TEQUILA


Hola Graminoleños.

Los que seáis de mi quinta a buen seguro que el grupo que viene hoy a “La Graminola” os va a traer grandes recuerdos. Los más jóvenes posiblemente no conozcáis su música, pero creo que merece la pena que leáis de arriba a abajo el artículo ya que merece, y mucho, la pena. Se trata de un grupo que se convirtió en uno de los grandes acontecimientos músicales de finales de los 70 y principios de los 80 en España y que marcaría profundamente el rock & roll que se hacía en nuestro país. Estoy hablando de esos fenómenos que respondían al nombre de “Tequila”.

Corría el año 1976 cuando dos argentinos dispuestos a comerse el mundo musicalmente hablando llegaban a España, huyendo de los malos tiempos que se vivían en su tierra natal con la dictadura militar de Videla. Dos jovencísimos músicos llamados Ariel Rot y Alejo Stivel que venían empapados del rock que se hacía en su país, buscando abrise camino en el nuestro en un momento en el que la música hecha aquí alcanzaba unas cotas muy elevadas.

Nada más aterrizar en tierras españolas contactarían con los grupos más representativos del rock hispano, entablando amistad con un grupo muy joven, que como ellos intentaba abrise camino, llamado “Spoonful Blues Band”. Como a esta formación no le iban demasiado bien las cosas, tres de sus componentes, Julián Infante, Felipe Lipe y Manolo Iglesias, unirián sus fuerzas con los dos argentinos para formar una nueva banda a la que le pondrían el nombre de Tequila.

Su manera de entender la música era sencilla, divertida y, sobre todo, rockera. Eran tiempos en los que el rock en sus distintas variantes estaba asentándose en España. Grupos de rock duro, rock sinfónico, rock urbano y demás modalidades hacían disfrutar a los jóvenes, pero faltaba una modalidad en la que alguien se convirtiera en un estardante, el puro y más esencial ROCK & ROLL, así, con mayúsculas.

De manera inmediata, su manera de hacer música y su desparpajo encima de un escenario llamarían la atención del sello más rockero de nuestro país: “Chapa”, que contaría con ellos para incluir una de sus canciones en un recopilatorio llamado “Rock del Manzanares (Viva el Rollo)”. El tema elegido sería “Necesito un Trago” y pocos sospechaban que iba a convertirse en un auténtico acontecimiento triunfal.

Esta composición eclipsaría totalmente al resto que figuraban en el álbum y tendría tal repercusión que sería publicada de manera inmediata como sencillo, obteniendo unas ventas espectaculares y proporcionándoles una grandísima popularidad. Con una única canción en el mercado se habían convertido prácticamente en un fenómeno de masas, todo el mundo hablaba de ellos.

Es curioso que precisamente ellos se convirtieran en uno de los más claros exponentes del que se dio en denominar “fenómeno fans” en nuestro país. Este aparatado estaba prácticamente copado por grupos y solistas más románticos en ocasiones y cuyo denominador común solía ser que lo de menos fuera cantar bien, con ser guaperas bastaba. Algún día dedicaré a este tema el correspondiente artículo, pero vuelvo a repetir que me parece muy curioso que un grupo tan cañero como ellos se codeara con gente como Pecos, Pedro Marín, Iván …

La popularidad que adquirieron fue tan grande que lograrían un buen contrato con una nueva discográfica y les llegaría el momento de publicar su álbum de debut que llevaría el título de “Matrícula de Honor” e iba a convertirse en uno de los discos más importantes del rock español del año 1978.

El disco fue un éxito total, tanto en número de ventas como por las buenas críticas recibidas. Su manera de hacer música, un rock & roll a la vieja usanza no exento de calidad, con unas melodías pegadizas interpretadas a todo trapo, una imagen inconfundible y una manera de moverse sobre el escenario espectacular, les convertirían en uno de los grupos preferidos por los jóvenes españoles de finales de la década de los 70.

Además el disco contenío dos de los auténticos himnos del rock en español de todos los tiempos. Uno era el ya publicado con anterioridad como sencillo “Necesito un Trago” y el otro un rock estratósferico con una letra que todos recordamos: “Vamos a tocar un rock & roll a la plaza del pueblo. Vamos a tocar un rock & roll a la Plaza Mayor …” Efectivamente me estoy refiriendo a “Rock en la Plaza del Pueblo”.

En ese momento eran la sensación de la música española y muchos se preguntaban hasta donder iban a ser capaces de llegar si con su álbum de debut habían logrado semejante repercusión. Además se notaba que se lo pasaban de miedo sobre el escenario y su conexión con el público, tanto masculino como femenino, era total.

La casi totalidad de las canciones de este disco son rock & roll y nada más, pero había alguna pequeña excepción. Una de las más claras, y una de las mejores canciones de este trabajo en mi modesta opinión, era “Las Vías del Ferrocarril”, en la que hacían un pequeño guiño al rock sureño más tradicional. Como ya os digo a mí me encanta.

Su correspondiente gira fue frenética e intensa y les serviría para demostrar a todos que además sabían tocar y muy bien. De hecho, se convertirían en la banda de acompañamiento de otro de los discos más emblemáticos del rock cantado en español que también vería la luz en aquel año 1978, auténticamente mágico para ellos.

El argentino Moris llevaba bastante tiempo triunfando en Argentina y por aquella época había alcanzado gran popularidad en nuestro país. Ese año publicaría su disco más aclamado, titulado “Fiebre de Vivir” en el que se incluía la mítica “Sábado Noche”, otro auténtico himno, contando con la espectacular colaboración de los chicos de Tequila y sus instrumentos.

Había que aprovechar de manera inmediata el tirón que tenía el grupo en esos instantes, por lo que casi sin solución de continuidad, en el año 1979 aparecería en el mercado su segundo disco, el cual no podía llevar mejor título que el de “Rock And Roll”, dejando muy claro lo que nos íbamos a encontrar en su interior.

Nos encontramos ante un disco con un ritmo trepidante, en el que suenan todavía mejor que en su primer trabajo y que dejaría bien a las claras que lo logrado hasta el momento no era una casualidad. De “fenómeno fans” habían pasado de manera inmediata a “fenómeno de masas”.

Simplemente con escuchar la canción que abre el disco, que además es la que le da título, podemos hacernos una idea de cual era su contenido. Estaba claro que para lo que estaban dotados era para hacer rock & roll y les iba de maravilla, así que no había necesidad alguna de cambiar. Este era el camino para hacerse grandes, muy grandes.

Todo les marchaba a pedir de boca, pero lo cierto es que no era todo de color de rosa. Pronto empezaron a surgir las envidas y se convertiría en bastante habitual que se les pusiera la etiqueta de grupo prefabricado con fecha de caducidad muy próxima y que su éxito iba a ser efímero, pese a que con sus dos primeros trabajos habrían logrado unas ventas que ya querrían para sí algunos artistas que llevaban ya tiempo en la carretera.

Por mucho que algunos quisieran emborronar de alguna manera sus logros no lo lograrían, porque lo cierto es que iban contracorriente, ya que sus seguidores crecían día a día. Por si fuera poco, como ya sucediera con su primer trabajo, en esta ocasión también contarían con dos canciones de esas que de manera inmediata se convirtieron en auténticos clásicos del rock español.

Una de ellas sería “Quiero Besarte”, una canción en la que muestran todo su arsenal. Contundencia con sus guitarras, la personalidad a la hora de interpretar de Alejo, los coros en segundo término del resto del grupo, una importante parte instrumental para lucimiento de todos y puro rock & roll. No se puede pedir más.

Pero habría otra canción en este segundo álbum todavía más espectacular y que es otro de sus grandes clásicos. En mi modesto entender si no la mejor composición de toda su carrera sí una de las mejores. Una canción trepidante de principio a fin con uno de esos estribillos facilones a base de “Uh Oh Uh Oh Uh Oh Uh Oh Oh Oh”.

Como muchos os habréis imaginado ya me estoy refiriendo a “Me Vuelvo Loco”, una canción que no tiene ni un solo momento de pausa. Caña total de principio a fin.

Como ya os digo las ventas de este disco fueron espectaculares para la época en la que nos econtrábamos. Hemos de pensar que por aquel entonces los grupos españoles que hacían rock no acababan de estar bien vistos por algunos sectores de la sociedad y, por así decirlo, con la llegada de la democracia y los nuevos tiempos, musicalmente hablando estábamos en pañales y empezábamos a crecer poco a poco.

Para cerrar el apartado dedicado a este disco vamos con una curiosidad. Y es que así hay que considerar que una de las canciones incluidas en este álbum tenga el título que llevaba su primer larga duración. Lo normal es que esta canción hubiese sido incluida en su ópera prima, pero quisieron ser originales y “Matrícula de Honor” formaría parte de “Rock And Roll”. ¿Un poco lioso? Tal vez, pero como es buena música lo perdonamos.

En aquel momento podría decirse que se encontraban totalmente desbordados. A cualquier sitio al que iban eran persegudos por sus numerosos fans. Cualquier firma de discos en algún centro comercial, cualquier entrevista radiofónica o cualquier intervención en algún programa televisivo tenía que venir acompañada de grandes medidas de seguridad, algo que estaba empezando a pasarles factura y de manera dramática como veremos más adelante.

Lo que no paraba de crecer era su prestigio y después del éxito logrado con sus dos primeros discos tenían muy claro que con el tercero tenían que ofrecer algo nuevo, algo mejor, algo más grande. Para ello se marcharían a Londres, donde grababan los discos los artistas más prestigiosos de la época, obteniendo como resultado el álbum “Viva Tequila” que vería la luz en el año 1980.

Nos encontramos con un disco mucho más pulido, en el que empiezan a mostrar cierta madurez y con unos arreglos más profesionales, que dejan como resultado, en opinión de la crítica, el mejor trabajo de toda su trayectoria. Pese a las etiquetas que muchos se empeñaban en ponerles, detrás de esa imagen y esas caras había unos buenos músicos.

Las ventas de este nuevo trabajo fueron también excepcionales pero caerían un poco con respecto a su anterior disco, pese a lo cual cada vez eran más respetados. En esta ocasión también habría dos canciones de esas que se han convertido en historia de nuestra música, aunque en esta oportunidad su contundencia sería un tanto menor dando paso a una mayor calidad.

El primero de estos temas lleva el título de “Mira a Esa Chica” y es una de las pruebas más evidente de que algo estaba cambiando en su manera de tocar.

Como puede apreciarse, sin perder la esencia rockera que siempre han tenido, sí que hay ciertos cambios en su manera de interpretar. Su sonido no está tan íntimamente ligado al rock & roll tradicional dando muestras de que estaba evolucionando hacia una música más seria. Los cambios de década suelen venir acompañados de grandes movimientos en el mundo de la música y ellos sabían que tenían que ofrecer cosas nuevas sin abandonar sus raíces si querían seguir en el candelero.

Lo cierto es que estos pequeños nuevos matices en su música nos seguirían dejando grandes canciones y grandes momentos, como el que llega de la mano de la canción que más me gusta de este disco, otro de sus grandes clásicos como es “Dime Que Me Quieres”.

Otra de las canciones destacadas de este tercer álbum es un tema cuya letra es toda una declaración de intenciones ante todo lo que les estaba sucediendo a una velocidad grandísima. Una canción que tendría continuidad en el tiempo como luego veremos y que finalmente se quedaría en eso, en una declaración de intenciones, porque todo seguiría cambiando trepidantemente y no siempre para bien.

La canción en cuestión llevaría el título de “Que el Tiempo no te Cambie” y como ya os cuento era una manera de apostar porque el éxito no se les suviera a la cabeza y la fama no repercutiera en la amistad de la que todos presumían. Si embargo, el tiempo lo iría cambiando absolutamente todo.

Lo que se apreciaba notablemente es que en alguna de sus canciones, como por ejemplo en esta última, su rock iba dulcificándose de alguna manera y acercándose a otros estilos. Algunos movimientos hacia el pop-rock eran evidentes y hubo quien hizo saltar las alarmas avisando de que sus próximas canciones podrían no sonar como siempre.

Su popularidad y su música saldrían incluso de nuestras fronteras y por ello se verían inmersos en una situación un tanto hilarante que no muchos conocen. Una discográfica japonesa les ofrecería un contrato para grabar un disco y convertirles en una banda de éxito en su país. El problema radicaba en que para ello tenían que cantar en inglés e introducir ciertos arreglos que por allí gustaban. Cuando se encerraron en el estudio con el fin de cumplir con esas premisas, el resultado fue tan desastroso que se volvieron a España de manera inmediata. La verdad es que no me los imagino cantando en inglés para un público nipón.

Así las cosas, en el año 1981 volverían a viajar a Londres para la grabación de su cuarto trabajo, que además iba a ser el último disco de estudio de su carrera. Como ya os comentaba antes, no era oro todo lo que relucía y las cosas se torcerían inesperadamente de manera definitiva en muy poco tiempo. El disco en cuestión llevaría el título de “Confidencial” y supondría un paso adelante más en cuanto a calidad pero un notable retroceso en cuanto a ventas.

El salto “evolutivo” en su música se hace evidente incluso en la imagen que mostrarían en ese momento, ya no era tan estrafalaria. Habían cumplido ya los 30 y estaba claro que aun buscando música divertida, su manera de tocar era más calmada y pausada y los arreglos y las letras mostraban mayor seriedad. Su sonido era contundente, pero algo más oscuro. Podría afirmarse que se habían profesionalizado notablemente.

Incluso dentro del disco habían perdido la uniformidad que siempre había marcado sus anteriores trabajos. Ya no era una colección de canciones monocromáticas y uniforme sino que su música se movía en distintas aguas, algunas muy diferentes entre sí. Esta marcada diferencia puede apreciarse claramente entre la canción que abre el disco y la que supondría el sencillo de mayor éxito de su carrera. Este último lo dejo para el final para cerrar el apartado de este álbum como Dios manda, pero como podremos comprobar su similitud con este “Me Voy de Casa” es inexistente.

Con este disco intentarían mostrar cierta madurez a la hora de componer y para ello sus letras y algunos tiempos más tranquilos serían los mimbres utilizados. El gran problema es que su público no se sentiría tan cautivado como en anteriores oportunidades y pese a incluir en el disco su canción más rotunda y de mayor éxito de su carrera, las ventas caerían en picado.

La prueba más evidente de que algo había cambiado es que en este disco se incluirían algunas composiciones más lentas de lo habitual. Sin llegar a ser emotivas baladas si que se trataba de medios tiempos que introducían unas pausas inesperadas entre sus canciones de ritmo más elevado. En este sentido, “Nena” pasa por ser la más relevante.

Está claro que los cambios introducidos no acabaron de cuajar como ellos esperaban. La introducción de una sección de viento o de teclados en algunas de sus canciones no alcanzaría el éxito habitual y los resultados económicos del disco fueron bastante decepcionantes lo que les llevaría a una situación muy delicada. Sin saberlo habían iniciado el camino hacia el final.

Lo más curioso del caso es que una de las canciones de este disco se iba a convertir en uno de los auténticos himnos de la música española de los 80. Convivían por aquella época con el fenómeno de “La Movida” y la competencia era mucha, dando la impresión que no había espacio para todos. Pese a ello, serían capaces de componer una canción mítica que todo el mundo recuerda y que gustaría a propios y extraños. Como muchos estaréis sospechando me estoy refiriendo a la monumental “Salta”.

A pesar de que sus giras siguieron tenieno el tirón de siempre, la recaudación que obtenían por ellas se verían caer en picado. El despilfarro que en ciertos momentos cometerían todos los miembros del grupo y los mínimos ingresos por las ventas del último álbum harían el resto, dejándoles sumidos en un estado muy cercano a la bancarrota. Por si fuera poco, el fantasma de las drogas que venía acechando a algunos de los integrantes de la banda aparecería finalmente en su más cruda expresión.

La heroína había aparecido desde hacía algún tiempo como compañera de viaje del grupo y en mayor o menor medida todos sus miembros se verían afectados por esta adicción. El que más enganchado quedaría sería Felipe Lipe quien llegaría a tener problemas hasta para tocar en condiciones encima del escenario, motivo por el cual fue despedido y sustituido por Alex de la Nuez, antiguo componente de Zombies que junto a Christina Rosenvinge formaría algunos años después el dúo Alex & Christina.

Con todos estos condicionantes, el grupo empezaría diluirse poco a poco hasta desaparecer definitivamente. Ya no habría más discos, ya no habría más rock, ya no había más fans enloquecidos llenando sus conciertos y siguiéndoles allá donde fueran. Las secuelas de las drogas y la irrupción del heavy metal español con grupos como Barón Rojo y Obús harían el resto y se los terminarían llevando por delante.

A partir de ahí cada uno iniciaría sus proyectos al margen del grupo. Ariel Rot iniciaría su carrera en solitario y años después uniría sus fuerzas con Julián Infante para formar junto a Andrés Calamaro ese gran grupo que fueron Los Rodríguez y de los que hablaré próximamente. Por su parte Alejo Stivel se convertiría en un prestigioso productor, pero lo cierto es que nos dejarían a todos con ganas de más, de mucho más.

Desgraciadamente, las secuelas de tantos años de excesos con las drogas les pasaría factura dramáticamente. Manolo Iglesias fallecería en el año 1994 y seis años después lo haría Julián Infante, ambos víctimas del sida. Lo que podía haber sido una historia larga y maravillosa terminó siendo corta y trágica.

Como tantos y tantos grupos no podrían resistirse años después al fenómeno revival. En el año 2008 se produciría la reunión de los tres miembros que permanecían vivos, Alejo, Ariel y Felipe, para ofrecer algunos conciertos juntos y publicar un disco con todos sus éxitos que llevaría el título de “Vuelve Tequila”.

Las canciones incluidas en este disco son todos sus clásicos y no habría ningún tema nuevo propiamente dicho. En un primer momento la intención era la de tantear al público con el objeto de saber si tendrían posibilidades de recuperar parte del terreno perdido y meterse en el estudio de grabación para componer nuevas canciones que pudieran formar parte de un hipotético nuevo disco.

Para la ocasión, y como única novedad, volverían a grabar una de sus canciones más reconocidas y que venía muy bien al caso. Se trata de “Que el Tiempo no te Cambie”, la cual tendría cierto éxito y nos dejaría muy a las claras en el videoclip aquello de como se estropean los cuerpos. La imagen de Alejo bastante envejecido y sin pelo contrastaba con la de sus mejores tiempos. Le de vida.

Cualquier posibilidad de continuidad se disiparía de inmediato. Su tirón no daba para mucho y además Felipe no estaba muy por la labor. Estaba bien eso de haberse vuelto a ver las caras después de tanto tiempo y de tocar juntos, pero su personalidad había cambiado mucho debido a sus adicciones y renunció a cualquier posibilidad de volver a la carretera.

Desde entonces Ariel ha continuado publicando discos en solitario y Alejo con sus tareas de producción. Fueron solamente seis años los que Tequila permanecieron juntos, pero si miran atrás recordarán grandísimos momentos. Fueron los reyes durante esos años, pero la prisa con la que llegaron al estrellato sería la misma con la que terminarían desapareciendo. Nunca supieron parar y analizar, siempre fueron a la carrera. De cualquier forma ahí está su legado y un puñado de espectaculares canciones que son historia de la música rock de nuestro país.

Esto es todo por hoy, Graminoleños. Hasta la próxima.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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