TEQUILA


Hola Graminoleños.

Los que seáis de mi quinta a buen seguro que el grupo que viene hoy a “La Graminola” os va a traer grandes recuerdos. Los más jóvenes posiblemente no conozcáis su música, pero creo que merece la pena que leáis de arriba a abajo el artículo ya que merece, y mucho, la pena. Se trata de un grupo que se convirtió en uno de los grandes acontecimientos músicales de finales de los 70 y principios de los 80 en España y que marcaría profundamente el rock & roll que se hacía en nuestro país. Estoy hablando de esos fenómenos que respondían al nombre de “Tequila”.

Corría el año 1976 cuando dos argentinos dispuestos a comerse el mundo musicalmente hablando llegaban a España, huyendo de los malos tiempos que se vivían en su tierra natal con la dictadura militar de Videla. Dos jovencísimos músicos llamados Ariel Rot y Alejo Stivel que venían empapados del rock que se hacía en su país, buscando abrise camino en el nuestro en un momento en el que la música hecha aquí alcanzaba unas cotas muy elevadas.

Nada más aterrizar en tierras españolas contactarían con los grupos más representativos del rock hispano, entablando amistad con un grupo muy joven, que como ellos intentaba abrise camino, llamado “Spoonful Blues Band”. Como a esta formación no le iban demasiado bien las cosas, tres de sus componentes, Julián Infante, Felipe Lipe y Manolo Iglesias, unirián sus fuerzas con los dos argentinos para formar una nueva banda a la que le pondrían el nombre de Tequila.

Su manera de entender la música era sencilla, divertida y, sobre todo, rockera. Eran tiempos en los que el rock en sus distintas variantes estaba asentándose en España. Grupos de rock duro, rock sinfónico, rock urbano y demás modalidades hacían disfrutar a los jóvenes, pero faltaba una modalidad en la que alguien se convirtiera en un estardante, el puro y más esencial ROCK & ROLL, así, con mayúsculas.

De manera inmediata, su manera de hacer música y su desparpajo encima de un escenario llamarían la atención del sello más rockero de nuestro país: “Chapa”, que contaría con ellos para incluir una de sus canciones en un recopilatorio llamado “Rock del Manzanares (Viva el Rollo)”. El tema elegido sería “Necesito un Trago” y pocos sospechaban que iba a convertirse en un auténtico acontecimiento triunfal.

Esta composición eclipsaría totalmente al resto que figuraban en el álbum y tendría tal repercusión que sería publicada de manera inmediata como sencillo, obteniendo unas ventas espectaculares y proporcionándoles una grandísima popularidad. Con una única canción en el mercado se habían convertido prácticamente en un fenómeno de masas, todo el mundo hablaba de ellos.

Es curioso que precisamente ellos se convirtieran en uno de los más claros exponentes del que se dio en denominar “fenómeno fans” en nuestro país. Este aparatado estaba prácticamente copado por grupos y solistas más románticos en ocasiones y cuyo denominador común solía ser que lo de menos fuera cantar bien, con ser guaperas bastaba. Algún día dedicaré a este tema el correspondiente artículo, pero vuelvo a repetir que me parece muy curioso que un grupo tan cañero como ellos se codeara con gente como Pecos, Pedro Marín, Iván …

La popularidad que adquirieron fue tan grande que lograrían un buen contrato con una nueva discográfica y les llegaría el momento de publicar su álbum de debut que llevaría el título de “Matrícula de Honor” e iba a convertirse en uno de los discos más importantes del rock español del año 1978.

El disco fue un éxito total, tanto en número de ventas como por las buenas críticas recibidas. Su manera de hacer música, un rock & roll a la vieja usanza no exento de calidad, con unas melodías pegadizas interpretadas a todo trapo, una imagen inconfundible y una manera de moverse sobre el escenario espectacular, les convertirían en uno de los grupos preferidos por los jóvenes españoles de finales de la década de los 70.

Además el disco contenío dos de los auténticos himnos del rock en español de todos los tiempos. Uno era el ya publicado con anterioridad como sencillo “Necesito un Trago” y el otro un rock estratósferico con una letra que todos recordamos: “Vamos a tocar un rock & roll a la plaza del pueblo. Vamos a tocar un rock & roll a la Plaza Mayor …” Efectivamente me estoy refiriendo a “Rock en la Plaza del Pueblo”.

En ese momento eran la sensación de la música española y muchos se preguntaban hasta donder iban a ser capaces de llegar si con su álbum de debut habían logrado semejante repercusión. Además se notaba que se lo pasaban de miedo sobre el escenario y su conexión con el público, tanto masculino como femenino, era total.

La casi totalidad de las canciones de este disco son rock & roll y nada más, pero había alguna pequeña excepción. Una de las más claras, y una de las mejores canciones de este trabajo en mi modesta opinión, era “Las Vías del Ferrocarril”, en la que hacían un pequeño guiño al rock sureño más tradicional. Como ya os digo a mí me encanta.

Su correspondiente gira fue frenética e intensa y les serviría para demostrar a todos que además sabían tocar y muy bien. De hecho, se convertirían en la banda de acompañamiento de otro de los discos más emblemáticos del rock cantado en español que también vería la luz en aquel año 1978, auténticamente mágico para ellos.

El argentino Moris llevaba bastante tiempo triunfando en Argentina y por aquella época había alcanzado gran popularidad en nuestro país. Ese año publicaría su disco más aclamado, titulado “Fiebre de Vivir” en el que se incluía la mítica “Sábado Noche”, otro auténtico himno, contando con la espectacular colaboración de los chicos de Tequila y sus instrumentos.

Había que aprovechar de manera inmediata el tirón que tenía el grupo en esos instantes, por lo que casi sin solución de continuidad, en el año 1979 aparecería en el mercado su segundo disco, el cual no podía llevar mejor título que el de “Rock And Roll”, dejando muy claro lo que nos íbamos a encontrar en su interior.

Nos encontramos ante un disco con un ritmo trepidante, en el que suenan todavía mejor que en su primer trabajo y que dejaría bien a las claras que lo logrado hasta el momento no era una casualidad. De “fenómeno fans” habían pasado de manera inmediata a “fenómeno de masas”.

Simplemente con escuchar la canción que abre el disco, que además es la que le da título, podemos hacernos una idea de cual era su contenido. Estaba claro que para lo que estaban dotados era para hacer rock & roll y les iba de maravilla, así que no había necesidad alguna de cambiar. Este era el camino para hacerse grandes, muy grandes.

Todo les marchaba a pedir de boca, pero lo cierto es que no era todo de color de rosa. Pronto empezaron a surgir las envidas y se convertiría en bastante habitual que se les pusiera la etiqueta de grupo prefabricado con fecha de caducidad muy próxima y que su éxito iba a ser efímero, pese a que con sus dos primeros trabajos habrían logrado unas ventas que ya querrían para sí algunos artistas que llevaban ya tiempo en la carretera.

Por mucho que algunos quisieran emborronar de alguna manera sus logros no lo lograrían, porque lo cierto es que iban contracorriente, ya que sus seguidores crecían día a día. Por si fuera poco, como ya sucediera con su primer trabajo, en esta ocasión también contarían con dos canciones de esas que de manera inmediata se convirtieron en auténticos clásicos del rock español.

Una de ellas sería “Quiero Besarte”, una canción en la que muestran todo su arsenal. Contundencia con sus guitarras, la personalidad a la hora de interpretar de Alejo, los coros en segundo término del resto del grupo, una importante parte instrumental para lucimiento de todos y puro rock & roll. No se puede pedir más.

Pero habría otra canción en este segundo álbum todavía más espectacular y que es otro de sus grandes clásicos. En mi modesto entender si no la mejor composición de toda su carrera sí una de las mejores. Una canción trepidante de principio a fin con uno de esos estribillos facilones a base de “Uh Oh Uh Oh Uh Oh Uh Oh Oh Oh”.

Como muchos os habréis imaginado ya me estoy refiriendo a “Me Vuelvo Loco”, una canción que no tiene ni un solo momento de pausa. Caña total de principio a fin.

Como ya os digo las ventas de este disco fueron espectaculares para la época en la que nos econtrábamos. Hemos de pensar que por aquel entonces los grupos españoles que hacían rock no acababan de estar bien vistos por algunos sectores de la sociedad y, por así decirlo, con la llegada de la democracia y los nuevos tiempos, musicalmente hablando estábamos en pañales y empezábamos a crecer poco a poco.

Para cerrar el apartado dedicado a este disco vamos con una curiosidad. Y es que así hay que considerar que una de las canciones incluidas en este álbum tenga el título que llevaba su primer larga duración. Lo normal es que esta canción hubiese sido incluida en su ópera prima, pero quisieron ser originales y “Matrícula de Honor” formaría parte de “Rock And Roll”. ¿Un poco lioso? Tal vez, pero como es buena música lo perdonamos.

En aquel momento podría decirse que se encontraban totalmente desbordados. A cualquier sitio al que iban eran persegudos por sus numerosos fans. Cualquier firma de discos en algún centro comercial, cualquier entrevista radiofónica o cualquier intervención en algún programa televisivo tenía que venir acompañada de grandes medidas de seguridad, algo que estaba empezando a pasarles factura y de manera dramática como veremos más adelante.

Lo que no paraba de crecer era su prestigio y después del éxito logrado con sus dos primeros discos tenían muy claro que con el tercero tenían que ofrecer algo nuevo, algo mejor, algo más grande. Para ello se marcharían a Londres, donde grababan los discos los artistas más prestigiosos de la época, obteniendo como resultado el álbum “Viva Tequila” que vería la luz en el año 1980.

Nos encontramos con un disco mucho más pulido, en el que empiezan a mostrar cierta madurez y con unos arreglos más profesionales, que dejan como resultado, en opinión de la crítica, el mejor trabajo de toda su trayectoria. Pese a las etiquetas que muchos se empeñaban en ponerles, detrás de esa imagen y esas caras había unos buenos músicos.

Las ventas de este nuevo trabajo fueron también excepcionales pero caerían un poco con respecto a su anterior disco, pese a lo cual cada vez eran más respetados. En esta ocasión también habría dos canciones de esas que se han convertido en historia de nuestra música, aunque en esta oportunidad su contundencia sería un tanto menor dando paso a una mayor calidad.

El primero de estos temas lleva el título de “Mira a Esa Chica” y es una de las pruebas más evidente de que algo estaba cambiando en su manera de tocar.

Como puede apreciarse, sin perder la esencia rockera que siempre han tenido, sí que hay ciertos cambios en su manera de interpretar. Su sonido no está tan íntimamente ligado al rock & roll tradicional dando muestras de que estaba evolucionando hacia una música más seria. Los cambios de década suelen venir acompañados de grandes movimientos en el mundo de la música y ellos sabían que tenían que ofrecer cosas nuevas sin abandonar sus raíces si querían seguir en el candelero.

Lo cierto es que estos pequeños nuevos matices en su música nos seguirían dejando grandes canciones y grandes momentos, como el que llega de la mano de la canción que más me gusta de este disco, otro de sus grandes clásicos como es “Dime Que Me Quieres”.

Otra de las canciones destacadas de este tercer álbum es un tema cuya letra es toda una declaración de intenciones ante todo lo que les estaba sucediendo a una velocidad grandísima. Una canción que tendría continuidad en el tiempo como luego veremos y que finalmente se quedaría en eso, en una declaración de intenciones, porque todo seguiría cambiando trepidantemente y no siempre para bien.

La canción en cuestión llevaría el título de “Que el Tiempo no te Cambie” y como ya os cuento era una manera de apostar porque el éxito no se les suviera a la cabeza y la fama no repercutiera en la amistad de la que todos presumían. Si embargo, el tiempo lo iría cambiando absolutamente todo.

Lo que se apreciaba notablemente es que en alguna de sus canciones, como por ejemplo en esta última, su rock iba dulcificándose de alguna manera y acercándose a otros estilos. Algunos movimientos hacia el pop-rock eran evidentes y hubo quien hizo saltar las alarmas avisando de que sus próximas canciones podrían no sonar como siempre.

Su popularidad y su música saldrían incluso de nuestras fronteras y por ello se verían inmersos en una situación un tanto hilarante que no muchos conocen. Una discográfica japonesa les ofrecería un contrato para grabar un disco y convertirles en una banda de éxito en su país. El problema radicaba en que para ello tenían que cantar en inglés e introducir ciertos arreglos que por allí gustaban. Cuando se encerraron en el estudio con el fin de cumplir con esas premisas, el resultado fue tan desastroso que se volvieron a España de manera inmediata. La verdad es que no me los imagino cantando en inglés para un público nipón.

Así las cosas, en el año 1981 volverían a viajar a Londres para la grabación de su cuarto trabajo, que además iba a ser el último disco de estudio de su carrera. Como ya os comentaba antes, no era oro todo lo que relucía y las cosas se torcerían inesperadamente de manera definitiva en muy poco tiempo. El disco en cuestión llevaría el título de “Confidencial” y supondría un paso adelante más en cuanto a calidad pero un notable retroceso en cuanto a ventas.

El salto “evolutivo” en su música se hace evidente incluso en la imagen que mostrarían en ese momento, ya no era tan estrafalaria. Habían cumplido ya los 30 y estaba claro que aun buscando música divertida, su manera de tocar era más calmada y pausada y los arreglos y las letras mostraban mayor seriedad. Su sonido era contundente, pero algo más oscuro. Podría afirmarse que se habían profesionalizado notablemente.

Incluso dentro del disco habían perdido la uniformidad que siempre había marcado sus anteriores trabajos. Ya no era una colección de canciones monocromáticas y uniforme sino que su música se movía en distintas aguas, algunas muy diferentes entre sí. Esta marcada diferencia puede apreciarse claramente entre la canción que abre el disco y la que supondría el sencillo de mayor éxito de su carrera. Este último lo dejo para el final para cerrar el apartado de este álbum como Dios manda, pero como podremos comprobar su similitud con este “Me Voy de Casa” es inexistente.

Con este disco intentarían mostrar cierta madurez a la hora de componer y para ello sus letras y algunos tiempos más tranquilos serían los mimbres utilizados. El gran problema es que su público no se sentiría tan cautivado como en anteriores oportunidades y pese a incluir en el disco su canción más rotunda y de mayor éxito de su carrera, las ventas caerían en picado.

La prueba más evidente de que algo había cambiado es que en este disco se incluirían algunas composiciones más lentas de lo habitual. Sin llegar a ser emotivas baladas si que se trataba de medios tiempos que introducían unas pausas inesperadas entre sus canciones de ritmo más elevado. En este sentido, “Nena” pasa por ser la más relevante.

Está claro que los cambios introducidos no acabaron de cuajar como ellos esperaban. La introducción de una sección de viento o de teclados en algunas de sus canciones no alcanzaría el éxito habitual y los resultados económicos del disco fueron bastante decepcionantes lo que les llevaría a una situación muy delicada. Sin saberlo habían iniciado el camino hacia el final.

Lo más curioso del caso es que una de las canciones de este disco se iba a convertir en uno de los auténticos himnos de la música española de los 80. Convivían por aquella época con el fenómeno de “La Movida” y la competencia era mucha, dando la impresión que no había espacio para todos. Pese a ello, serían capaces de componer una canción mítica que todo el mundo recuerda y que gustaría a propios y extraños. Como muchos estaréis sospechando me estoy refiriendo a la monumental “Salta”.

A pesar de que sus giras siguieron tenieno el tirón de siempre, la recaudación que obtenían por ellas se verían caer en picado. El despilfarro que en ciertos momentos cometerían todos los miembros del grupo y los mínimos ingresos por las ventas del último álbum harían el resto, dejándoles sumidos en un estado muy cercano a la bancarrota. Por si fuera poco, el fantasma de las drogas que venía acechando a algunos de los integrantes de la banda aparecería finalmente en su más cruda expresión.

La heroína había aparecido desde hacía algún tiempo como compañera de viaje del grupo y en mayor o menor medida todos sus miembros se verían afectados por esta adicción. El que más enganchado quedaría sería Felipe Lipe quien llegaría a tener problemas hasta para tocar en condiciones encima del escenario, motivo por el cual fue despedido y sustituido por Alex de la Nuez, antiguo componente de Zombies que junto a Christina Rosenvinge formaría algunos años después el dúo Alex & Christina.

Con todos estos condicionantes, el grupo empezaría diluirse poco a poco hasta desaparecer definitivamente. Ya no habría más discos, ya no habría más rock, ya no había más fans enloquecidos llenando sus conciertos y siguiéndoles allá donde fueran. Las secuelas de las drogas y la irrupción del heavy metal español con grupos como Barón Rojo y Obús harían el resto y se los terminarían llevando por delante.

A partir de ahí cada uno iniciaría sus proyectos al margen del grupo. Ariel Rot iniciaría su carrera en solitario y años después uniría sus fuerzas con Julián Infante para formar junto a Andrés Calamaro ese gran grupo que fueron Los Rodríguez y de los que hablaré próximamente. Por su parte Alejo Stivel se convertiría en un prestigioso productor, pero lo cierto es que nos dejarían a todos con ganas de más, de mucho más.

Desgraciadamente, las secuelas de tantos años de excesos con las drogas les pasaría factura dramáticamente. Manolo Iglesias fallecería en el año 1994 y seis años después lo haría Julián Infante, ambos víctimas del sida. Lo que podía haber sido una historia larga y maravillosa terminó siendo corta y trágica.

Como tantos y tantos grupos no podrían resistirse años después al fenómeno revival. En el año 2008 se produciría la reunión de los tres miembros que permanecían vivos, Alejo, Ariel y Felipe, para ofrecer algunos conciertos juntos y publicar un disco con todos sus éxitos que llevaría el título de “Vuelve Tequila”.

Las canciones incluidas en este disco son todos sus clásicos y no habría ningún tema nuevo propiamente dicho. En un primer momento la intención era la de tantear al público con el objeto de saber si tendrían posibilidades de recuperar parte del terreno perdido y meterse en el estudio de grabación para componer nuevas canciones que pudieran formar parte de un hipotético nuevo disco.

Para la ocasión, y como única novedad, volverían a grabar una de sus canciones más reconocidas y que venía muy bien al caso. Se trata de “Que el Tiempo no te Cambie”, la cual tendría cierto éxito y nos dejaría muy a las claras en el videoclip aquello de como se estropean los cuerpos. La imagen de Alejo bastante envejecido y sin pelo contrastaba con la de sus mejores tiempos. Le de vida.

Cualquier posibilidad de continuidad se disiparía de inmediato. Su tirón no daba para mucho y además Felipe no estaba muy por la labor. Estaba bien eso de haberse vuelto a ver las caras después de tanto tiempo y de tocar juntos, pero su personalidad había cambiado mucho debido a sus adicciones y renunció a cualquier posibilidad de volver a la carretera.

Desde entonces Ariel ha continuado publicando discos en solitario y Alejo con sus tareas de producción. Fueron solamente seis años los que Tequila permanecieron juntos, pero si miran atrás recordarán grandísimos momentos. Fueron los reyes durante esos años, pero la prisa con la que llegaron al estrellato sería la misma con la que terminarían desapareciendo. Nunca supieron parar y analizar, siempre fueron a la carrera. De cualquier forma ahí está su legado y un puñado de espectaculares canciones que son historia de la música rock de nuestro país.

Esto es todo por hoy, Graminoleños. Hasta la próxima.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

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ULTRAVOX – CAPÍTULO 2 (REYES DEL TECNO-POP)


Hola, Graminoleños.

Vamos hoy con el segundo capítulo dedicado a la carrera de esa gran banda que fueron Ultravox. En esta oportunidad vamos a poder saborear su mejor música y disfrutar de su mejor momento y de sus mayores éxitos, gracias a la entrada como vocalista y auténtico líder de Midge Ure, el gran responsable de que llegasen a ser considerados como la mejor banda de tecno-pop de los 80 por gran parte de la prensa especializada.

Dejábamos su historia en el anterior capítulo justo en el momento en que conseguirían su mayor éxito hasta ese instante con la publicación en el año 1980 de su álbum “Vienna”. Aprovechando el tirón, tan sólo un año después llegaría un nuevo disco, el segundo con Ure a la cabeza, que no haría sino confirmar que progresaban adecuadamente.

Así las cosas, en el año 1981 publicarían “Rage In Eden”, un disco más vinculado aún si cabe al sonido de sintetizadores, considerado como el más experimental de su carrera y, para algunos, el mejor de todos los que compondrían.

Como ya os cuento, los más puristas lo consideran como el mejor álbum que jamás publicaran, pero como siempre digo es demasiado arriesgado asegurar que tal o cual disco es el mejor de manera absoluta. Sin dua es un buen trabajo pero que viene acompañado de la gran paradoja de que incluyendo grandes canciones, posiblemente mejores que las de su anterior álbum, cosecharía unas ventas ligeramente inferiores, eso sí, mostrándonos dos de los temás más representativos de su carrera.

Su inmersión en el mundo de los sintetizadores sería ya su seña de identidad a partir de este momento. En la recién estrenada década de los 80 este sonido marcaría toda una época y ellos sabrían moverse a la perfección en esas aguas, dejándonos canciones tan creativas y de tanta calidad como “The Thin Wall”, uno de los mayores éxitos que cosecharían mientras estuvieron en activo.

Una de las características más marcadas de los grupos vinculados al tecno de los ochenta fue que en sus primeros trabajos solían realizar un sonido bastante experimental, en el que jugaban con todas las posibilidades que les daban ese nuevo juguete que era el sintetizador. Unos los llevaron más lejos que otros, de ahí nacería la denominada “música industrial”, y en este sentido Ultravox no serían una excepción.

Así pues, “Rage In Eden” está considerado como su disco más experimental a la par que creativo, ya que no solamente incluyen canciones con un sonido en ocasiones desconcertante, sino que son capaces también de ofrecer canciones genuinas y que marcarían la pauta de sus siguientes trabajos como sería “The Voice”, una de sus composiciones de mayor éxito.

Estaba claro que habían puesto la directa y la impresión que daba es que ya no iban a bajarse de los lomos del caballo del éxito. En este sentido, la figura de Midge Ure sería fundamental para ese salto que acababan de dar. Su carisma, su manera de cantar y la forma de ejercer el liderazgo del grupo marcarían su futuro de ahora en adelante, tanto para bien como para mal.

Su popularidad crecería de manera exponencial por lo que no tardarían en publicar su siguiente trabajo, que lelgaría en el año 1982 e iba a convertirse en el mayor éxito a nivel de ventas de toda su carrera. Su título: “Quartet”.

Su caminar por el panorama musical iba in “crescendo” desde la llegada al grupo de Ure, pero les faltaba componer un disco de esos redondos en los que todas y cada una de sus canciones se hiciesen populares y prácticamente la mitad de ellas se convirtieran en una especie de himnos para una generación. “Quartet” es ese disco.

De todos es sabido que en Estados Unidos el sonido tecno de sintetizador de la década de los ochenta tuvo una considerable menor aceptación que en Europa, siendo muy pocos los artistas tecno de aquel entonces que lograrían triunfar como Dios manda al otro lado del Atlántico. Hasta este instante Ultravox no habían tenido apenas trascendencia en USA, pero con este disco entrarían por primera vez en el mercado norteamericano, cuyas puertas se abrirían de par en par para ellos.

En gran medida, la responsabilidad de este progreso en Norteamérica lo tendría el primer sencillo que aparecería en el mercado. Si os soy sincero no me extraña nada ya que se trata de mi canción preferida. Un tema que me parece espectacular, en el que la introducción a ritmo de teclado del principio creo que es una genialidad. Estoy hablando de “Reap the Wild Wind”.

A nivel de ventas este sería el disco con el que mejores resultados obtendrían en toda su carrera. Y es que el tirón que tuvo en Estados Unidos les catapultaría a la fama. Por si fuera poco, la crítica especializada hacía tiempo que les había tomado como una especie de estandarte de la música tecno siendo considerados en aquel momento por muchos como el mejor grupo de este estilo en los ochenta.

Varias son las canciones que son dignas de destacar de este trabajo, pero la palma se la lleva una que pasa por ser una de las más populares y exitosas de siempre. Un himno que clama contra la corrupción y los muchos aprovechados que hay en la vida y que viene acompañada de un espectacular videoclip. Como muchos os estaréis imaginando me estoy refiriendo a “Hymn”.

Que lejos quedaban aquellos tiempos en los que se movían en las aguas del punk-rock y su sonido venía marcado por las guitarras sonando a toda velocidad. Ahora, moviéndose en el equilibrio de la música tecno habían conseguido convertirse en una de las bandas más representativas del panorama musical internacional. Ya se codeaban con los más grandes.

En la mayoría de las ocasiones, sus canciones estaban hechas para bailar, algo bastante habitual tratándose de música en la que los teclados electrónicos llevaban el mando, pero también había excepciones de mucha categoría.

Ya habíamos podido disfrutar en el anterior capítulo de “La Graminola” de esa genialidad de balada que es “Vienna”. En esta oportunidad intentarían repetir la historia con otro baladón en el que la voz de Ure se movería como pez en el agua, aunque su éxito sería bastante menor que con el dedicado a la capital de Austria. Y es que igualar ese tema es tarea casi imposible. De cualquier modo, “Visions In Blue” tiene también suficiente magia como para poder disfrutar de ella.

Una vez asentados de manera definitiva en el éxito dejarían de lado esa faceta experimental de la que os hablaba antes y que se hizo palpable en su anterior disco, aunque a modo de despedida, “Quartet” incluiría todavía una canción que podría tener esta consideración.

Se trata de “We Came To Dance”, una de sus canciones más atípicas que se queda a medias entre su sonido propiamente dicho y una especie de música disco. Uno de sus temas más originales aunque su éxito fuese menor. Estaba claro que el público lo que quería era un sonido identificable y ellos lo tenían.

Se encontraban entonces en el mejor momento de toda su carrera y las ideas fluían una tras otra. Sus discos casi se solapaban unos con otros y de alguna manera empezaron a creérselo un poco y a sentirse un tanto “creciditos”, algo comprensible y habitual en el mundo de la música, pero que en la mayoría de las ocasiones suele pasar una factura demasiado grande.

Prueba de este estado de ánimo tan desbordante sería que en el año 1983 publicarían hasta dos nuevos discos. El primero sería un álbum grabado en directo con algunas de sus canciones más representativas y que llevaría el título de “Monument”.

No es muy habitual que los grupos y artistas vinculados al tecno-pop de los ochenta publicasen discos grabados en vivo. Siempre se defendió que su música interpretada sobre el escenario era artificial, previsible y preprogramada y que no tenía ningún mérito escuchar sus canciones interpretadas en directo ya que sonaban idénticas a las versiones de estudio. Sin embargo, como producto de ese engrandecimiento que vivián, ellos se atreverían a grabar y publicar este disco, el cual lograría muy buenos resultados de ventas que no fueron mayores simplemente porque únicamente contaba con seis canciones. Como suele decirse, lo bueno y breve dos veces bueno.

Además, no todas las canciones son versiones en directo, ya que la que da nombre al álbum es la versión de estudio de la canción instrumental que en su momento fue incluida como cara B del sencillo “Hymn”.

De cualquier modo, la impresión que quedaría es que este disco grabado en vivo fue un pequeño capricho que no buscaba otra cosa que seguir recaudando dinero y manteniéndoles en el candelero, porque lo verdaderamente importante iba a venir a finales de ese año 1983, momento en el cual presentaron su nuevo trabajo de estudio aunque éste no vería la luz comercialmente hablando hasta principios de 1984.

El disco llevaría el título de “Lament” e iba a mostrar una clara evolución en su estilo, comenzando el camino que iba a llevarles a abandonar poco a poco su etiqueta marcada por los sintetizadores y viajar hacia terrenos más cercanos al pop-rock. El tiempo diría si esta decisión sería acertada o no.

No puede decirse que este disco fuese una revolución total en cuanto a su sonido y estilo, pero sí que mostraría bastantes cambios con respecto a sus dos anteriores trabajos con los que habían conseguido convertirse en una de las bandas más populares del momento. Quizás la denominación que más iría con este álbum sea la de “híbrido” entre el tecno y el pop-rock, algo que sorprendería a casi todos sus seguidores que no se verían decepcionados ni mucho menos por estas novedades.

Cuando un artista decide dar un pequeño giro a la manera de hacer música con respecto a lo que ha venido ofreciendo hasta ese instante, la mejor maniobra es que el sencillo de presentación de su trabajo renovado ya marque las pautas que va a seguir a partir de ese momento. Por este motivo, “One Small Day”, la canción que saldría al mercado como primer single, es sin ningún lugar a dudas la más drástica a la hora de innovar ya que sustituye el habitual sonido de los sintetizadores por el de unas guitarras que huelen a pop por sus cuatro costados.

El éxito de un disco que de alguna manera rompe con lo realizado hasta la fecha radica muy a las claras en la capacidad de atraer a mayor público pero sin perder a sus fans de siempre. Para ello, es fundamental que al menos una de las canciones que lo integren logre un rotundo éxito y se convierta en eso que solemos denominar “clásico”. Pues bien, “Lament” tendría ese clásico del que hablo.

Se trata de “Dancing With Tears In My Eyes”, una de las mejores composiciones de su carera en la que la voz de Ure se muestra en estado puro. Una genialidad que está más cercana al tecno que a ese pop al que se dirigían. No es demasiado habitual en la trayectoria de Ultravox que sus letras abordaran temas sociales o de actualidad, pero ésta es una de sus excepciones. Siempre se ha pensado que la canción habla de amor y desamor pero realmente es una defensa del ecologismo y una crítica a la proliferación de centrales nucleares. Por cierto, en el videoclip aparecen junto al vocalista su mujer y su hijo.

Tanto el éxito del álbum como de los sencillos que habían ido apareciendo fue bastante considerble. Estaba claro que el público había acogido bastante bien los cambios introducidos en su sonido, aunque también habría una pequeña decepción, toda vez que el tercer tema que aparecería como single no tendría una acogida demasiado entusiasta.

Se trata del tema que da nombre al disco y lo cierto es que no pasará a la historia como una de sus mejores creaciones, “lamentablemente”. He de haceros una confesión, en esta ocasión voy contracorriente, a mí me encanta esta canción.

La pequeña evolución mostrada con este disco serviría para asentarles aún más en la cima del éxito y seguir siendo considerados como una gran banda, obteniendo el respeto casi unánime de la crítica. Su popularidad crecía cada vez más e incluso el mundo de la publicidad iba a ser el responsable indirecto de otro de sus éxitos.

En el año 1984, una famosa marca de pantalones vaqueros les solicitaría que compusieran una pequeña introducción, una especie de riff para una de sus campañas publicitarias. Se pusieron manos a la obra pero esa introducción les gustó tanto a Ure y los suyos que al final se convertiría en una canción entera que sería publicada como sencillo y finalmente no formaría parte de la campaña publicitaria, ya que eso no era lo que la marca en cuestión necesitaba.

Estoy hablando de “Love’s Great Adventure”, una canción que se adentra ya de lleno en el pop más sencillo posible y que iba a convertirse en otro gran éxito, sobre todo en el Reino Unido. Lo que nadie sospecharía en ese momento es que iba a ser el último gran triunfo de su carrera.

Llegaría entonces el momento de recapitular y hacer balance. Eran ya muchos los años de carrera y dado que parecía que a partir de ese momento iban a moverse en un estilo un tanto diferente al que les había proporcionado sus mejores momentos, pensarían que la mejor manera de cerrar esa etapa era la publicación de un recopilatorio de grandes éxitos.

El recopilatorio saldría al mercado en el año 1985 y llevaría el título de “The Collection” y contendría única y exclusivamente sus sencillos publicados durante la etapa de liderazgo de Midge Ure, obviando cualquier referencia a sus primeros años. Parecía que querían borrar de un plumazo su etapa de punk-rock y cualquier referencia a la pertenencia al grupo de John Foxx. Para ellos, Ultravox solo existían desde su entrada en el mundo de los sintetizadores.

No sería ésta la única curiosidad de este disco de grandes éxitos. La norma casi general de cualquier recopilatorio que se precie es la introducir al menos una canción inédita que atraiga aún más al público. Pues bien, en esta ocasión no habría ningún tema nuevo que llevarse a la boca, por lo que aquéllos que estaban ansiosos por comprobar lo que depararía su siguiente álbum y el estilo en el que iban a moverse tendrían que esperar un poco más.

Cuando un grupo empieza a introducir profundos cambios en su manera de hacer música, sobre todo si con sus últimos trabajos ha logrado el éxito, es bastante habitual que se produzcan diferencias entre sus integrantes. Si todos deciden navegar en la misma dirección finalmente, no habrá problemas para su continuidad pero si por el contrario las opiniones y los deseos de cada uno son innegociables, el futuro juntos es una quimera. Desgraciadamente, Ultravox se verían inmersos en esta segunda circunstancia.

Así pues, en el año 1987 iba a salir al mercado el álbum que iba a significar una especie de epitafio en su carera, que llevaría el título de “U-Vox”.

El disco obtendría unos resultados de ventas bastante aceptables aunque muy por debajo de los conseguidos por sus anteriores trabajos. En gran medida no sufrirían un gran desplome gracias al prestigio adquirido y a las ganas que sus seguidores tenían de escuchar nuevas canciones del grupo, pero lo cierto es que la crítica especializada que siempre había estado de su parte, en esta oportunidad se mostraría muy dura con ellos.

Nos encontramos ante un álbum en el que reinciden en esa especie de reinvención que habían iniciado un par de años antes con “Lament”, intentando abandonar su base de sintetizadores para darle más importancia a las guitarras y hacercanse al pop-rock. La mayoría de las canciones que lo integran se mueven en estos terrenos, siendo la que mayor repercusión obtendría “Same Old Story”.

El paso adelante que habían dado hacia un nuevo sonido ya no tenía vuelta atras. El problema es que como tantas y tantas veces ha sucedido en la historia de la música, su manera de hacerlo fue demasiado abrupta, demasiado rápida, demasiado exagerada. Y eso normalmente es sinónimo de decepción por parte de sus fans.

De hecho, en algunos momentos se les va la cosa un poco de las manos, como puede apreciarse en la canción que viene a continuación. Se trata de un tema titulado “All Fall Down”, en el que se introducen incluso en el terreno tan delicado de la música celta, contando con una colaboración tan especial como la de The Chieftains. No es que nos encontremos ante una mala canción, pero sí que es cierto que es la prueba más irrefutable de que habían abandonado su esencia totalmente. Además, la mezcla resulta cuanto menos … inquietante.

Como puede apreciarse, si cerramos los ojos y nadie nos dice que estamos escuchando una canción de Ultravox, no se nos pasaría ni por la imaginación que son ellos los que están sonando. Quedaba claro que la sensación genaralizada era de que esto ya no eran Ure y los suyos, era otra cosa radicalmente distinta.

Además, el disco no contiene ningún tema relevante que pueda destacarse sobre los demás y que obtuviese una repercusión especial. Desde hacía bastante tiempo llevaban intentando componer una balada tipo “Vienna” que les volviera a proporcionar el éxito que les garantizó su tema más emblemático, pero siempre habían tocado en hueso.

En esta ocasión tampoco lo lograrían. El tercer sencillo que aparecería de este disco era el escogido para intentar reeditar su éxito como baladistas, pero lo cierto es que “All In One Day” no consigue estar a la altura.

Por si fuera poco, las relaciones entre sus integrantes se habían enrarecido claramente. A fuerza de ser sincero habría que decir que no se podían ni ver. El excesivo protagonismo de Ure no gustaba al resto de sus compañeros y las profundas diferencias que existían a la hora de hacer música habían abierto unas heridas que sería imposible cerrar.

Todas estas circunstancias llevarían a que al finalizar la gira el grupo quedara disuelto. Midge Ure hacía tiempo que estaba pensando en iniciar su carrera en solitario y el mal ambiente existente dentro de la banda le llevaría a bajarse del carro. El resto de los miembros del grupo también tenían sus diferencias entre sí y eran conscientes que sin el vocalista su continuidad era muy complicada, por lo que la decisión de dejarlo terminaría siendo unánime.

Sin embargo, el teclista Billy Currie no se resignaría fácilmente. Se haría con los derechos del nombre del grupo e intentaría volver a ponerlo a flote en el año 1992 con la publicación de un nuevo disco titulado “Revelation” y que contaría con Tony Fenelle como nuevo vocalista.

El intento de continuar adelante de Currie sería todo un fiasco. Para empezar nadie identificaría la nueva formación con Ultravox, ya que la sombra de Ure era muy alargada y Fenelle no estaba a la altura. Por otro lado, el disco mostraba una música con un sonido de pop de los 80 que con la entrada de los 90 estaba totalmente fuera de sitio.

Las ventas del disco serían residuales y la crítica especializada lo ignoraría totalmente, algo que es todavía peor que recibir malas opiniones. Del disco únicamente se publicaría un sencillo bajo el título de “I’m Alive”, una canción totalmente prescindible.

Estaba muy claro que el tiempo de Ultravox ya había paasdo pero Currie no quería rendirse tan fácilmente. Dejaría transcurrir cuatro largos años hasta decidirse a retomar de nuevo la actividad, con músicos diferentes y contando con la figura de Sam Blue como vocalista, para publicar en el año 1996 un nuevo disco titulado “Ingenuity”.

La historia se repetiría paso por paso. El disco no tendría apenas repercusión, la crítica prácticamente no lo valoraría y las ventas serían mínimas. Pese a los intentos de Currie por remontar el vuelo, el público estaba a otras cosas y para ellos Ultravox hacía tiempo que eran historia. Se recordaban sus canciones más exitosas pero nadie los echaba de menos.

En esta oportunidad, Currie dejaría de lado el pop-rock para intentar volver al sonido tecno que les llevara a la cima, pero ni por esas. Aun reconociendo el mérito que tiene su empeño y que dotara a las canciones con los nuevos adelantos en cuanto a música electrónica de la época, lo cierto es que nos encontramos ante otro disco prescindible, en el que únicamente el tema “There Goes a Beautiful World” tiene cierta calidad.

Desde este momento se consideraría finalizada defintivamente la carrera como banda de Ultravox. La gran aspiración de Currie era la de que el resto de los antiguos miembros del grupo dejaran a un lado sus rencillas y decidieran ayudarle en poner de nuevo a flote el grupo, pero las heridas habían sido muy profundas y cuando en el año 1997 Midge Ure publicó su primer trabajo en solitario entendería que todo había acabado.

Como podéis apreciar, el tiempo transcurrido entre la salida del grupo y la publicación de su primer disco como solista de Ure fue de nada más y nada menos que de diez años. El final tan desagradabel que tendría Ultravox y que propiciaría su práctica disolución le pasaría factura anímicamente y caería en las garras del alcohol, con las que estuvo luchando durante todos esos años con continuas recaídas.

Afortunadamente conseguiría tras unos años durísimos dejar atrás su alcoholismo y publicar ese año 1997 el álbum “Breathe”. La carrera en solitario de Ure no ha sido nada del otro mundo y este primer trabajo pasaría en un primer momento con más pena que gloria, pero un golpe de suerte en forma de campaña publicitaria le volvería a poner en órbita.

Una conocida empresa de relojes utilizaría para una de sus campañas televisivas el tema que da título al álbum y la canción, una preciosidad por otra parte, lograría un éxito total, convirtiéndose en el mayor y casi único triunfo de Ure como solista, porque como ya os comento después de esto más bien poco.

El grupo estaba finiquitado definitivamente, pero como tantas y tanas veces ha sucedido y seguirá sucediendo, el intentar recuperar tiempos mejores y, sobre todo, la posibilidad de hacer algo de dinero les llevaría a reunirse de nuevo allá por el año 2008. La carrera de Ure en solitario estaba siendo bastane discreta y el resto de los miembros del grupo estaban prácticamente desaparecidos por lo que Midge Ure, Chris Cross, Billy Currie y Warren Cann volverían a la carretera para llevar a cabo una gira de retorno.

El éxito que lograrían con estas actuaciones “revival” les llevaría a repetir experiencia en los años siguientes y para vencer el gusanillo que les empezaría a entrar, en el año 2012 se encerrarían en el estudio de grabación con el objeto de componer nuevas canciones para un nuevo álbum, el cual vería la luz en el año 2012 bajo el título de “Brilliant”.

El disco es un retorno total a su música tecno de siempre pero con los arreglos de nuestros días. Ni que decir tiene que no lograría demasiada repercusión, aunque en el Reino Unido seguían teniendo cierto tirón, logrando por aquellas tierras unas ventas discretas pero aceptables.

Desde entonces nada más se ha sabido de ellos y su actividad se ha reducido a cero. Fueron grandes, para algunos los más grandes de la música tecno de los 80, pero como en tantas ocasiones ha sucedido han intentado negarse a envejecer hasta darse cuenta de que su tiempo ya pasó.

Así pues, aquí os dejo el que pasa por ser el último sencillo de su carrera, “Brilliant”, una canción que cerrando los ojos puede llevarnos por un momento a tiempos pasados que en este caso sí que fueron mejores.

Aquí lo dejamos por hoy. Hasta la próxima, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ