DANZA INVISIBLE – CAPÍTULO 2 (LATINOS)


Hola Graminoleños.

Nos disponemos a abordar en el día de hoy la segunda parte de la carrera musical de Danza Invisible, uno de los mejores grupos que ha dado el pop patrio y que siempre nos ha dejado buena música.

Hace unos días lo dejábamos en el año 1989 momento en el cual con la publicación de “A Tu Alcance” cosechaban el mayor éxito hasta ese momento de su carrera. Se abrían entonces varias incógnitas: ¿serían capaces de mantener e incluso superar el nivel? ¿Se produciría alguna crisis que originaría algún cambio en su formación? ¿Seguirían siendo un grupo de referencia en nuestro país? Las respuestas en las siguientes líneas. Así que a disfrutar porque después de este artículo “La Graminola” cerrará unos días por vacaciones. Comenzamos.

Cambiaba la década pero no cambiaba su rumbo. En el año 1990 publicarían “Catalina”, su disco más versátil y variado, en el que inciden en los ritmos latinos como estilo predominante y con el que vuelven a cosechar un rotundo éxito.

Si algo va bien es mejor no cambiarlo y eso es lo que decidirían hacer los chicos de Danza Invisible con este disco. La fórmula de latinizar su música y hacerla mucho más bailable y animada iba a seguir proporcionándoles un grandísimo éxito, logrando de nuevo unos resultados de ventas espectaculares.

La complicidad que Ojeda y el resto del grupo mostraban era mayor cada día. Su manera de tocar siempre había sido sinónimo de calidad, pero es que con el paso del tiempo la comunión entre el vocalista cantando y el resto del grupo haciendo coros y tocando obtenía resultados tan espectaculares como este “Catalina”.

Nos encontramos con un disco muy similar a su anterior trabajo en cuanto a estilo pero en el que incluyen algunas facetas más hasta ahora desconocidas. Y es que daba la impresión de que a estas alturas de su carrera eran capaces de moverse a la perfección en las aguas de cualquier estilo.

La canción más representativa de esta manera de innovar, de esta manera de seguir creciendo disco a disco nos llega con una colaboración muy especial en la que se produce una especie de fusión entre el reggae más tradicional y un rap a la andaluza.

Me estoy refiriendo a “Naturaleza Muerta”, otro de los temas más populares de su carrera en la que contarían con la colaboración estelar de Los Raperos del Sur dejándonos una canción única, con el sonido habitual de Danza Invisible, el rap andaluz de los raperos y una parte coral femenina espectacular.

El momento que atravesaban era formidable, no se podía negar, y ello les llevaba a brillar incluso en la faceta de versionar a otros artistas, fueran del estilo que fueran, como habían hecho en su anterior trabajo con Van Morrison.

En esta ocasión se atreverían a versionar a uno de los mayores cantautores de habla hispana como es Pablo Milanés. La entonación que Ojeda le da a “Yolanda” es tan espectacular que nos deja como producto una canción bellísima y mágica. Aviso a navegantes, en sus siguientes discos seguirían versionando y todavía está por llegar la más grande de todas.

Sin solución de continuidad, en el año 1991 llegaría su siguiente trabajo, un disco en el que los toques latinos quedarían prácticamente difuminados para sumergirse directamente en las aguas del pop, aunque sin perder su atractivo.

El nuevo álbum llevaría el título de “Bazar” y de alguna manera de eso se trata, de un conjunto de canciones de distinto estilo, haciéndole guiños claros a la música de sus primeros tiempos pero todo ello aderezado con la salsa del pop-rock de los 90.

Nos encontramos ante un trabajo más desigual que los anteriores, con unos resultados globales menores pero con unas cuantas muy buenas canciones. A diferencia de sus dos discos precedentes, le falta la uniformidad para hablar de un gran disco, siendo algunos de sus temas sueltos los que de alguna manera tiran del carro.

Con sólo escuchar la canción que abre el disco, “Diez Razones Para Vivir”, una de las más destacadas del mismo, puede apreciarse que estamos ante un álbum bastante distinto a los demás, una especie de capricho para entendernos bien.

El disco sería recibido con cierta frialdad por parte de la crítica que en esta oportunidad no vertería sobre él comentarios demasiado entusiasmados, aunque la “Marca Danza Invisible” seguía funcionando ya que sus fieles seguirían comprándolo con unas cifras muy parecidas a las que manejaban últimamente.

En esta ocasión el ritmo y la intensidad de su música es bastante menor, ofreciendo sobre todo medios tiempos tales como “La Deuda de la Mentira”, canción en la que muestran su lado más profesional y cuidado.

No faltaría su cita habitual con las versiones de otros artistas, en esta ocasión por partida doble. Una de ellas llevaría el título de “Tentaciones” y es su manera de entender el tema “Tempted” del grupo Squeeze. La otra sería “Sólo el Amor te Hará Llorar” su visión particular de “Only Love Can Break Your Heart” tema de ese grandísimo artista con mayúsculas que es Neil Young. Disfrutemos ahora de la primera.

Está claro que “Bazar” es un álbum que retrocede un tanto en popularidad y éxito con una colección de canciones más personales y menos animosas y bailables de lo que habían venido mostrando hasta ese momento. No es que sea un mal disco, pero sí que es cierto que en su conjunto está por debajo de las expectativas. Le faltan canciones de esas que arrasan entre el público por sí solas.

Habría que esperar hasta el año 1993 para poder disfrutar de un nuevo disco. Un trabajo en el que retomarían la fórmula de “mestizaje” que les había llevado a cosechar sus mejores resultados y sus mayores éxitos y que habían dejado un poco de lado con su anterior álbum.

Este disco llevaría el título de “Clima Raro”, denominación que no es más que el resumen claro y conciso de la situación que estaba viviendo el grupo. Las relaciones entre sus componentes no atravesaban su mejor momento, aunque en lo estrictamente musical no se apreciara en absoluto.

Lo que está claro es que con este disco retomarían la senda de la música con tintes latinos y tropicales que les había llevado a convertirse en una de las principales bandas del pop español, aunque no se trataba de una decisión unánime. Texidó seguía siendo la voz discordante dentro del grupo y quería una evolución hacia otro tipo de música más personal y profunda, algo que ocasionaría fuertes enfrentamientos en el seno del grupo.

Finalmente daría su brazo a torcer y las melodías que integrarían el álbum llevarían la jovialidad y el desparpajo de sus dos discos de mayor éxito. Volverían a lograr colocar algún sencillo entre los primeros puestos de las listas de éxitos como sucedería con “El Orden del Mundo”, el retorno a los toques reggae en su música.

El disco cosecharía unas ventas considerables aunque un tanto por debajo de lo logrado con sus anteriores trabajos. Parecía que la fórmula empezaba a agotarse y la entrada en los 90 estaba empezando a pasarles factura, algo que seguía armando de razones a Texidó que reclamaba una evolución inmediata en su forma de hacer música.

Fuera como fuese, de lo que no cabía duda es que habían recuperado terreno con la publicación de sus sencillos. Los extraídos de “Bazar” no tuvieron el éxito de anteriores ocasiones, pero con los que fueron apareciendo de “Clima Raro” caminaría con paso más firme.

En este sentido, la canción más representativa y exitosa sería posiblemente “Salsa Rosa”, un tema ideal para bailar.

Prácticamente la totalidad de las canciones llevan ese ritmo marca de la casa de sus mejores momentos, aunque lo cierto es que ninguna de ellas tendría el tirón tan extraordinario de temas como “Sabor de Amor”, “Reina del Caribe” o “Catalina”.

No es que fueran malas canciones, pero su nivel eran ligeramente inferior, a pesar de lo cual alguna de ellas como “La Estanquera del Puerto” adquiriría bastante popularidad y se convertiría en una de las preferidas del públicos en sus actuaciones en vivo.

Como hemos podido comprobar a lo largo de los dos artículos que estamos dedicando a la carrera de Danza Invisible, las baladas han tenido habitualmente una trascendencia algo menor aunque siempre ha habido excepciones.

Una de esas contadas excepciones la podemos encontrar en este disco. Se trata de “Amor de Madre”, una tierna composición de la que creo no hay que dar más explicaciones ya que su título lo dice todo.

De cualquier modo, la brecha en el grupo estaba abierta y no iba a cerrarse. Las diferencias eran insalvables y traerían consigo algo que hacía tiempo se veía venir, la salida de Texidó que decidiría dar un paso adelante iniciando un nuevo proyecto en solitario que no tendría el éxito que él esperaba.

La marcha del auténtico responsable de la creación de la banda no iba a pasarles factura lo más mínimo. De hecho su popularidad continuaría creciendo hasta el punto de que el Ayuntamiento de Torremolinos pondría su nombre a una calle del municipio. El liderazgo de Ojeda y la profesionalidad y del resto del grupo eran suficientes para seguir navegando y codeándose con el éxito.

A título de cerrar capítulo, en el año 1994 publicarían su segundo disco grabado en directo en el que se incluirían sus éxitos más recientes extraídos de sus últimos trabajos y algún tema inédito. Su título: “Al Compás de la Banda”.

De entre los temas nuevos incluidos en este disco hay que destacar uno sobre los demás. Se trata de ¿Quién Ha Perdido el Compás?, una divertida y desenfadada canción que iba a adquirir cierta popularidad y convertirse en la que solía abrir cada uno de sus conciertos, convirtiéndose en una de las preferidas del público.

Desde este momento el grupo se asentaría como cuarteto, ya que decidirían no integrar a nadie en sustitución de Texidó. Está claro que sin su figura no se puede entender la historia de Danza Invisible, pero su marcha no mermaría lo más mínimo el devenir del grupo que ese año batiría todos sus records a la hora de ofrecer actuaciones en directo.

Había pues bastante expectación por conocer el recorrido que iban a emprender con la nueva composición, en que estilo iban a moverse y si el éxito iba a ser el mismo. La respuesta llegaría en el año 1996 con la aparición en el mercado de “Por Ahora”.

Está claro que la influencia de la marcha de Texidó no sería la culpable, pero con este disco experimentarían un importante retroceso en su carrera. Daba la impresión de que se habían quedado a medio camino y que habían publicado un disco de transición, en cuyo caso el título no pudo estar mejor elegido.

Podría decirse que es el trabajo que menos suena a Danza Invisible. Sigue teniendo canciones con tintes latinos, pero éstos están menos marcados y en ocasiones son casi imperceptibles. Sigue habiendo canciones más intensas, pero lejos de las que marcaron sus primeros tiempos. Unos lo interpretaron como una primera toma de contacto, otros como una pérdida de inspiración.

Para darnos cuenta de que estamos ante un disco algo flojo no hay más que escuchar la canción más representativa del mismo. Se trata de “A Sudar” y si bien es cierto que en los conciertos daba su juego no está ni de lejos entre sus mejores creaciones.

No es de extrañar pues que el éxito del disco no fuera el de otras ocasiones. Sinceramente creo que es un trabajo prescindible y que no venía más que dar la razón a los que pensaban que la salida de Texidó no era más que el anticipo del final de su recorrido, aunque pronto se darían cuenta de que en realidad no era así.

Lo que estaba claro es que las canciones que seguían manteniendo un sonido latino y tropical seguían siendo en las que más cómodos se les notaba. En este sentido, “Negros (de Cualquier Color)” podría considerarse como la más cercana a su estilo preferido.

El cierto toque más pop que en general tiene el disco daría lugar a que muchos interpretaran que éste iba a ser el camino a seguir a partir de ahora. En este sentido hay una canción que encaja a la perfección en dicho enfoque y que es de las pocas composiciones que pueden tenerse en consideración.

Se trata de “Lo Que Queda del Amor”, un tema pop por los cuatro costados y que llama la atención porque curiosamente es el que cierra el disco. ¿Estrategia o casualidad?

Dos años después, en 1998, llegaría la publicación de su siguiente disco. Tras el retroceso sufrido en cuanto a ventas y reconocimiento de “Por Ahora” tenían muy claro que se jugaban mucho con este nuevo trabajo. Afortunadamente para ellos, supieron reaccionar y con “En Equilibrio” lograría recuperar el terreno perdido.

En esta ocasión no arriesgarían lo más mínimo, apostando sobre seguro. Una canción potente que tirara del disco y se convirtiera en otra de sus clásicos, ritmos latinos aderezados con buen pop y varias versiones de otros artistas, algo que había sido sinónimo de éxito hasta el momento, fórmula que iba a repetir resultados.

La canción más representativa del disco sería “Por Ahí Se Va” y con ella lograrían un sonado éxito que les llevaría a recuperar ese hábito tan sano de que al menos uno de sus sencillos sonara en todas las emisoras de radio y lograra una gran popularidad. Gracias a ello, el álbum cosecharía muy buenas ventas compensando los pobres resultados del anterior.

Cierto es que los tiempos que corrían eran muy distintos a su época de mayor apogeo y ya eran muy pocos los artistas que publicaban como sencillos prácticamente la mitad de los temas incluidos en un larga duración y todos ellos lograban unos excelentes resultados, la maquinaria comercial musical ya no funcionaba así, pero gracias al tirón de esta canción su popularidad volvería a subir a los límites acostumbrados.

Además, en esta ocasión recurrirían de manera repetida a las versiones de otros artistas, con la inclusión de varios temas no propios que ellos interpretarían dándole su toque personal. De todas ellas yo me quedaría con una muy especial.

Es una auténtica genialidad. Una canción que ya de por sí en su versión original es mágica y maravillosa a la que los malagueños le darían un aire totalmente distinto dejándonos una melodía única y en mi modesta opinión, una de las mejores interpretaciones que Ojeda y sus compañeros de viaje hayan realizado.

Estoy hablando de “Por Tu Ausencia”, la gran canción del no menos grande Manzanita que los chicos de Danza Invisible versionarían a ritmo de batucada dejándonos uno de los momentos más espectaculares de la historia del pop español.

Después de recuperar su estatus con este disco y romper definitivamente con la figura de Texidó que parecía que había dejado un vacío más grande de lo que en un principio pudo esperarse, llegaría el momento de sacar al mercado un recopilatorio con todos los éxitos logrados hasta la fecha a lo largo de su carrera, que eran unos cuantos.

De esta forma, en el año 2000, para celebrar la llegada del nuevo siglo, publicarían “Grandes Éxitos”, un recopilatorio compuesto por dos discos en el que se incluían dos nuevas canciones.

Las ventas de este recopilatorio serían espectaculares, ya que en él se recogían por primera vez todos sus éxitos, desde sus inicios hasta los más recientes, pasando por sus grandes canciones de sus mejores momentos. Un auténtico lujo.

También se incluirían un par de temas inéditos, siendo el que más recorrido tendría el titulado “Un Trabajo Muy Duro”, una melodía con las habituales señas de identidad del siempre.

Muy poco tiempo después, en el año 2001, llegaría su siguiente disco. Volvían a tenerlo todo de cara. Habían superado la marcha de Texidó, habían vuelto a obtener unas grandes ventas tanto con su último trabajo de estudio como con el recopilatorio y su última gira había sido todo un éxito. Todo apuntaba pues a seguir por la senda que siempre habían recorrido y continuar triunfando.

El disco llevaría el título de “Efectos Personales” y se trata del disco más intimista y personal de toda su carrera … y también el más flojo que jamás hayan publicado. Podría decirse que en esta ocasión a la hora de innovar se les fue la mano.

En esta ocasión abandonarían totalmente sus ritmos latinos y salseros para confeccionar un disco repleto de canciones más eléctricas, con una más amplia parte instrumental para lucimiento de todos y con un Ojeda regalando al máximo su voz. Supongo que para ellos sería un disco muy especial, pero para el público y para los críticos sería considerado como el peor trabajo de toda su carrera.

Los medios tiempos son los que predominan en este trabajo en el que es difícil encontrar una canción que destaque sobre las demás y que enganchase de algún modo al público. Si acaso “¿Cuánto Cuánto?” sea la más digerible, pero sin más. En resumen, un disco prescindible y que dejaría muchas dudas en el ambiente.

Una cosa había quedado clara, en el momento en que se apartaban de sus ritmos habituales e intentaban hacer música más profunda, más sería y más madura, su éxito caía en picado. No cabía dudas sobre qué era lo que su público esperaba de ellos y en cuanto su sonido se apartaba de esos deseos los resultados de sus discos eran bastante discretos.

Con todos estos condicionantes estaba muy claro que su siguiente disco iba a retomar su sonido más característico e intentar recuperar una vez más el terreno perdido. Con “Pura Danza”, publicado en el año 2003, su objetivo era parar ese continuo subir y bajar en que se había convertido su carrera desde hacía ya algún tiempo.

Como siempre ha sucedido en su carrera, el título del disco no está escogido al azar, sino que evoca el momento que atravesaban en el instante de grabarlo. Tras el fracasado experimento de “Efectos Personales” retornaban a su sonido habitual, mostrando su pureza en todo su esplendor.

Desde el primer compás de la canción que abre el disco, “Dame Más”, puede apreciarse que su regreso a la música desenfadada, bailable y latinizada es un hecho.

Una vez más el disco está concebido más como un conjunto en sí que como una colección de canciones de las que extraer sencillos exitosos. Si bien es cierto que las críticas hacia él sería en líneas generales bastante buenas, en cuanto a ventas no experimentaría demasiados cambios con respecto a la tendencia a la baja que venía mostrando en las últimas fechas. Quien más y quien menos ya hacía apuestas sobre cuando arrojarían la toalla definitivamente.

El disco se deja escuchar de una manera amena pero no contiene ninguna canción de esas que se tarareen habitualmente y que se recuerden con frecuencia. Si acaso “Nadie Como Tú”, puede acercarse discretamente a esas características.

Todo indicaba que podíamos estar ante la disolución de la banda. Últimamente no estaban cosechando el éxito de sus mejores tiempos y habían ido dando algunos bandazos a la hora de encontrar un estilo en el que se sintieran cómodos y con el que retomaran la popularidad de antaño.

Así pues, los años fueron transcurriendo uno tras otro sin tener noticias nuevas del grupo. Javier Ojeda comenzó a colaborar con otros artistas y de inmediato comenzó a hablarse de la inminente salida al mercado de un disco en solitario. Quien más y quien menos daba por hecho que Danza Invisible ya eran historia.

La realidad era muy distinta. Ellos en ningún momento había dejado de seguir actuando en directo, sobre todo en verano, y simplemente habían dejado de componer nuevas canciones. Eran conscientes de que el sonido que les encumbró ya no estaba de actualidad y tampoco se sentían cómodos a la hora de intentar adaptarse a las nuevas tendencias musicales, habida cuenta de sus últimas experiencias.

La sorpresa saltaría en el año 2010, casi siete años después de la aparición de su anterior trabajo, con la publicación de un nuevo disco muy especial que llevaría el título de “Tía Lucía”.

Ya hemos visto como una de las características más marcadas de su trayectoria es lo bien que se manejaban a la hora de versionar a otros artistas. Pues eso es lo que iba a contener en exclusiva este disco, versiones de las canciones que de alguna manera les habían marcado en su juventud. Esa música que escuchaban en un bar de copas que solían frecuentar en Torremolinos y que llevaba precisamente ese nombre: Tía Lucía.

El resultado es espectacular. Con ritmos latinos y reggae como sólo ellos saben hacer le darían un aire nuevo a grandes canciones, demostrando una vez más su valía en esta faceta versionadora. No hay que esperar mucho para disfrutar, ya que la canción que abre el disco ya es muy grande.

Se trata de “I Don’t Wanna Dance”, el clásico de Eddy Grant que ellos titularían “No Quiero Bailar” y suena así de bien.

El disco no tiene desperdicio y se mueve con canciones que triunfaron en la década de los 80 cuando ellos eran muy jóvenes, moviéndose en estilos muy distintos, logrando en cualquiera de ellos unas versiones que están, cuanto menos, a la altura de los originales.

Los que seáis de mi quinta seguro que recordaréis a un cantautor argentino que tuvo bastante éxito por aquellos años, Roque Narvaja. Su canción más conocida y de mayor éxito fue “Menta y Limón” y también cuenta con SU correspondiente  y destacada versión.

Pero donde rizan el rizo es con la versión de un clásico de la música disco, así como suena. Se trata de “Ring My Bell”, un tema llenapistas de Anita Ward al que ellos le darían el título de “Llamaré a tu Puerta”. Una genialidad más.

Dos años después, en 2012, se cumplirían 30 años desde su fundación y para celebrarlo publicarían un disco conmemorativo en el que se recogen versiones y remezclas de algunos de sus temas como “El Brillo de Una Canción” o “La Estanquera del Puerto”, entre otras.

El disco llevaría el título de “Treinta Tacos” y lo cierto es que pasaría bastante desapercibido, tratándose más que otra cosa de una especie de artículo para coleccionistas y fans muy pero que muy incondicionales.

Después de estos dos discos la pregunta está en el aire ¿Continúan o no Danza Invisible en activo? Si el grado de actividad se mide en base a nuevas composiciones la respuesta es un poco complicada ya que son más de diez años sin publicar un disco con material nuevo. Pero lo cierto es que a base de recopilatorios, remezclas, versiones y similares siguen juntos y no faltan a su cita anual con los bolos veraniegos.

La última noticia a nivel de publicación data del año 2013 con la salida al mercado de otro recopilatorio compuesto por dos CDs y un DVD que recoge toda su carrera, un auténtico regalo para coleccionistas, titulado “Danza Total”.

En esta oportunidad únicamente se incluye un tema inédito, en el que cuentan con la colaboración de Las Hijas del Sol, cuyo título es “Frío en mi Corazon”, siendo este el último tema de Danza Invisible hasta el momento, porque aunque han pasado ya cuatro años desde entonces, se supone que siguen juntos y que en cualquier momento pueden darnos la sorpresa … o no, quién sabe. Por cierto, esta canción tiene unos toques flamencos, algo que nunca habían introducido antes en sus canciones a pesar de ser malagueños. Curiosidades de la música.

Así pues no sabemos si habrá más o no y de haberlo en que momento llegará, pero lo que está claro es que encontrar un grupo con tanta calidad, y con un cantante tan bueno y versátil como es Javier Ojeda no es demasiado habitual. No es de extrañar pues que toda esta mezcla nos haya dejado algunas de las canciones más destacadas de la historia del pop de nuestro país.

Hasta aquí hemos llegado. Como os cometnaba al principio, “La Graminola” se marca unos días para disfrutar unas merecidas vacaciones hasta finales de agosto. Espero que estéis todos ahí a la vuelta, pasaré lista. Eso sí, ya sabéis que la mejor manera de disfrutar de unas vacaciones es escuchando música.

Hasta la próxima, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ

DANZA INVISIBLE – CAPÍTULO 1 (PASO A PASO HACIA LA CIMA)


Hola Graminoleños.

Vienen al artículo de hoy de “La Graminola” una banda española que he de reconoceros que es una de mis favoritas. Un grupo que nos llega desde tierras malagueñas y que ha demostrado durante toda su carrera una grandísima creatividad. Me estoy refiriendo a “Danza Invisible”.

Corría el año 1981 cuando Ricardo Texidó, que tocaba la batería en un grupo llamado Cámara, contactaría con Chris Navas y Manolo Rubio, miembros por aquel entonces de Adrenalina para formar un nuevo grupo. De manera inmediata se incorporaría el guitarrista Antonio Gil creando el que iba a convertirse con el paso del tiempo en el grupo más importante nacido en tierras malagueñas. Eso sí, hay que decir que la incorporación estrella tardaría todavía un poco en llegar.

El grupo se mostraría influenciado en un primer momento por el pop-rock británico. Ellos eran de Torremolinos y la población británica que habitaba por allí era considerable, por lo que la mayoría de bares y pubs estaban dirigidos a esa clientela y ponían la música que triunfaba por aquel entonces en el Reino Unido.

Como tantos y tantos grupos que intentaban abrirse camino en el mundo de la música, mandarían una maqueta a una emisora de radio local que organizaba un concurso entre bandas nuevas cuyo premio era grabar un EP compartido con otros tres grupos. Ellos fueron uno de los elegidos y de esta manera convertirían “Tinieblas en Negro” en el primer sencillo de la historia de Danza Invisible.

Su sonido en esta primera época estuvo muy influenciado por grupos como los mismísimos Simple Minds y llamaría poderosamente la atención del público, pero les faltaba algo. En estos primeros momentos Texidó llevaba la parte vocal además de tocar la batería, por lo que sopesaron la posibilidad de incorporar un nuevo miembro al grupo que se convirtiera en el vocalista absoluto.

De esta manera, en el año 1982 pasaría a formar parte de la banda Javier Ojeda quien con el paso del tiempo iba a convertirse en su auténtico líder y en uno de los personajes más importantes del pop español. Podría decirse que con su llegada se iniciaría el verdadero camino de Danza Invisible en el panorama musical de nuestro país.

Ya con Ojeda en el grupo sacarían al mercado un nuevo EP con cuatro canciones titulado “Sueños” entre las que destaca sobre todas ellas “Sueños de Intimidad”, convirtiéndose en el segundo paso hacia el camino a la fama, con el sonido que iba a marcar sus primeros tiempos.

La lucha por intentar abrirse camino les llevaría a participar en un por aquel entonces conocido festival que se celebraba en Jerez de la Frontera del que resultarían vencedores. El jurado quedaría impresionado por su destreza y profesionalidad a la hora de tocar su música, algo de lo que carecían la mayoría de los grupos que se estaban formando por aquella época a los brazos de la famosa “Movida Madrileña”, los cuales tocar lo que se dice saber tocar … bastante poco, la verdad.

El premio consistía en la grabación de un nuevo EP con tres canciones, entre las que destacaría “Mis Ojos Hacia Ti”, canción que puede decirse que sería la que les abriría de par en par las puertas a grabar su primer álbum, algo que no tardaría en producirse.

A partir de ese momento su popularidad subiría como la espuma y de manera inmediata darían el salto a Madrid. Las emisoras de radio empiezarían a hacerse eco de su música y cuando tocaron en la mítica sala de Rockola cosecharon un tremendo éxito mostrando un sonido único y espectacular que provocaría los elogios generalizados de la crítica especializada.

Estaba claro que había llegado el momento de publicar su primer larga duración, por lo que en el año 1983 aparecería en el mercado “Contacto Interior”, su álbum de debut. Un disco producido por Julián Ruiz y en el que se depositaron unas grandes expectativas.

Lo tenían todo a favor para triunfar. Eran buenos músicos, hacían buenas canciones, el público los aclamaba, la crítica los elogiaba. Todo apuntaba a que los resultados de su primer trabajo iban a ser formidables y sin embargo llegaría la decepción. Sus ventas no se acercarían ni de lejos a lo esperado.

De alguna manera el sonido del disco dulcificaba un tanto el que mostraban en público en sus conciertos. Al menos a eso achacaron ellos las escasas ventas, pero lo cierto es que el pensamiento generalizado es que habían llegado un poco “creciditos” a este momento y se habían relajado y confiado un poco. Como veremos más adelante, la cura de humildad no les vendría nada mal.

Pese a todo, entre las canciones del disco figura una que puede considerarse emblemática. Se trata de uno de sus grandes clásicos y un tema rotundo, de calidad y espectacular. Me estoy refiriendo a “Al Amanecer”.

Lo cierto es que ellos mismos no encajarían demasiado bien los pobres resultados cosechados y comenzaron a ganarse una fama de polémicos y distantes, aunque en realidad se trataba de una simple pose con la que querían demostrar que eran más duros de los que reflejaba su primer disco.

Resultados comerciales al margen, a mí me parece un buen disco y con el paso de los años obtendría el reconocimiento que en su momento no tuvo. Además contiene una de las canciones que más me gustan y que creo que es una de sus mejores composiciones de siempre, esta mágica “Tiempo de Amor”.

A pesar de todo su caché no se vería alterado. Su directo seguía funcionando muy bien y llegarían a ser teloneros de Spandau Ballet en los conciertos que ofrecieron en España. Por si fuera poco, el cine español se fijaría en ellos para que una de sus canciones formase parte de una película muy especial.

Se trata de “Sal Gorda”, una película ambientada en el mundillo musical dirigida por  Fernando Trueba y protagonizada por Óscar Ladoire y en la que aparece como parte de su banda sonora “Sin Decir Adiós”, una canción compuesta especialmente para la ocasión.

De los errores se aprende y ellos lo hicieron. La precipitación no había sido buena compañía con la publicación de su primer disco por lo que se tomarían con calma la grabación del siguiente. Ya sé que suena a tópico pero estaba claro que se la jugaban. Eran una gran promesa pero si no confirmaban su calidad de inmediato se iban a convertir en otro grupo más triturado por el mundo de la música.

Así pues, en el año 1985 aparecería en el mercado “Maratón”, un disco que se acercaba más a lo que ellos realmente querían ser y que sin obtener unos resultados especialmente relevantes sí que contenía un par de canciones que llamarían la atención del público y adquiriría la condición de clásicos de su carrera.

En esta ocasión mostrarían un sonido más contundente, cercano al que ofrecían en directo y con el que conquistaron al público y a la crítica cuando eran todavía unos perfectos desconocidos. La cura de humildad a la que se habían visto sometidos tras los pobres resultados de su álbum de debut parecía recoger sus primeros frutos.

Cierto es que con este segundo trabajo tampoco se convertirían en un fenómeno de masas, eso vendría después, pero sí que recuperarían el interés del público por su música, gracias en gran medida a la canción “El Ángel Caído”, un tema que se iba a convertir en una especie de himno para sus fans. Me vuelve loco esta canción, la primera en la que Ojeda empezó a dar muestras de lo que era capaz de hacer con su voz.

Pese a la mejoría, el entusiasmo de su discográfica por ellos había decrecido notablemente y la promoción del disco no sería demasiado buena, lo que a corto plazo iba a originar el inevitable cambio de sello. Por si fuera poco, las diferencias entre los miembros del grupo iban a empezar a aparecer, producto en gran medida del nerviosismo por no terminar de arrancar del todo.

Lo cierto es que Texidó cada vez parecía más apartado del resto de sus compañeros. Las letras que proponía no eran del gusto de éstos y el creciente liderazgo de Ojeda empezaba a ser mal encajado por el batería y fundador del grupo, por lo que empezaría a involucrarse en trabajos paralelos. La crisis, la profunda crisis parecía abierta.

Donde no existía crisis alguna era sobre el escenario. Sus actuaciones en vivo seguían teniendo la contundencia de siempre y podría decirse que era lo que les mantenía vivos aún. En este sentido hay que destacar otra de las canciones del disco que se iba a convertir en un clásico en sus conciertos y una de esas canciones que se esperan casi con ansiedad por parte del público en cada actuación.

Se trata de “El Club del Alcohol”, una canción que por su ritmo, por su letra y por la conexión que Ojeda conseguía con el público en los conciertos iba a convertirse en imprescindible en cada actuación.

Podría decirse que ahora sí se había sembrado la primera semilla, pero todavía quedaba mucho camino por delante para asentar el proyecto. Conscientes de ello no escatimarían ningún esfuerzo ni ningún medio a su alcance para que el siguiente disco fuera el de su definitivo asentamiento, por lo que se marcharon hasta el Reino Unido para grabar su nuevo trabajo.

Éste sería publicado en el año 1986 bajo el título de “Música de Contrabando” y está considerado como uno de los mejores discos de su carrera. No sé si será el mejor, pero lo que queda claro es que sería el que marcaría su futuro y demostraría por fin que eran un grupo a tener en cuenta en el futuro como muchos habían sospechado desde el principio.

Para la ocasión se rodearían de los mejores profesionales posibles, por lo que el sonido, la producción y los arreglos que muestran en esta ocasión muestran una música plena de profesionalidad y calidad. Si a eso le sumamos la voz de Ojeda, que brilla con luz propia como no lo había hecho antes, la combinación deja un producto excepcional.

A estas alturas de la película ya nadie dudaba de que el líder de la banda era Ojeda. Su manera de comportarse en los conciertos lograba meterse en el bolsillo al público en cada actuación. Su manera de cantar no estaba al alcance de muchos y combinaba a la perfección con la forma de tocar de sus compañeros. No cabía duda, habían encontrado la fórmula y se encontraba en un estado de forma buenísimo.

Por todo esto no es de extrañar que algunas de las canciones que conforman el disco tengan un aire mágico, como sucede con “Agua Sin Sueño”, sin duda alguna una de las más destacadas composiciones que hayan creado en toda su carrera.

Las letras de sus canciones estaban cada vez más cuidadas gracias a que Ojeda le había ganado definitivamente el pulso a Texidó en esta faceta. Los adornos musicales y los acompañamientos corales también se cuidarían mucho en la grabación, contando con una colaboradora de lujo aunque en aquel momento todavía era una perfecta desconocida para el público español.

Y es que en esta ocasión la mayoría de las canciones contarían con una voz femenina haciendo los coros, siendo la elegida para estos menesteres una jovencísima mujer que por aquel entonces formaba parte del grupo Blue Zone, que contaba con cierta popularidad en el Reino Unido, y que años después iniciaría una carrera en solitario repleta de éxito, gracias a su suave voz. Su nombre: Lisa Stanfield.

Una de las canciones en las que este acompañamiento de lujo mejor se puede apreciar es “Sin Aliento”, un tema considerado como uno de los más destacados de su carrera y que a mí personalmente me encanta.

No falta en este disco alguna canción contundente, de esas de sonido más pesado y firme, algo que fue en su momento la auténtica seña de identidad de Danza Invisible. Quedaba demostrado que eran capaces de moverse en distintos registros y en todos ellos poner de manifiesto su calidad.

La más representativa de estas canciones más potentes es sin duda alguna “Espuelas”, otra de mis preferidas y otra de esas composiciones con la que en directo tenían ganado totalmente al público.

No quiero cerrar el apartado dedicado a este gran disco sin hacer mención a otra de las canciones que tiene un halo mágico y en el que nuevamente la figura y la voz de Ojeda demuestran de que pasta está hecho.

Se trata de “No Habrá Fiestas para Mañana”, una canción que en su momento pasaría algo desapercibida pero que con el paso del tiempo se ha convertido en indispensable. Una vez más el vocalista demostraba que era capaz de sacar de su garganta tanto tonos auténticamente desgarradores como sonidos más agudos o en falsete. Grande, Ojeda.

Después de tantas emociones, de empezar con cierto desencanto para lograr por fin el éxito llegaba el momento de recapitular y hacer un pequeño balance. Así que era el momento de publicar un recopilatorio, aunque éste iba a ser muy especial.

A todo el mundo se le llenaba la boca de decir que el directo de Danza Invisible era de lo mejor que podía presentar el panorama musical español, algo que además era totalmente cierto. Así que no dudaron en que ese recopilatorio tenía que recoger uno de sus conciertos ofrecidos en Madrid. De esta manera, en el año 1986 saldría al mercado “Directo”, un grandísimo álbum doble con el grupo en estado puro.

El disco incluye todas sus canciones más destacadas hasta ese momento interpretadas con la intensidad y energía que ellos sabían darle, con un Ojeda más involucrado que nunca y en una comunión absoluta con el público. Un gran álbum.

No faltarían tampoco un par de canciones nuevas. La que a mí personalmente más me gusta es “El Fin del Verano”, una canción melódica y pausada por momentos e intensa y rítmica en otros. Otra gran composición.

Siempre he dicho que cuando una banda publica un recopilatorio con sus grandes éxitos de estudio es porque hay cierta crisis de creatividad o o algo no acaba de funcionar como debiera y que cuando lo que sale al mercado es un disco grabado en vivo es porque se encuentran en un grandísimo momento. Evidentemente esta afirmación se cumple a rajatabla en esta oportunidad.

Además este tipo de discos suele marcar un punto de inflexión o cuanto menos cierta evolución musical en los grupos que lo publican. También esta aseveración se iba a cumplir en este caso concreto, ya que su música daría un pequeño giro hacia el sonido que les iba a hacer triunfar a lo grande.

En este sentido, el otro tema nuevo incluido en el disco marca de alguna manera la música que iba a venir a partir de este momento. Su título: “Hay un Lugar”.

A partir de este instante todo sería crecer y crecer, vender y vender, triunfar y triunfar. Eso sí, todo ello con un espectacular giro en su estilo que iba a provocar que algunos de sus más fieles seguidores se sintieran decepcionados pero a cambio otros muchos más quedarían cautivados por su nueva y definitiva etapa.

Lo cierto es que esta evolución iba a llevarles a la cima del éxito, convirtiéndoles en una de las principales bandas de nuestro país y recibiendo el reconocimiento generalizado de la crítica especializada. Habían dado con la tecla y si ya eran populares, a partir de este momento entraría en la élite.

De esta manera, en el año 1988 aparecería en el mercado su álbum más innovador y que iba a mostrar cual iba a ser el camino a seguir a partir de ese momento. Su título sería “A Tu Alcance” y en él se incluyen algunas de las canciones más emblemáticas de su carrera. Sin duda alguna nos encontramos ante el mejor disco de toda su carrera.

La aceptación de este disco sería total, logrando con él batir con creces su récord de ventas y convirtiéndose en uno de los trabajos más destacados del pop español de ese año. Su incursión en ritmos latinos y en el pop más sencillo posible iba a convertirles en una de las bandas de referencia de la música de nuestro país.

Desde la aparición del primer sencillo podría apreciarse el giro que habían dado los acontecimientos. “Reina del Caribe”, además de convertirse en uno de sus clásicos, iba a marcar la línea a seguir a partir de ese instante. Se trata de una canción con la presencia de una importante sección de metal y un sonido con toques de reggae que cautivaría de inmediato al público.

Como suele decirse, lo mejor estaba por venir, porque otra de las canciones más destacadas de este disco, la más destacada con diferencia, iba a incidir aún más en la latinización de su sonido e iba a convertirse en la canción más representativa, conocida, elogiada y exitosa de toda su carrera.

Supongo que todos os imaginaréis ya que me estoy refiriendo a “Sabor de Amor”, una grandísima canción, con un ritmo maravilloso y una preciosidad de letra que les lanzaría totalmente hacia el estrellato. ¿Quién no ha cantado en alguna ocasión eso de “labios de fresa, sabor de amor. Pulpa de la fruta de la pasión …”? Hablar de “Sabor de Amor” es hablar de pop español de altura y hablar de Danza Invisible.

Estaba claro que se encontraban en su momento más grande. Las críticas eran muy buenas, el público llenaba sus conciertos y sus discos se vendían como nunca. Esa estabilidad plena daría lugar a que Texidó iniciara un proyecto paralelo con la publicación de su primer trabajo en solitario de título homónimo. Ya sabemos que sus celos profesionales hacia Ojeda eran evidentes y de esta manera quería sacarse la espina. ¿El principio de una despedida? Tendréis que seguir leyendo para comprobarlo.

A pesar de que la mayoría de las canciones tienen ese toque latino y de pop sencillo y comercial que marcaría su carrera a partir de entonces, hay excepciones que recuerdan a su música de siempre, a la que les había hecho crecer y llegar hasta donde estaban.

La canción más característica en este aspecto sería una mágica versión que harían del clásico de ese grande de blues que es Van Morrison titulado “Bright Side of the Road” que ellos titularían “A Este Lado de la Carretera”. La versión es espectacular.

A lo largo de su carrera no han sido muchos los momentos en los que la música más calmada ha cobrado protagonismo, siendo sus mayores éxitos los más intensos, movidos y bailables. Pues bien, dentro de  “A Tu Alcance” se incluye una balada que lograría cierto éxito.

Se trata de una composición que habla de la música y que para ello se vale de unos tonos medios y menos intensos, aunque no por ello deja de conseguir atrapar a quien la escucha. Su título: “El Brillo de una Canción”.

De lo que no cabía ninguna duda es de que habían saltado de categoría dentro del panorama musical español. Sus ventas estaban en ese momento a la altura de muy pocos, no habían perdido ni un ápice de su vistosidad, intensidad y espectacularidad en sus conciertos y sus canciones sonaban una y otra vez en las emisoras de radio. Estaban en la cima y había que mantener el nivel con su siguiente disco.

Pero esta es otra historia que abordaré en el próximo artículo de “La Graminola”. Si hasta ahora los malagueños nos han mostrado buena cara y muy buena música, agarraos que vienen curvas porque lo bueno tendrá continuidad.

Nos leemos y escuchamos en unos días. Hasta entonces, Graminoleños.

JUAN JOSÉ GOMARIZ.