en solitario y poner final a su andadura con el grupo sino más bien por el tema de la música qué hacer. De hecho, hasta el año 2006 no volvería a publicar un disco en solitario, el tercero y último, por lo que estaba claro que los tiros no iban por ahí.

Entre tanto les iba a llegar la oportunidad de hacer una incursión en el mundo del cine. Todo el mundo esperaba con muchas ganas su siguiente disco y éste iba a venir en forma de banda sonora en el año 1996, llevando el título de “Songs and Music from She’s the One”, una sorpresa mayúscula para todos y también una pequeña decepción.

La película llevaría el título en España de “Ella Es Única” y estaría protagonizada por Jennifer Aniston y Cameron Diaz. Como cualquier disco concebido como una banda sonora de un largometraje tiene un aire conceptual bastante marcado y en cuanto a ventas no lograría unos resultados demasiado espectaculares pero sí contiene un par de canciones que demuestran que su gran talento seguía intacto.

Una de estas canciones es la que sería utilizada como tema central de la película y como base fundamental del disco. Un tema titulado “Walls (Circus)” que recupera claramente el sonido de su época “Wilburys” y que a mí personalmente me encanta.

La otra canción digna de destacar es la que de alguna manera iba a indicarnos cual iba a ser el camino a seguir a partir de ese momento. Los 90 habían llegado y la música estaba evolucionando nuevamente a marchas forzadas por lo que la mayoría de los artistas procedentes de los 80 se vieron obligados a reinventarse de alguna manera y ellos no serían una excepción.

Me estoy refiriendo a “Climb That Hill” una canción que marcaría el futuro del grupo y que es un claro exponente del buen rock de los 90.

A partir de ese momento la apuesta clara de Petty parecería ser la de continuar publicando discos con The Heartbreakers, aunque éstos empezarían a venir más espaciados entre sí. El panorama musical de los 90 había cambiado radicalmente y el del nuevo siglo que asomaba por la esquina iba a acrecentar todavía más estos cambios, algo que llevaría a la mayoría de artistas de siempre a reinventarse y evolucionar quedándose algunos por el camino, aunque éste no sería su caso.

Así pues, en el año 1999 aparecería en el mercado un nuevo disco del grupo que respondería al título de “Echo”, un trabajo que vendría acompañado de varios cambios destacados e influido por el estado de ánimo que atravesaba el propio Petty en esos momentos.

De nuevo la tristeza y la melancolía serían los denominadores comunes de la mayoría de las canciones de este nuevo disco. Petty no atravesaba un buen momento personal ya que recientemente se había separado de su mujer y como ya hemos visto en anteriores artículos de “La Graminola” dedicados a otros grandes artistas, esta situación suele pasar factura a la hora de componer.

El disco tendría una buena respuesta por parte del público y sus ventas serían bastante más que aceptables, habida cuenta de que  como ya os he comentado en muchas ocasiones, ya nadie vendía tantos discos como antes. La oferta era mayor, internet estaba ahí y la piratería también. De lo que no cabía duda era de que tenían un numeroso público bastante fiel y que seguía comprando sus discos fuera cual fuera su contenido.

La canción más destacada de este disco, como no podía ser de otra manera con el estado anímico de Petty, sería una balada como mandan los cánones. Llevaría el título de “Room at the Top” y en ella puede apreciarse que la manera de hacer música del grupo había cambiado considerablemente.

Una de las variantes más interesantes de este disco sería que una de las canciones del disco vendría acompañada de la contribución vocal del que podía considerase como “segundo de a bordo” del grupo, algo que no se había producido nunca antes.

Por supuesto que estoy hablando de Mike Campbell, parte fundamental del grupo tanto en su faceta instrumental como en la de nexo conductor entre Petty y los demás miembros de la banda y que en esta oportunidad se lanza a hacer sus gorgoritos en un tema titulado “I Don’t Wanna Fight”.

Como ya digo la tristeza y la depresión son los temas que con más insistencia son tratados por las letras creadas por Petty con motivo de su separación. Pero no sería éste el único motivo por el cual ese tono meditabundo aparecería en sus composiciones ya que había otro suceso dentro del grupo que había surgido desgraciadamente y que iba a concluir con un final trágico.

Howie Epstein, que como todos sabemos se había convertido en parte fundamental del grupo desde su entrada en el mismo, caería en las garras de la heroína y su adicción iba a desencadenar su salida del grupo. Lamentablemente, cuatro años después fallecería de una sobredosis sin poder superar en ningún momento esa adicción. Por eso no es extraño que canciones como “Lonesome Sundown” pasaran por la creatividad de Petty.

A partir de este momento entrarían en esa espiral en la que han ido entrando la mayoría de grupos y solistas procedentes de los 80, es decir, publicar sus discos de manera más espaciada con un sonido adaptado de algún modo a los tiempos que corren pero centrándose claramente en las giras que acompañaban a esos nuevos trabajos que era lo que realmente les seguía manteniendo a flote y seguía avivando sus ganas de seguir adelante.

Habida cuenta de la salida de Epstein del grupo, se verían obligados de alguna manera a rendir una especie de tributo a su compañero de fatigas, por lo que en el año 2000 publicarían un nuevo recopilatorio de grandes éxitos a modo de epílogo en el que se incluiría un tema inédito que pasa por ser el útlimo en el que él participaría. El disco en cuestión llevaría el título de “Anthology: Trough the Years”.

La canción en cuestión no es otra que “Surrender”, un descarte de uno de sus anteriores discos y que debidamente remezclada quedaría como un homenaje perfecto a su compañero y amigo de tantos y tantos años.

Habría que esperar al año 2002 para poder saborera su nuevo trabajo. Sería ese el momento en el que aparecería en el mercado su disco más crítico y comprometido con el que pasarían factura a la para ellos decadente y corrupta industria discográfica. Los tiempos habían cambiado y de qué manera.

El disco llevaría el apropiado título de “The Last DJ” y la crítica especializada se rendiría a su sonido que volvería a dar un pequeño giro gracias a un inesperado regreso como veremos a continuación.

La característica más marcada de este disco, además de su crítica feroz ante la industria discográfica, sería el pequeño cambio que supondría el retorno al grupo de Ron Blair, fundador en su momento y que se marcharía en su día siendo sustitudio por Howie Epstein. Con éste último fuera de combate por su condición de heroinómano el mejor recambio no podía se otro que el de su antecesor.

Con este variación en la formación, las canciones que conforman el disco estarían marcadas en su mayoría por una mayor presencia del sonido del bajo y con un Campbell que se convertiría ya definitivamente en el brazo derecho de Petty. Esa intensidad de bajo puede apreciarse sobre todo en el tema más destacado del álbum, el tema que le da nombre: “The Last DJ”.

Al recuperar la formación inicial del grupo, su sonido también recuperaría la frescura perdida en sus últimos discos. Podría decirse que habían vuelto a abrazar el sonido del rock sencillo de sus mejores tiempos, alternando las guitarras eléctricas con las acústicas, acompañándolas de unos arreglos de bajo muy acertados que darían como producto un álbum simplemente genial.

He de reconoceros que cuando salió este disco al mercado me costó un poco hacerme con él. Su título me daba la impresión que podía ser algo inesperado y el sonido de su anterior álbum tampoco me había gustado demasiado. Sin embargo he de reconoceros que una vez lo escuché al completo simplemente me entusiasmó.

El sonido es una auténtica gozada y disfrutar de unas letras tan comprometidas, críticas y ácidas era una nueva experiencia. Con “Money Becomes King” lo bordarían, ya que a una gran canción hay que añadirle una verdad irrefutable: al final todo se reduce a que el dinero se convierte en el rey, y en el mundo de la música más todavía.

Al margen de las canciones más críticas, el disco viene marcado sobre todo por grandes medios tiempos y, sobre todo, baladas, entre la que yo destacaría una que a mí personalmente me entusiasma. Su título es “Like a Diamond” y creo que efectivamente es un auténtico diamante.

A partir de este momento sus discos se espaciarían de manera bastante clara y para su reencuentro con los fans tomaría la decisión de publicar su tercer álbum en solitario que a la postre iba a convertirse en su último trabajo al margen de The Heartbreakers.

El disco llevaría el título de “Highway Companion” e iba a contar nuevamente con la producción de su viejo amigo Jeff Lynne, lo que provocaría que su sonido volviera a ser bastante identificable y, además, el reencuentro con el éxito y el número considerable de discos vendidos.

Podría decirse que este es el álbum más íntimo de Petty en solitario ya que en esta oportunidad, a diferencia de lo sucedido con sus dos anteriores trabajos, no contaría con el grueso de su banda para elaborar el disco, siendo Mike Campbell el único que colaboraría con él instrumentalmente hablando.

Entre los dos se encargarían de prácticamente todos los instrumentos, creando un ambiente de rock intimista y sencillo a más no poder. Esa sencillez terminaría siendo el mayor atractivo de un disco con unas canciones que atrapan desde el principio, como sucedería con “Saving Grace”, un rock de los de toda la vida que empieza de una manera menos cadenciosa para ir creciendo nota a nota según corren los segundos. Una auténtica genialidad.

Como no podía ser de otra manera, la mano de Lynne en sus labores de producción se deja sentir notablemente en todo el disco, dotándole de ese sonido tan característico de toda su carera y que combinado con el talento de Petty tan buenos momentos nos ha dejado a lo largo del tiempo. Si hay colaboraciones que merece la pena disfrutar, ésta es una de ellas.

He de reconoceros que su etapa con The Traveling Wilburys y sus discos posteriores es la época de su carrera que a mí personalmente más me gusta. Ese sonido tan particular siempre me ha atraído profundamente, por lo que no es de extrañar que este disco sea el que más me gusta de los tres que publicaría en solitario. Disfrutar con canciones como “Big Weekend” me parece un auténtico privilegio.

Además, esta opinión mía tan particular parece que sería compartida por mucha gente ya que las ventas del disco serían bastante considerables colocándose en los primeros puestos de las listas norteamericanas, superando con creces los resultados cosechados con sus últimos discos con The Heartbreakers. Muchos verían aquí la posibilidad real de una separación pero, una vez más, ésta no iba a producirse en absoluto.

Otra de las canciones destacadas de este disco iba a ser utilizada como tema central de una película estrenada ese mismo año 2006. Su título sería “Square One” y formaría parte de la banda sonora del largometraje “Elizabethtown” protagonizado por Orlando Bloom, Kirsten Dunst y Alec Baldwin. Una bonita balada ideal para adornar el argumento de la película.

Como ya os digo el disco está repleto de buena música y de un estilo marcado por la producción de Lynne. La mayoría de las canciones que lo integran podrían haber formado parte perfectamente de cualquiera de los dos discos publicados por The Traveling Wilburys, ya sabéis que tengo una gran debilidad por ellos, por lo que no es de extrañar que una de mis canciones favoritas del último álbum en solitario de Petty sea “Down South”.

Nuevamente habría que esperar cuatro largos años para volver a tener noticias suyas. No sería hasta el año 2010, nada más y nada menos que ocho años después, cuando se encerraría en el estudio de grabación con The Heartbreakers para dar cuerpo a un nuevo disco en grupo, con un sonido sorprendente y espectacular.

El álbum llevaría el título de “Mojo” y rompería con todos los esquemas, ya que irradiaría música de blues por todos sus poros, demostrando que en estas aguas se encontraban muy cómodos nadando, algo que no sorprendería absolutamente a nadie.

Los tiempos modernos que corrían habían hecho modificar la forma de promocionar la música a todos los artistas y ellos se subirían a ese carro como no podía ser de otra manera. Así pues, la mejor manera de presentar su nuevo disco iba a estar relacionada con las nuevas tecnologías y con las redes.

De esta manera, el sencillo que iba a servir como carta de presentación del nuevo disco, titulado “Good Enough”, sería presentado en streaming a través de internet y como no podía ser de otra manera les pondría de nuevo en órbita de manera inmediata.

Hacía tiempo que habían dejado de tener pretensiones de “superbanda” o de grupo de masas. Cada cuatro años se reuníán, sacaban a relucir todo su talento, hacían la música que les apetecían, publicaban un nuevo disco, salían de gira de manera más sencilla y se divertían todo lo que podían hasta nueva orden. Era todo así de sencillo.

Por este motivo ya no estaban pendientes de si su sonido era más o menos comercial, simplemente hacían lo que su talento producía en ese instante y en esta oportunidad sería el blues en su estado más puro la música que inundaría el nuevo disco. Canciones tan puras y tradicionales como “Jefferson Jericho Blues”.

Para que el blues más genuino suene de la manera más auténtica lo más aconsejable es interpretarlo en directo y ésta sería la forma en la que grabarían el disco. Todo el grupo en el estudio tocando en vivo para que el sonido de este álbum de estudio sonara de una manera única y espléndida.

Esta manera tan peculiar y original de grabar el álbum lograría una gran aceptación por parte del público. Sus fans quedarían conquistados por esta inmersión en el blues y el disco llegaría al número dos de las listas de ventas, vibrando como no podía ser de otra manera con canciones como esta mágica “I Should Have Known It”.

Sin duda alguna que este disco sería el más sorprendente de toda su carrera y la crítica especializada se rendiría a su atrevimiento y a su sonido. El talento de Petty y los suyos no era cuestionable pero que fueran capaces de moverse en el terreno del blues de la manera que lo hicieron arrancaría los mayores elogios de manera generalizada.

Otra vez asistiríamos a un largo periodo de descanso que finalizaría en el año 2014 cuando saldría al mercado el que iba a convertirse en el último disco de la carrera de Tom Petty & The Heartbreakers, algo que ninguno de ellos podía imaginarse en ese momento ya que tenían todavía cuerda para rato y muchas ganas de seguir en la carretera.

El disco llevaría el título de “Hypnotic Eye” y sería un claro retorno al sonido de sus comienzos con aquel rock clásico y sencillo sin más ayuda que las guitarras y el bajo. Se trataba de una especie de deja vue de una calidad excepcional.

Lo más curioso del caso es que se podría aplicar a este disco el famoso dicho de “a la vejez viruelas”, ya que por primera vez en su carrera, y como ahora sabemos también última, iban a colocarse en el número uno de las listas de ventas norteamericanas, algo que no habían conseguido nunca antes aunque cueste trabajo creerlo. Habían ocupado el podio en muchas ocasiones pero nunca hasta este instante se habían colado en lo más alto, algo muy merecido, todo sea dicho.

El éxito lo cosecharían más a nivel de álbum que de canciones, ya que su público sabría apreciar más el trabajo en conjunto que por partes. En cuanto a la música que en él se incluye suena con una contundencia muy especial en algunos temas, como por ejemplo en “American Dream Plan B”, una de las canciones más destacadas del disco.

Más curioso aún sería que ese inesperado éxito de ventas iba a llegar de la mano de una promoción bastante escasa del disco. Solamente las emisoras especializadas en rock, que por otra parte en Estados Unidos son muy numerosas, se harían eco como es debido de su publicación y de hecho no habría ni tan siquiera videoclips de los temas más destacados. Una vez más el poder de la música demostraría que cuando ésta es de calidad y merece la pena no hace falta ningún tipo de artificio.

Y hablando de calidad, no puede dudarse que el sonido de este disco es excepcional y nos deja grandes momentos como este “Fault Lines”.

Como ya os digo el sonido del disco recuerda mucho al de sus primeros tiempos, aunque con unos tonos actualizados a los tiempos que corren. Música intensa, guitarras creativas y buen rock. La receta de casi siempre, vamos.

De encontrar alguna variante, de encontrar algo que lo diferencia de lo hecho hasta ese momento, posiblemente sea el componente instrumental que tienen bastantes de las canciones a modo de introducción. Como muestra un botón. Deleitémonos con “Red River”, una canción en la que todo el grupo se luce instrumentalmente hablando hasta dar paso a la inconfundible voz de Petty.

Como os he comentado al principio del artículo, los grandes artistas entendieron perfectamente eso de “renovarse o morir”, y con las nuevas tecnologías su forma de promocionar sus discos y de darse a conocer al público dependía de una manera casi en exclusiva de internet, por lo que no es de extrañar que Petty también utilizara las redes para presentar algunas de sus canciones.

Así pues, el tema más destacado, o cuanto menos el que mayor aceptación lograría por parte del público, vendría de la mano de la página web oficial del grupo, ya que ésta podía escucharse en la misma y únicamente pudo comprarse en tiendas digitales. Las nuevas tecnologías traerían consigo un último gran éxito. Su título: “Fault Lines”.

Pocos podían imaginar que éste iba a ser el último disco con el sello de Tom Petty. La tarde del 30 de septiembre comenzó a sentirse mal y tuvo que ser traslado de urgencia al hospital. Se trataba de un infarto de miocardio que iba a sumirle en un profundo coma del que no sería capaz de recuperarse falleciendo pocas horas después.

De esta manera nos dejaba un grande entre los grandes, del que no se recuerda un solo disco flojo y que nos ha hecho disfrutar ya sea con sus sempiternos Heartbreakers, en solitario o con la compañia de sus “hermanos” Orbison, Harrison, Lynne y Dylan. Un auténtico placer poder haber disfrutado de su música, una lástima que todo haya acabado de repente.

Y hasta aquí llegamos hoy. Ya sabéis, en unos días más y mejor, siempre de la mano de la música. Hasta entonces, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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